EE. UU. frente a la UE: ¿puede ser la democracia más directa?

Artículo publicado el 26 de Octubre de 2012
Artículo publicado el 26 de Octubre de 2012
Economía, presupuestos, bancos y préstamos. La base de todo ello ha de ser una sola: la democracia en Europa. Pero, ¿cómo conseguir que esta realmente funcione? He aquí otra observación transatlántica acerca de la crisis.

En realidad, la Unión Europea se dedica desde hace tiempo a abordar complicadas ordenanzas económicas. El rumbo principal a seguir fue marcado por políticos elegidos y a la Comisión Europea se le encargó la elaboración de los detalles técnicos. Ahora, este sistema entra en conflicto con sus propias barreras. La Unión Europea debería gozar de una mayor influencia en relación a los puntos clave de la soberanía de un país, realizar reformas que afectan el derecho presupuestario, imponer el derecho a aumentar los impuestos, estructurar el sistema social o incluso controlar el sistema financiero de un país determinado. Es por ello por lo que una legitimación democrática fuerte de todas las instituciones de la UE es cada vez más importante.

También en Estados Unidos, y durante bastante tiempo, ha existido un estado central relativamente débil, centrado solamente en algunas de las competencias centrales del país. Incluso después de las reformas sociales del presidente Roosevelt y de la instauración del estado de bienestar, los diferentes estados aún gozaban de una gran libertad, la cual siguen ejerciendo hasta hoy día de manera activa.

El gran problema de Europa es, sobre todo, que la mayoría de los ciudadanos europeos sienten que no pueden incidir en la política de la Unión Europea. El Parlamento Europeo ha parecido ser hasta el momento un ente aburrido y sin mucho poder. Por ello, en las próximas elecciones europeas de 2014, los diferentes partidos desean dar a conocer por primera vez a los principales cabezas de lista a nivel transeuropeo que, según el deseo del Parlamento, también se postularían como candidatos a la presidencia de la Comisión. En el caso de que esto resulte exitoso, sí podríamos estar hablando de todo un avance para la democracia europea.

Tres de los pilares de la Unión Europea.

Al mismo tiempo, cada vez conquistan más terreno las elecciones —cargadas de tintes de índole nacional— celebradas en los distintos Estados miembros, siendo pocos los votantes que reparan en el hecho de que en realidad son esos mismos ministros y jefes de Estado los principales responsables de la política de la Unión Europea en su conjunto. En la actualidad se reflexiona sobre importantes pasos hacia la integración, si bien cada Estado ha de dar el visto bueno por individual. La diplomacia de la crisis permitió que todo esto floreciera de manera incontrolada en las distintas cumbres de los jefes de Estado y de Gobierno celebradas en los últimos años. Tanto que, en ocasiones y como observador, se tuvo la impresión de haber vuelto a la siempre culminante y danzante Europa del siglo XIX.

Una democracia más dinámica es lo que actualmente Europa puede aprender de EE. UU.

A la larga, y en el siglo XXI, una política tan difícilmente entendible solo puede funcionar de forma limitada. No sin razón son cada vez más audibles las voces que exigen una mayor transparencia, participación y una responsabilidad política más firme y clara. Y es por ello por lo que se hace cada vez más necesario una Unión democrática con un Parlamento, una Cámara de los Estados Generales, un Gobierno y un presidente elegidos de forma directa. Dichas instituciones podrían, tal y como Europa desea, actuar conforme a una legitimación mucho más clara y fuerte. Con una reforma así, quedaría claro qué actores —bien un Estado en particular, bien la Unión Europea— defienden qué política y los ciudadanos, por su parte, podrían debatir, poner en tela de juicio y participar de forma más efectiva. Y lo que es más: elegir o no a los distintos responsables de las políticas. No se trata solamente de un superestado europeo, sino de todo un marco democrático para una Unión ya existente.

Por su parte, EE. UU. gozó desde el principio de una democracia dinámica como base, la cual comienza en los diferentes distritos a nivel local y cuya vitalidad abarca desde los estados hasta las elecciones presidenciales y del Congreso estadounidense. Esta latente comunidad democrática es, al fin y al cabo, lo que ha permitido, más que cualquier otra cosa, que Estados Unidos haya superado con éxito todas las crisis de los últimos años. Y esto es precisamente lo que actualmente Europa puede aprender de EE. UU. No obstante, Europa ha de actuar de forma clara en cuanto a dos cuestiones: si en el camino estarán todos y, algo también importante, abrir dicho camino al pueblo de manera democrática.

Si los europeos deciden ir por este camino, tendrán éxito y quizá en 200 años los historiadores vean cómo imitamos a los estadounidenses en este sentido y, además, cómo ya en el presente somos testigos de la gestación de unos Estados Unidos de Europa.

Imágenes: portada, © Adrien le Coärer; texto: (cc) European Parliament/Flickr.