¿Efecto dominó en Bielorrusia? Bruselas reacciona

Artículo publicado el 17 de Diciembre de 2004
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Artículo publicado el 17 de Diciembre de 2004

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Tras Kiev, ¿Minsk? Los militantes bielorrusos lo creen. Pero esta vez, la Unión Europea no podrá despertarse en el último minuto. He aquí el porqué.

El efecto dominó es posible, y el presidente bielorruso Lukashenko así lo entiende. De la escisión de la URSS, Bielorrusia acabó en manos del tirano de Minsk quien ha mantenido todo el viejo sistema, incluso los métodos autoritarios. Mientras la oposición democrática Yushenko progresa en Ucrania, Lukashenko tiembla; empieza a temer que la próxima convocatoria electoral en el país pueda echar abajo al régimen y fuerce la suerte del compañero Kuchma, asediado desde hace días en su propia sede por miles de manifestantes.

Los chicos malos de Minsk

En el palacio presidencial de Minsk, se vigila la situación ucraniana minuto a minuto, y se apunta contra los movimientos pacíficos que han llenado la Plaza de la Independencia de Kiev, forzando al eje Putin-Yanukovich a dar marcha atrás. Lukashenko sabe que el destino de Bielorrusia siempre ha estado estrechamente ligado al de Ucrania y no quisiera hacer las maletas.

Los principales enemigos del régimen no son sólo los partidos de la oposición. La Administración presidencial bielorrusa, que ejerce un férreo control sobre el país y la economía, ha entendido que los jóvenes de la organización ZUBR trabajan seriamente y siguen los pasos ( y los conocimientos) del movimiento pacifista serbio OTPOR, desafiando cada vez más abiertamente al régimen.

Armas secretas: octavillas de bolsillo y enlaces

Sus armas “secretas” son aquellas ya experimentadas contra la Serbia de Milosevic, la Georgia de Shevarnadze y la Ucrania de Kuchma, ideada por los jóvenes de las organizaciones OTPOR, KMARA y PORA. La primera se llama VYBAR (elección), el diario-panfleto realizado para ser escondido entre los pliegues de las chaquetas incluso a temperaturas bajo cero. La segunda se llama Internet, y permite movilizar a través de un “clic” a los activistas más “adormecidos” desde los lugares más alejados de la profunda campiña bielorrusa hasta las grandes ciudades occidentales. Y además, una avalancha de acciones en la calle demostrando valentía y desobediencia. El pasado 6 de diciembre en la céntrica calle Nemiga de Minsk, un militante de ZUBR (arrestado tras haber cometido el hecho) desenvolvió 8 metros de libertad en las que anunciaba: “¡Hoy en Ucrania, mañana en Bielorrusia!”.

El tirano de Minsk responde: ¡Represión! ¡Represión!

Mientras tanto, en Bielorrusia, el gobierno ha decidido pasar a la línea dura. Pocas horas después del anuncio de los resultados en Kiev, Lukashenko designó un nuevo jefe de la administración presdencial: Viktar Shejman, conocido de la oposición bielorrusa por su sospechosa implicación en una serie de asesinatos políticos. Como prioridad absoluta: reconocer y truncar las tentativas occidentales de poner en crisis al régimen a través de “técnicas populistas”. De regreso de un encuentro con los colegas “revolucionarios” del régimen de Kiev, tres disidentes fueron enviados a prisión.

Sin embargo, en Minsk, Aleksander Atroshchankau, uno de los responsables del ZUBR, es instado a posicionarse junto a la Unión Europea respecto a la situación ucraniana y espera que cuando llegue el turno de Bielorrusia Solana no aparezca sólo para lo fácil.

Lukashenko, ha descartado personalmente la posibilidad en Bielorrusia de un “escenario tipo Ucrania” ya que las personas sabias saben como interpretar los errores de otros”. Esperamos que la Unión Europea y sus gobiernos sean más audaces que Lukashenko y no entren en juego en el último minuto del partido (como en Ucrania), para devolver la democracia a la práctica, congelada esta última en Bielorrusia. Es menester abatir el último tesela de dominio absoluto a dos pasos de los confines de la Europa de los veinticinco.