Egipto, Túnez, Libia: La revolución es irreversible

Artículo publicado el 19 de Abril de 2011
Artículo publicado el 19 de Abril de 2011
Se han transformado, han derribado las paredes del miedo, se han librado de las cadenas que les obligaban a guardar silencio y se han convertido en ciudadanos. Así se comportan y así exigen ser tratados. ¿Quiénes son los artífices de la primavera árabe? ¿Cuál es el secreto de su éxito? ¿Qué amenaza su victoria? Analizamos las claves de las revoluciones en el norte de África.

Limpian sus plazas, esas fortalezas desde las que han descabezado los regímenes. Recogen la basura, desmotan sus tiendas y, cansados pero felices, dejan las calles. El corazón de los tunecinos se siente ahora aliviado. También el de los egipcios. Sus ojos brillan con satisfacción y orgullo, aunque también esconden miedo. "Hemos hecho una gran hazaña, pero el objetivo final requiere paciencia y coraje", escribía un chico tunecino en Facebook nada más conocer que habían desterrado a Ben Alí con destino Arabia Saudí. "Luchamos hasta ayer, a partir de hoy reconstruimos el país", se podía leer en la camiseta de un joven egipcio en la plaza Midan Al Tahrir el día después de la caída de Mubarak.

Los retos tras la revolución

Para muchos observadores, el pueblo ha obtenido lo que buscaba: ha conseguido derrocar al dictador y el camino a la democracia será ahora un juego de niños. Pero, incluso si esto es lo que se espera, en realidad el escenario es mucho más complejo. La revolución se da por superada, pero no solo no ha acabado, sino que corre el riesgo de ser aplastada por las fuerzas contrarrevolucionarias. Estas aún siguen en juego y no pretenden rendirse y renunciar al poder de una vez por todas.

"Quien se haya manchado la conciencia con crímenes, ahora lo debe pagar"

Los jóvenes protagonistas de la revolución, esos que sabían que la fase más difícil llegaría tras la caída del dictador, no están dispuestos a rendirse. Precisamente por eso han decidido volver a las calles regularmente para controlar el periodo de transición y asegurarse de que quienes lo llevan a cabo se esfuerzan por cumplir con las demandas de los revolucionarios. Tanto en Túnez como en Egipto, los revolucionarios han exigido la disolución del cuerpo de policía secreta con el que el gobierno les había espiado tantos años y, sedientos de justicia, han saqueado los archivos del estado para tener a buen resguardo los documentos en los que están escritos los secretos más escabrosos del régimen depuesto. "Una época nueva no puede nacer sin los fantasmas del pasado. Quien se haya manchado la conciencia con crímenes, ahora lo debe pagar", escribía un egipcio en Facebook.

Los jóvenes egipcios siguen saliendo a la calle para defender la revolución

Nuevas voces para Egipto

Será a partir de ahora cuando se desarrollen los acontecimientos que marquen el destino de estos países, salidos de una fase colonial que ha durado demasiado tiempo. La transición será el momento crucial para construir el futuro de sus democracias. Egipto, por ejemplo, aun debe salir de esa fase por completo y para ello debe librarse del régimen militar, activo desde los años cincuenta, cuando se consguiguió derribar la monarquía y declarar el nacimiento de una república. Será importante la redacción de la nueva constitución, texto en el que deberán estar recogidos todos esos derechos de los que el pueblo se ha visto privado tantos años. Tendrán que marcar las reglas del tablero político, conseguir un punto de encuentro entre las fuerzas religiosas y las laicas, garantizar los derechos de cuantos han estado discriminados hasta ahora en el escena sociopolítica y encontrar sistemas para no marginarles nuevamente. Después de haber luchado unos junto a otros,  las mujeres, las minorías religiosas y el resto de los sectores ignorados hasta el momento en el discurso político no están dispuestos a seguir callados. Es su momento para reivindicar el reconocimiento de su papel en el espacio político.

Los sectores que permanecían marginados en la vida política, no están dispuestos a seguir calladosEl final está aún lejos y para conocer el aspecto de estos nuevos países habrá que esperar, dejar tiempo para que todas las formaciones políticas reprimidas que se reorganicen y compitan entre ellas. Pero, al menos potencialmente, el éxito se intuye. La escena política se reactiva, cada día se escuchan nombres de nuevos partidos y los jóvenes siguen siendo los guardianes de esa que llamamos su revolución. La defienden, organizan concentraciones en la calle para salvar los objetivos de la revuelta e instan a quienes tienen el poder a no perderse en palabras vacías. Les piden que alcancen los objetivos para los que llegaron al poder y dejen el campo libre a aquellos que el pueblo elija como sus representantes.

Camino sin retorno

El camino será largo y cuesta arriba, pero todo lo que han obtenido ya parece irreversible. Una situación de la que no se puede dar marcha atrás. Quienes tienen el poder ahora y quienes los sustituirán saben bien que los ciudadanos ya no tienen miedo de gritar en contra del régimen; ya no tienen miedo de rebelarse, de reivindicar sus propios derechos y de volver a ocupar el espacio que se les quite. Algo ha cambiado en el aire. La atmósfera de terror que hubo una vez ya no existe y desde aquí, será difícil volver atrás.

Azzurra Meringolo escribe sobre Oriente Medio para medios italianos. En la actualidad, realiza su doctorado en el Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad de Roma Tre.

Fotos: (cc) maggieosama/flickr