El 17 de Noviembre y la democracia: los juegos de la política internacional.

Artículo publicado el 18 de Noviembre de 2002
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Artículo publicado el 18 de Noviembre de 2002

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Durante mucho tiempo en los márgenes de la democracia, el movimiento del 17 de Noviembre, hoy decapitado, refleja las ambivalencias de las luchas estratégicas en Grecia, entre los Balcanes y el Oriente Medio.

El movimiento del 17 de Noviembre saca su nombre de la rebelión de los estudiantes de la escuela Politécnica de Atenas y su represión sangrienta por parte del régimen de los Coroneles el 17 de Noviembre de 1973. En principio, por tanto, un culto a los mártires que nos hace recordar los casos de irlandeses y palestinos, donde el peso de los muertos impide los procesos de negociación y la paz. El movimiento se ha formado sobre la base ideológica marxista, con un matiz de nacionalismo Griego y de antiimperialismo. Se supone que los primeros bocetos del movimiento fueron dibujados en París a finales de los años sesenta, entre los estudiantes Griegos de erasmus, entorno a la figura de Alexandre Giotopoulos, recientemente detenido como fundador supuesto del grupo (ver Yahoo actualité). El 17 de Noviembre nació como una reacción contra la dictadura de los Coroneles, pero su intransigencia ideológica la opuso no tanto en contra de la democracia sino contra los imperialistas americanos, británicos y turcos. En 1975 cayó la primera víctima, Richard Welch, líder de antena de la CIA (Agencia Central de Información) en Grecia (ver la reivindicación en el periódico francés Liberation del 24 de diciembre de 1976). A éste le siguión un antiguo verdugo de los Coroneles. En total, el 17 de Noviembre es responsable de 23 asesinatos hasta la ejecución de Stephen Saunders, miembro de la Embajada de Gran Bretaña, en junio, 2000.

La indulgencia de los gobiernos Griegos

Por nacimiento, en sincronía con la oposición a los Coroneles, y con un nacionalismo muy presente tanto de izquierda como de derecha, el movimiento del 17 de Noviembre ha beneficiado, y sigue beneficiándose, de una cierta indulgencia por parte de la sociedad griega. En efecto, no hubo, como en los otros países europeos durante el apretón del terrorismo rojo, grandes manifestaciones populares, ni reprobaciones firmes del movimiento por parte de los partidos políticos. Al contrario, los Estados Unidos reprocharon a varios gobiernos griegos los pocos esfuerzos empleados a la lucha en contra del 17 de Noviembre. Grecia es un pequeño país, un país nuevo además, dotado de estructuras antropológicas que favorecen el comunitarismo (Ver E. Todd, El destino de los inmigrantes). De aquí resulta una formación de comunidades griegas muy unidas, entre los estudiantes y los intelectuales exiliados, en particular en los tiempos de la dictadura. De nuevo en Grecia y ocupando los puestos claves de la administración y la política, estos exiliados se movilizaron poco para condenar un movimiento que corría en paralelo con las aspiraciones de su generación. Sobre todo, las acciones del 17 de Noviembre pudieron encontrar un eco favorable en la opinión pública, sumamente sensibilizada con los desafíos estratégicos cercanos. Estamos hablando de cuestiones sobre las cuales tanto la democracia como la ética están lamentablemente ausentes (dominio de la Realpolitik de las distintas potencias). Grecia, fuertemente unida a Chipre y Yugoslavia, ve con malos ojos la invasión de Chipre por parte de Turquía, la relación privilegiada entre EEUU y Turquía, la creación de esferas de influencia en la antigua Yugoslavia, etc. Además, el apoyo de Nixon al Régimen de los Coroneles suministró una base sólida al anti-americanismo. Atada, motu propio o por fuerza, al bloque occidental (ver la guerra civil de 1949, Plan Marshall, la OTAN), la democracia Griega no podía permitirse jugar en contra su no propio terreno, de conducir una política estratégica demasiado opuesta a las tentativas de control estadounidense sobre la zona. Al menos, no sin frustraciones. En esta óptica, el 17 de Noviembre ha jugado durante mucho tiempo el papel de un servicio de contra espionaje con métodos fuertes, en corresponcia con los deseos de la población y tal vez de la clase política. Sin embargo, debido a su naturaleza incontrolada y su opción de violencia, el 17 de Noviembre ha sido implicado en un cruel engranaje y ha cometido actos mucho más reprensibles que la eliminación de espías extranjeros. En 1985, Nikos Momfertos, director del periódico conservador Apogevmatini fue asesinado. Este signo muestra que la instrumentalización del terrorismo por parte de la democracia - procedimientos lamentablemente corrientes- sólo puede dañar a la democracia, y por tanto, a la libertad de expresión.

La neutralización del movimiento y la detención de quince de sus miembros, quizás la cuasi-totalidad de sus miembros activos, sucede en un contexto que ha bruscamente evolucionado. En esta nueva coyuntura, la eliminación del 17 de Noviembre representaba de repente un mayor aliciente para el gobierno griego. Desde los atentados del 11 de septiembre, las presiones de EEUU sobre Grecia aumentaron, obligándoles a dar pruebas tangibles de cooperación en la lucha contra el terrorismo, también en lo referente a la puesta en práctica de una lucha antiterrorista a escala europea. Sin embargo, es especialmente la perspectiva de los Juegos Olímpicos de Atenas del 2004 y sus desafíos económicos y políticos lo que constituía en una obligación para el gobierno griego la eliminación de un movimiento demasiado incómodo (el 17 de Noviembre). A las felicitaciones americanas y europeas se unieron, además, las de Jacques Rogge, presidente del CIO, quien había expresado profundas preocupaciones en cuanto a la seguridad de los Juegos. Así parece acabar la acción de este movimiento y su cohabitación con la democracia. Sin embargo, la acción de la policía plantea otros problemas mayores en la relación entre la democracia y el terrorismo: el respeto de los Derechos Humanos. Los tres hermanos Xiros, supuestos miembros del 17 de Noviembre volvieron atrás sobre ciertas partes de sus testimonios, al parecer arrancados bajo amenazas que llegaron a la tortura (Ver website de Amnistía Internacional). Estamos hablando del mayor desafío de la democracia en su lucha contra el terrorismo, en la que deseamos que sus valores impongan una respuesta sin concesiones.