El acoso a los georgianos pone en riesgo el multiculturalismo ruso

Artículo publicado el 25 de Octubre de 2006
Artículo publicado el 25 de Octubre de 2006
Viaje por Krasnodar, un frágil paraíso multiétnico en el sur de Rusia.

De esta tendencia no se salvan siquiera las ciudades caracterizadas por la pluralidad cultural que se encuentran al sur del país. Hace tres semana en Krasnodar, ciudad rusa cercana a la frontera con Georgia, explosionó un artefacto que se hallaba en un jeep de lujo de la marca Hummer. Según informó la televisión regional, la víctima es propietario de una fábrica de vodka. Los medios de comunicación, sin embargo, no se hicieron eco de una circunstancia: la víctima del atentado, el empresario Runow, es georgiano. Desde que hace un mes se agravara el conflicto entre las repúblicas ex soviéticas de Rusia y Georgia a causa de un supuesto escándalo de espionaje, en Rusia se han apresado a ciudadanos georgianos. Runow se había comprometido con el Centro de las Nacionalidades, perteneciente a la asociación de la minoría georgiana Iweria. Poco después de la explosión de la bomba, apareció la policía en la oficina de esta Asociación vigilada para controlar los permisos de residencia de ciudadanos georgianos.

Nacionalismo violento

No se trataba de un hecho aislado. En Rusia, en la actualidad, se sigue el rastro de todo inmigrante procedente de Georgia en busca de un empleo y se les expulsa del país. Buscan locales de juego, restaurantes y puestos de mercado regentados por ciudadanos georgianos y luego los cierran. La campaña en contra de los inmigrantes georgianos es el nuevo rasgo que caracteriza al nacionalismo acérrimo apoyado por Putin, y que también amenaza al resto de ciudadanos de origen no ruso del país. Hace poco, los habitantes de la pequeña localidad de Kondopoga, al oeste del país, desalojaron fuera de la ciudad a emigrados chechenos por medios de pillaje y saqueo. Los cabezas rapada asesinan a estudiantes extranjeros y le prenden fuego a las mezquitas.

Dos semanas antes de lo sucedido al fabricante de vodka georgiano nos reunimos en Krasnodar con Nagurbek Nagurbekow, el segundo propietario del municipio de inmigrantes: “En Krasnodar es impensable un suceso como el de Kondopoga”, nos aseguraba, “Krasnodar es diferente del resto de Rusia”. Según sus explicaciones, ciento veintiséis nacionalidades han convivido aquí pacíficamente; es un paraíso multicultural. Las personas aquí se casan por encima de fronteras culturales y lingüísticas, los estudiantes árabes o de raza negra viven tranquilos. “No existen fascistas en este lugar y nunca los habrá”. Añadía, además, que nunca había sido testigo de conflictos entre etnias.

Acostumbrados a la variedad cultural

Krasnodar ocupa un espacio reducido en Rusia: el 86% de su población es rusa, si bien es cierto que allí también se hallan armenios, georgianos, otros ciudadanos procedentes del Cáucaso, centroasiáticos y europeos del este. Después de Moscú, es la región en Rusia que crece a un ritmo más rápido. Desde la desintegración de la URSS el número de habitantes ha aumentado de 4 a 5 millones. Los que llegan son mayoritariamente rusos sedientos de sol que propicia su clima cálido y el baño en el mar Negro. También acuden personas de las Antiguas Repúblicas Soviéticas, como por ejemplo Tayikistán y Georgia. Hasta el día de hoy, todos ellos han gozado de plenos derechos como ciudadanos naturalizados.

No obstante, muchos inmigrantes no deben ser cautelosos para no causar conflictos. En este punto coinciden Vladimir Petrow y el tayikistaní Nagurbekow. Petrow es director de la Facultad de Sociología de la Universidad de Krasnodar e investiga con sus propios colegas desde hace años la convivencia pacífica de los pueblos en la región de Krasnodar. Según sus palabras, la gran mayoría de los habitantes de Krasnodar están acostumbrados desde hace mucho tiempo a la variedad cultural y pueden tratar con ello. Esta circunstancia está presente en la inteligente política del Gobierno de la zona en los años noventa. Desde entonces, los Gobiernos regional y municipal escuchan la opinión de los defensores de las minorías sobre todas las cuestiones políticas importantes. En el “Centro De Las Nacionalidades” se ofrece a las minorías cursos públicos de idiomas y ayudas para la integración de nuevos inmigrantes. Los bailes y el folklore conservan sus respectivas culturas nacionales.

Petrow y Nagurbekow están de acuerdo: Krasnodar es un ejemplo de la integración llevada adelante. Y ahora esto, un coche-bomba que deja en cueros a esta bella ciudad.

Cruces gamadas sobre los muros

Stasja Denisova lleva advirtiendo de este peligro años. La joven de 23 años está comprometida con la ONG Etnika que lucha contra del racismo. Según su opinión, en Krasnodar existen cabezas rapadas, como en el resto de Rusia. Estos grupos cuelgan cruces gamadas en las paredes y se entrenan como paramilitares en los patios traseros de solares en obras. Cada vez más extranjeros aparecen asesinados. Como informó la ONG Interethnic Council, cuatro extranjeros han sido asesinados en San Petersburgo desde principios de año. Uno de ellos, estudiante de medicina de 27 años, Singh Nitesh Kumar, murió por ataque con arma blanca. En julio, un estudiante procedente de Sudán fue asaltado por un cabeza rapada ruso delante de su residencia, apaleado y pateado violentamente, lo que le mantuvo en coma durante un mes. Denisova asegura que 1.500 estudiantes procedentes de Sudán y de Oriente Próximo sólo se desplazan entre el supermercado, la residencia y la universidad por temor a ser atacados.

Acompañada por otros jóvenes de Etnika, Stasja ha vertido su postura ante la administración municipal una y otra vez. La solución que ella propone es la siguiente: “Si actuamos contra los cabezas rapadas el racismo desaparecerá del planeta”. La imagen oficial de Krasnodar quiere mostrarse radicalmente opuesta a la beligerante Chechenia, diferente también de las pequeñas ciudades al norte en las que el fascismo es una moda juvenil aceptada. Ahora, el desafortunado suceso contra un georgiano puede, finalmente, abrirle los ojos y la boca a los poderosos.