El afán reformista de Zapatero

Artículo publicado el 11 de Enero de 2005
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 11 de Enero de 2005

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Primero fue Holanda. Después Bélgica. Ahora es la Católica España la que acaba de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo. La UE avanza hacia la equiparación de derechos para las parejas homosexuales.

El día 30 de diciembre, el gobierno español aprobó una ley que permite el matrimonio entre parejas del mismo sexo y la libre adopción de hijos. La ley acaba de entrar en vigor y este paso significa un nuevo avance en la revolución socio-cultural que España emprendió tras la muerte del General Franco, en 1975, y la subsiguiente implantación de un sistema democrático. Aunque ha habido oposición a esta medida gubernamental, calificada por prominentes miembros de la Iglesia Católica como “virus del Estado”, los españoles parecen aceptar por lo general que la ancestral institución matrimonial también dé cabida a las uniones homosexuales. Según las encuestas, un 65% de la población española ve con buenos ojos la nueva iniciativa legislativa.

La Religión no puede frenar el progreso

La presente reforma legal debería haberse adoptado mucho antes, y la nueva administración de Zapatero merece un nada desdeñable reconocimiento por haber convertido a las uniones gay y la eutanasia en objetivos prioritarios de su proyecto de reforma social. No obstante, si se tiene en cuenta el conjunto europeo, las medidas del gobierno español no son tan increíblemente innovadoras como inicialmente parecen. Nuevos modelos de unión civil llevan funcionando desde hace tiempo en los países escandinavos, en Alemania y, más recientemente, en Francia, donde a pesar de los intentos de boicot por parte de diputados del centro-derecha como Christine Boutin el PACS entró en funcionamiento en 1999. Tampoco es particularmente revolucionaria la medida del nuevo gobierno español de permitir el matrimonio homosexual, una práctica que lleva funcionando desde hace tiempo en Holanda y en Bélgica. En cualquier caso, lo verdaderamente significativo a los ojos de no pocos observadores es comprobar que las reformas españolas contradicen la tradicional creencia de que en cuestiones de progresismo social el sur de Europa se haya por detrás del norte. Esta crítica es normalmente aplicada a la propia España, de la que se suele criticar la ortodoxia de su tradición y herencia religiosas.

¿Un efecto dominó?

¿Cuáles serán las implicaciones profundas que tendrá la expansión de la institución matrimonial más allá de sus formas tradicionales? Es posible que, al igual que la introducción de las uniones civiles contribuyó a situar la cuestión del matrimonio gay en la agenda reformista de Madrid, la política social de Rodríguez Zapatero ayude a impulsar iniciativas reformistas en otros países europeos. Por ejemplo, el debate abierto en España a raíz de la aprobación de la ley sobre el matrimonio homosexual ya ha tenido un efecto indirecto en el Reino Unido, donde la Cámara de los Lores ha aprobado el derecho de las parejas del mismo sexo a ser reconocidas como uniones civiles. Es particularmente significativo que la propuesta de permitir que las parejas homosexuales se inscriban en los registros haya recibido el apoyo de todos los partidos, incluidos los Conservadores, que tradicionalmente han defendido la importancia a ultranza de los valores familiares “tradicionales”. Pueden faltar todavía varios años para que el Reino Unido se sitúe a la altura del resto de Estados europeos, pero lo cierto es que la sociedad británica ya ha comenzado a desafiar las nociones tradicionales de unidad familiar, estilo de vida y orientación sexual. Semejantes avances deberían suponer un estímulo para que las mentalidades más “rezagadas” vayan progresando y actualizándose conforme vaya pasando el tiempo.

Aunque la reforma social española demuestra que las cosas van cambiando, es importante que la sociedad europea no se duerma en los laureles, ya que todavía hay mucho trabajo de modernización por delante. Por ejemplo, en determinados miembros de la UE como el Reino Unido, se están dando pasos para legalizar el estatus de las uniones de personas del mismo sexo. Pese a ello, Londres todavía adolece de un proyecto de legislación que garantice a dichas parejas los mismos derechos y protección de las que disfrutan los heterosexuales. Es reconfortante comprobar que los países europeos cada vez muestran más predisposición a eliminar las discriminaciones que sufren las minorías. Pero también es cierto que determinados Estados harían bien en recordar que la discriminación puede ser tanto negativa como positiva, y que lo correcto sería alcanzar la paridad entre grupos siempre que sea posible.