El alemán que quería darle la vuelta a Moscú

Artículo publicado el 15 de Abril de 2008
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Artículo publicado el 15 de Abril de 2008
El brandenburgués Roland Lipp planea hacernos andar por los tejados para evitar que las ciudades se colapsen. El inventor de los caminos sobre los edificios negocia con empresas alemanas para poner en marcha este proyecto.

Atascos en Moscú (Roland Lipp/n-ost)

Cuando acaba la jornada de trabajo en Moscú y empieza a rodar el tráfico, el centro de la ciudad se convierte en una jungla. Comienzan a sonar los cláxones y los humos de los tubos de escape tiñen de gris las fachadas. Annatoli Kossakow tarda tres horas en llegar desde su oficina en el hasta su casa en las afueras. El abogado, que conduce un BMW, está metido en un atasco en una calle secundaria “¿Para qué me he comprado un coche con tantos caballos de potencia?”, se queja Kossakow.

Kossakow no se equivoca en absoluto. El Instituto de Estadística ruso IRN calculó que la velocidad media en Moscú es de dieciséis km/h. Todos y cada uno de los tres millones de conductores de la capital permanecen cerca de once horas al mes atrapados en un atasco. Según Igor Lubaschewski, del instituto de física de la Academia de Ciencias, esto se debe a que el número de vehículos se ha quintuplicado en los últimos años. El ayuntamiento teme que en cuatro años se colapse el tráfico por completo en Moscú.

Moscú al revés

No obstante, hay alguien que afirma que no solo podría evitarse el colapso del tráfico, sino que incluso podría convertir la ciudad en un lugar con más zonas verdes. Asimismo, el tráfico rodado podría triplicarse. En un restaurante, desde el que pueden oírse los cláxones con claridad, se encuentra Roland Lipp, un branderburgués que se toma las cosas con calma. El profesor de ingeniería traza unas líneas en un trozo de papel. Está dibujando la ciudad al revés. Debajo de los edificios de oficinas y centros comerciales, los peatones callejean entre los aparcamientos y, encima de los tejados, circulan los vehículos. El humo se desvanecen en el aire y unas pantallas a prueba de sonidos amortiguan el ruido. Bajo los tejados se extienden aparcamientos kilométricos. Desde aquí los ejecutivos pueden llegar en ascensor a sus oficinas situadas en las primeras plantas del edificio. Según datos del departamento ruso de transporte, 450 kilómetros de nuevas calzadas servirían para atajar el problema del tráfico en Moscú.

El nombre que ha elegido Roland Lipp para su creación arquitectónica es Strassenhaus (calzadas en los tejados). Si es cierto lo que dice ‘el descubridor’, como se autodenomina, se podrían ahorrar quince millones de euros diarios. Los gastos de gasolina se reducirían en un 44 % y la calzada no se deterioraría tanto, así como tampoco se dañaría el motor del vehículo. Se reduciría en siete toneladas el dióxido de carbono diario que contamina el aire. Los amantes del BMW, como Kossakow, podrían circular a velocidades comprendidas entre los 40 y 80 kilómetros por hora en la ciudad.

Los proyectos de Roland Lipp para Moscú (Fotos :Roland Lipp)

Lipp ha estado en Nueva York, Chicago, Tokio, Shangai y Hongkong. Sin embargo, al final eligió Moscú para llevar a la práctica su proyecto. Hace dos años se quedó atrapado en un atasco en la Calzada de Leningrado, avenida céntrica que cuenta con 14 carriles. Entonces se le ocurrió la idea de que una ciudad como Moscú no se puede reducir a un solo piso.

Cuando Lipp vio los planes del ayuntamiento se llevó las manos a la cabeza. En el plan de urbanización constaban 87 concesiones para construir nuevos aparcamientos a corto plazo. En una ciudad que tiene los mayores precios en el sector inmobiliario de Europa, eso supondría mucho dinero. Lipp se vanagloria de querer también reformar el mercado inmobiliario. Sus calzadas se podrían extender por toda la ciudad, aprovechando el trazado de la Calzada de Leningrado. “Si el ayuntamiento nos lo concede, tendremos una cola de inversores que llegará hasta Vladivostok”, afirma Lipp, mientras guiña el ojo.

Las empresas alemanas se apuntan

Este argumento ha llamado la atención del alcalde de Moscú, Juri Luschkow. El año pasado reunió a un grupo de trabajo con el que Lipp habla a menudo. Lipp presentó su proyecto en el ayuntamiento junto con las empresas Siemens y Knauf. Al día siguiente, el diputado Iwan Nowitzki escribió una carta al alcalde Luschkow y le rogó que construyera una calzada piloto. Ahora Lipp espera ansioso la decisión.

El ingeniero ya tiene en su cartera los planes para construir la calzada piloto que tendrá una extensión de 1,6 kilometros. Se llamará ‘La milla bávara’ y contará con oficinas y locales comerciales en los bajos del edificio. En los laterales de los edificios de cinco plantas se construirán dos carriles de entrada y salida de la calzada, que serpentearán en forma de espiral hasta el tejado del edificio. Desde el boulevard Kawkaski se podrá acceder a la calzada subiendo los cinco pisos, como si se tratase de un aparcamiento de varias plantas.

Moscú bajo los coches (Roland Lipp/n-ost)

Tanto Siemens como Knauf han mostrado interés por formar parte del proyecto. El portavoz de Knauf, Jörg Lange, declaró: “Estamos observando cómo se desarrolla el proyecto con gran interés”. El portavoz de Siemens, Nikita Kuschkin, duda de que se pueda vivir en estos edificios cuando los coches estén circulando por la calzada. No obstante si la ciudad se manifiesta a favor del proyecto, este será muy interesante.

Lipp está seguro de poder transformar en ocho años la ciudad, que según la OMS es la más contaminada de Europa, en una megaciudad en la que merezca la pena vivir. “Ya tengo al hombre más importante de mi lado”, sonríe y prosigue “al ciudadano moscovita de a pie”. Lipp contempla a través de la ventana llena de hollín la calzada de ocho carriles donde el tráfico está, en estos momentos, completamente bloqueado.

El autor es corresponsal de la red de reporteros n-ost