El alumno ejemplar de la Europa Social

Artículo publicado el 25 de Julio de 2005
Artículo publicado el 25 de Julio de 2005

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Mientras la Europa continental sufre un paro creciente y el Reino Unido lucha contra el problema de la precariedad salarial, los escandinavos pueden estar tranquilos: la solidez económica es compatible con una alta protección social.

Hace relativamente poco tiempo, muchos escépticos vaticinaban el fin del sistema social escandinavo, dadas las necesidades de financiación que habían surgido y las (supuestas) altas tasas de paro. Más de una década después, las estimaciones resultan mucho más benévolas, hablándose incluso de "modelo escandinavo". ¿Qué es lo que se esconde dentro del mito del modelo social escandinavo?

Los tres mundos del capitalismo del bienestar

En Europa se pueden diferenciar tres grandes modelos del Estado del Bienestar, cada uno con distintas concepciones de la distribución de las tareas entre el Estado, el mercado y la unidad familiar.

El modelo anglosajón o modelo liberal, presente en el Reino Unido y también fuera de Europa (en EE UU y en Canadá), se centra en las fuerzas del mercado. Grandes asuntos sociales como la salud o la educación se organizan de forma privada, la protección social reduciéndose exclusivamente a combatir la pobreza: bienestar sí, pero por favor al nivel más bajo posible. Y, según el credo: ninguna oportunidad para aquel que sólo quiera vivir de las prestaciones sociales sin ofrecer una contrapartida.

Mientras el liberalismo anglosajón es avaro en lo que a prestaciones se refiere, el Estado del Bienestar conservador presente en el continente europeo es bastante más generoso. En Austria, Francia, Alemania o Italia se han establecido sistemas de seguridad social que en caso de paro y de jubilación permiten casi mantener el sueldo obtenido en los años de trabajo, manteniéndose así el respectivo estatus social. Al centrarse sobre el sueldo como la situación de partida, el principio asegurador reproduce las desigualdades sociales del mercado de trabajo también en la forma de prestaciones sociales.

Después de estos se encuentra el modelo escandinavo: Bienestar sí, por favor, y al nivel más alto. Los derechos sociales son independientes de la situación laboral o familiar, todas las clases forman parte de un sistema de seguridad social único. Los resultados se dejan ver, la situación económica y laboral de Suecia, Noruega y Dinamarca siendo muy buena, tanto en Europa como en el mundo, con la mayor tasa de actividad femenina (alrededor del 72% según el Panorama del empleo 2005 de la OCDE), bajas tasas de desempleo (entre 4,4% y 6,4%), una política de igualdad de oportunidades y de educación ejemplar y, al mismo tiempo, unas finanzas equilibradas con reducción de la deuda incluida.

Todos para todos

Los países nórdicos pueden permitirse unos generosos sistemas de seguridad social porque los impuestos que pagan sus ciudadanos son altos. Un alto impuesto sobre el consumo (el IVA es el 25% en Dinamarca y en Suecia) y un sistema dual para el impuesto sobre la renta -las empresas internacionalizadas ven aligerarse su carga fiscal y los sueldos más cuantiosos reciben las mayores cargas fiscales- permite a los escandinavos mantener su sistema social y ser a la vez atractivos para los inversores.

Pero no sólo eso. Los escandinavos pagan sus altos impuestos sin protestar, pues saben valorar aquello que reciben como contraprestación: un sistema de atención a los niños que permite a las mujeres tener hijos sin renunciar a su carrera profesional, una sanidad pública de calidad (gracias a la cual reumáticos noruegos van a las Islas Canarias durante un mes), o por ejemplo un largo periodo de paternidad y maternidad en Suecia que, sin embargo, permite a los padres volver a su puesto de trabajo. Dado que aquellos económicamente mejor situados también se benefician de estos programas, existe un amplio consenso social acerca del Estado del Bienestar que se basa en sólidos fundamentos.

Resolución de problemas "a la escandinava"

Los países del Bienestar del norte de Europa han sufrido también crisis. Al principio de los años noventa, la tasa de paro subió en Suecia del 1,5% (1989) al 8,2% (1993). En Noruega y Dinamarca la situación fue similar. Fue un golpe duro para un modelo de bienestar social que se basa en la consecución del pleno empleo para mantener los altos estándares sociales. La superación con nota de la crisis y la reestructuración de los sistemas tradicionales de seguridad y abastecimiento social se debe en gran parte al consenso con los sindicatos (que, con un grado de organización del 80%, son un factor muy importante en el tejido político), que decidieron no bloquear las reformas sino ayudar a reformar.

Está claro que el modelo de bienestar se ha visto algo despojado en los últimos años. Sin embargo, los países escandinavos siguen comprometiendo altas sumas de dinero para las prestaciones sociales: comparándolos con los demás Estados, siguen teniendo los niveles más altos. Es evidente que los Estados escandinavos no iban a dejarse alcanzar de manera tan rápida: quieren mantener su "pole position" del bienestar.