El Ática y la guerra de los vertederos

Artículo publicado el 26 de Agosto de 2011
Artículo publicado el 26 de Agosto de 2011
Europa, ocupada en salvar las cuentas de Grecia, cierra los ojos ante otra crisis, la ecológica, que en la Península Helénica se da desde hace 15 años. Atenas no sabe donde meter sus propios residuos, faltan vertederos y la tecnología adecuada. Y los habitantes de Keratea (pequeña ciudad de 14.
000 habitantes al este de Atenas), elegida junto Grammatiko para alojar uno de los dos nuevos centros de eliminación de residuos, se han rebelado con una fuerza tal capaz de espantar al Estado…

“¿Ves aquellas cenizas? Son los restos del incendio de las maquinarias, tres bulldozer y un camión. Fue la noche de nuestra victoria”. Kostas Antoniu en los meses de verano pasea con sandalias y camiseta, pero tiene aún el aspecto de un guerrero. Él es el guarda del monte Ovriokastro, que domina el valle elegido, en el lejano 1996, para alojar un enorme vertedero. “Eran casi 35, salieron a pie una noche de nieve, mientras los policías se protegían del frío dentro de los coches. Tras el incendio, los copos de nieve cubrieron sus huellas”. Kostas no estaba entre ellos, siempre ha dirigido la revuelta con otros medios, entre los que está el blog creado en 2008, pero siente orgullo por aquella operación y por todas las victorias. También por aquel “nuevo mix de molotov”, usado por sus paisanos en los enfrentamientos más violentos, los del 29 de marzo y 14 de abril, como respuesta a las cargas policiales. La guerra duró 128 días, desde el 11 de diciembre de 2010 al 18 de abril de 2011, cuando los habitantes de Keratea liberaron el bloqueo de la carretera que va de Atenas al puerto de Laurion.

A la derecha, el valle elegido para acoger el vertedero

¿Por qué una resistencia así? Keratea ha sido un ejemplo para los manifestantes de la Plaza Syntagma y para una buena parte de la opinión pública griega que se opone a la “política ilegal”, por decirlo con palabras del documental Debtocracy. Sobre la cima del monte, rodeado de un panorama impresionante, Kostas enumera todas las razones de sus paisanos: “El vertedero no puede construirse porque va contra cuatro normas y dos leyes: aquí existe un río, un bosque protegido, las viejas minas de plata que aún contienen residuos tóxicos y algunas oficinas; hay, además, dos decretos que la han definido como área arqueológica y, por lo tanto, protegida”.

Solución rápida y superficial

El gobierno griego, presionado por la amenaza de sanciones europeas, ha intentado, por el contrario, acelerar el proyecto – fechado en 1996- de los tres vertederos necesarios para eliminar los 2,3 millones de toneladas de residuos producidos por la región del Ática. Así las cosas, 1,8 millones de toneladas van a parar al viejo vertedero de Fyli (que está en fase de modernización), la de Grammatiko está preparada para el 40%, mientras que en Keratea el gobierno se toma tiempo, afirmando querer encontrar un compromiso con la población. “Este proyecto pretende solo dar una respuesta a la UE con grandes prisas”, explica Nicos Chrysogelos, futuro candidato de los Verdes griegos al Parlamento Europeo. “Falta una solución para mejorar el reciclaje, crear un programa de compostaje de los residuos orgánicos, adoptar técnicas menos contaminantes”. Grecia se encuentra en un retraso embarazoso: recicla el 10% de sus residuos, contra una media europea del 53%, y ha debido cerrar un centenar de vertederos ilegales repartidos por todo el país.

“En 20 minutos estábamos todos en la calle, incluso aquellos que hasta ese momento habían pasado años enteros en el sofá delante de la televisión”

A pesar de ello, todo va encaminado hacia los incineradores, bajo la presión de grandes grupos industriales siempre aliados con el poder. “¿Has oído hablar alguna vez de Bobolas?”, me pregunta Sotiris Iatrou, ex consejero del ayuntamiento y líder del movimiento contra el vertedero de Keratea: “Es como Berlusconi en Italia, con la única diferencia de que no se ha metido en política. Se adjudica cualquier tipo de concurso en el ámbito de la construcción”. Historias ordinarias de crónica mediterránea, se podría decir, solo que en tiempos de crisis económica y política llevan a los ciudadanos a la rebelión. “El 11 de diciembre, cuando un millar de policías llegaron a Keratea, en 20 minutos estábamos todos en la calle, incluso aquellos que hasta ese momento habían pasado años enteros en el sofá delante de la televisión”, explica Kostas.

De los conservadores a los anarquistas

Estaba incluso el alcalde, Vassilis Thiveos, "Queremos eliminar los residuos producidos exclusivamente por la comunidad localperteneciente al partido conservador Nueva Democracia, pero “por una vez aliado con el líder de los partidos anarquistas y de extrema izquierda”, nos cuenta riendo. Enseña una foto que lo retrata junto al anciano Manolis Glezos, el héroe que en 1941 consiguió quitar la esvástica de la Acrópolis. ”Hemos hecho otra propuesta, que trata de ser un ejemplo para toda la región. Queremos eliminar los residuos producidos exclusivamente por la comunidad local, producir energía y nuevos materiales gracias al compostaje y a la recuperación de la biomasa. Al gobierno no le queda más que aceptar, porque de otra forma la gente volverá a defender el monte Ovriokastro”.

“La revuelta de Keratea ha sido el clásico efecto NIMBY (“not in my backyard”, no en mi jardín), más fuerte que cualquier confianza residual en las instituciones, que son ahora impotentes”, me explica el politólogo Nikos Raptis, director de la revista digital ppol.gr, en un bar chic del barrio Exarheia, donde acaba de presentar un libro. “La propuesta de los tres vertederos ha sido formulada gracias a los estudios del politécnico de Atenas, pero incluso los técnicos puedes estar influidos por presiones políticas y es por ello que la gente pierde la confianza. Durante la revuelta la opinión pública se ha visto identificada con los habitantes de Keratea, como cualquiera sometido a un poder corrupto y arbitrario”.

Ahora, la sentencia

Si la crisis económica es tan fuerte como para esconder una crisis ecológica, esta última se ve favorecida por una política desacreditada, sin la capacidad de tomar decisiones. Es por esta razón que en Keratea están muy atentos: “La Corte Suprema, que está controlada por el gobierno, podría dar la razón al Estado y volvería la policía”, dice Kostas desconsolado: “En este punto es difícil que toda Grecia esté de nuevo de nuestra parte”.

Cúmulo de desperdicios en Atenas, cerca de la Plaza Syntagma

También porque el tener la suciedad por todas partes debe terminar: muchas islas frente a Atenas están desbordadas por las bolsas de plástico que acaban en el mar, y pronto debería salir un proyecto piloto promulgado por la Comisaria de pesca Maria Damanaki (que es griega), que dará subvenciones a los pescadores para pescar residuos en el mar. En torno al vertedero de Fyli se está creando el vacío y se vive un desastre ambiental. “Una solución intermedia sería”, explica Crysogelos, “más rápida y económica. En Grammatiko y Keratea se pueden crear dos centrales de compostaje, para 700.000 toneladas de residuos orgánicos cada una, para reducir la carga de Fyli de 2,3 toneladas. Pero los locales deben colaborar, no se pueden desperdiciar 10 años de estudios y preparación”. En Keratea, encontrarán de nuevo las barricadas: “Si el vertedero se construye – concluye Kostas Antoniu – lucharemos para que se cierre. Estamos luchando contra una injusticia”.

Este artículo forma parte de Green Europe on the Gound 2010-2011, una serie de reportajes realizados por cafebabel.com sobre el desarrollo sostenible. Para conocer mejor el proyecto, Green Europe on the Ground.

Fotos: © Nicola Accardo. Vídeo: (cc) lavreotiki.com/youtube