El atlantista

Artículo publicado el 14 de Junio de 2004
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Artículo publicado el 14 de Junio de 2004

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Los europeos confían en que la administración Kerry pueda reiniciar las relaciones con EE.UU. ¿Será suficiente un nuevo presidente para transformar la impopular política exterior del país?

Es la clase de estadounidense que gusta a los europeos. Un internacionalista que cree en el diálogo y en la construcción del consenso. Para John Kerry, Europa está deseando volver al camino en que se encontraba antes de Florida (el estado que permitió a Bush ser presidente), antes de Irak, antes de que George W. Bush entrara en la Casa Blanca. El discurso del Senador de Massachussets se interpreta como un anhelo de reinstaurar la vieja alianza.

Kerry fue a la escuela en Suiza, aparentemente habla francés e italiano, e incluso tiene un primo francés. Miembro de la prole de una familia burguesa de Nueva Inglaterra, con un padre diplomático que ayudó a reconstruir la Europa de la posguerra, sus credenciales contrastan con las anodinas raíces de Crawford, Texas. Es un material con el que los europeos pueden trabajar, en el que pueden confiar para recuperar las maltrechas relaciones transatlánticas.

¿Un cambio inminente?

Pero debajo de esa atractiva fachada, ¿va a ser realmente diferente la política exterior estadounidense con John Kerry? ¿Puede realmente Europa esperar un cambio fundamental? O, por el contrario, la doctrina imperante va a ser la de estás con nosotros o contra nosotros. Guillaume Parmentier, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI) espera que la administración Kerry sea, comparada con la de Bush, como la noche y el día. Con Kerry en el timón no habrá un esfuerzo deliberado para minar la unidad europea como pasó en el caso de Irak. La política exterior de Kerry debería estar más en línea con el internacionalismo del Secretario de Estado Colin Powell, explica Parmentier, guiado claramente por la batuta neoconservadora de Paul Wolfowitz o el abrazo nacionalista del Secretario de Defensa Donald Runmsfeld y el vicepresidente Dick Cheney. Incluso sabiendo que una administración Kerry sería más euroamistosa, sería utópico creer que modificará fundamentalmente la política exterior norteamericana, si nos basamos en cómo ha conducido tradicionalmente EE.UU. sus relaciones internacionales: con una supremacía militar, económica y, algunos dirán incluso, dominación cultural.

El terrorismo conforma el abc de la política exterior americana

El diálogo y la cooperación internacional son beneficiosos, pero no evitarán que los Estados Unidos continúen su propia agenda, incluso si a veces enreda a sus aliados europeos. Con una administración bostoniana reemplazando a la tejana piensan que todo volverá al mismo camino de antes, explica el conservador parisino Pierre Lelouche. Los europeos, según él, tienen que comprender completamente la realidad post-11/9. El terrorismo ahora, dice, conforma el abc de la política exterior americana y dictará cómo se conducirán los asuntos exteriores durante los años venideros.

Irónicamente, para entender qué política exterior podría encontrarse bajo la administración Kerry, uno no necesita mirar más allá de la Casa Blanca. En las últimas semanas Bush y su homólogo británico han camelado a las Naciones Unidas con una nueva resolución acerca de la transferencia de poder en Irak. Como contrapartida han garantizado una mayor vigilancia de la ONU. Y utilizando el sesenta aniversario del desembarco de Normandía como telón de fondo, han luchado por reconstruir las relaciones con sus aliados europeos. Lo mismo que John Kerry ha prometido si es elegido presidente.

La dominación americana está aquí para permanecer

Aunque la frivolidad americana frente a la cooperación internacional tomó forma en los escombros del World Trade Center, realmente no comenzó cuando Bush II puso los pies en el despacho oval. Ya bajo Bill Clinton, uno de los presidentes americanos más populares en Europa, los Estados Unidos habían optado por no tomar parte en cruciales acuerdos internacionales como la prohibición de las minas anti-persona, y el incumplimiento del protocolo de Kyoto sobre emisiones de gas. La realidad es que incluso si Kerry gana en noviembre y fortalece las relaciones con Europa al final del día todavía será capaz de hacer lo que le dé la gana, anota Guillaume Parmentier de IFRI. En una entrevista televisada recientemente el ministro de asuntos exteriores francés Hubert Védrine fue más allá, advirtiendo que hasta que Europa no forme un poder real, cohesionado y alternativo, la dominación unilateral americana estará ahí para permanecer.