El auge de los bebés Thalys

Artículo publicado el 12 de Julio de 2007
Artículo publicado el 12 de Julio de 2007
Desanimadas por la estricta legislación sobre la adopción existente en su país, cada vez son más las parejas de lesbianas francesas que se deciden por la inseminación artificial en Bélgica o en los Países Bajos.

Los bebés Thalys. Marie-Pierre ya no soporta esta expresión, prefiere la de “turismo reproductivo”. Lesbiana y madre de familia, detesta esas frases hechas que, según ella “no hacen justicia a aquellos que, ante todo, anhelan tener un hijo, un proyecto de pareja para establecer una familia”. El fenómeno de los bebés Thalys, llamados así por el tren que conecta París con Bruselas y Ámsterdam, parece una minoría, sin embargo ha cobrado gran auge. Cada vez son más las francesas lesbianas que se trasladan a Bélgica o a los Países Bajos para poder concebir un hijo.

En el año 2000, Marie-Pierre y su compañera decidieron recurrir a la inseminación artificial. En aquel momento les habría encantado adoptar, pero los trámites son demasiado complicados en Francia. La legislación gala prohíbe, en efecto, la adopción en parejas homosexuales. Sin embargo, esta legislación es considerada contraria al derecho europeo, ya que el Tratado de Ámsterdam en su artículo 13 condena toda discriminación por orientación sexual.

Está claro que “para adoptar habría sido necesario que una de nosotras se hiciese pasar por una mujer soltera y ocultase su homosexualidad, mientras se completaban las investigaciones para obtener la aprobación del Ministerio de Servicios Sociales y Salud Pública”, justifica Marie-Pierre.

Las clínicas de la fertilidad

Una vez descartada la adopción, sólo queda una solución: la inseminación. Pero en Francia sólo las parejas heterosexuales que sufren de esterilidad pueden tener acceso a las técnicas de reproducción asistida. Por esto, muchas lesbianas deciden viajar a los Países Bajos o a España para someterse a una inseminación artificial. Martine Gross, investigadora del Centro Nacional para la Investigación Científica y autora de la obra sobre la homo-paternidad, afirma que el porcentaje de mujeres que recurre a este método aumenta de manera constante. De un 40% en 2001, a un 60% en 2005.

El método se ha vuelto tan popular que las clínicas de fertilidad belgas han tenido que crear unidades aparte, reservadas para las parejas de lesbianas francesas. En 1998 el Centro Universitario Erasme, ayudó a unas 30 parejas lesbianas francesas a tener un niño. En el año 2000 aumentó a 170 casos. Incluso, ha sido necesaria la organización de campañas para reclutar donantes, con el fin de rellenar los bancos de esperma. En 2002, ante la gran demanda, el hospital decidió fijar un límite de 600 casos por año. Asimismo, otros institutos reservaron periodos de tiempo para las lesbianas francesas.

Anne Delbaere, doctora del instituto Erasme, sostiene que la opción de la inseminación es “frustrante, tanto para las mujeres, como para los médicos que desean ayudarlas. Ya va siendo hora que los políticos franceses actúen y dejen de mirar hacia otro lado”, afirma.

Se estima que unos 600 bebés Thalys ya han cruzado la frontera franco-belga inmediatamente después de su concepción. En España, la inseminación es también posible pero se practica en las clínicas privadas, por lo que “el proceso resulta el doble o el triple de caro que en Bélgica”, aclara Franck Tanguy, miembro de APGL (Asociación de Padres Gays y Lesbianas).

Hipocresía latente

En Francia, sólo la madre biológica esta reconocida por el sistema legal. A diferencia de lo que ocurre en los países vecinos, las familias francesas de padres homosexuales no están reconocidas, ni pueden declarar sobre su situación en los censos oficiales. Según Marine Gross, la homo-paternidad aportará de 200.000 a 300.000 niños. Según una encuesta realizada en 1997 por la revista Têtu, el 11% de las lesbianas y el 7% de los Gays serán padres. Unas cifras que, con toda probabilidad, se duplicarán en los próximos 10 años.

Las parejas de padres homosexuales viven sin ser reconocidas y en un estado de permanente hipocresía. La compañera de Marie-Pierre, a pesar de haber criado a diario a sus tres niños, sólo es una extraña a ellos ante los ojos de la ley. No puede firmar las calificaciones de la escuela, ser parte del consejo escolar, ni tomar una decisión médica en su nombre. En caso de separación, el padre biológico se queda con los niños y su antigua pareja no tiene ningún derecho sobre la custodia. Además, si el padre no biológico fallece sus hijos no pueden heredar nada.

Irónicamente, Marie-France cuenta que la CAF (sistema de ayuda pública al alojamiento, en Francia) las reconoce como un hogar familiar y que, asimismo, su compañera habría podido beneficiarse de una baja por maternidad.

En la vida cotidiana, por fortuna, los casos de evidente discriminación relatados ante la APGL son escasos y la educación de los niños se lleva a cabo sin mayores problemas. Además, los nombres de ambas madres aparecen en el expediente del asistente maternal y en el centro médico les consideran como una pareja más de padres. Y todo fluye de manera normal.