El barbero de Sevilla pone sus barbas a remojar

Artículo publicado el 27 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 27 de Febrero de 2007
Hoy en día, los jóvenes no van a la Ópera. El congreso Días Europeos de la Ópera, en París, busca soluciones para que nos pique más el gusanillo del bel canto.

A sus 400 años de edad, le cuesta adaptarse a los gustos de los jóvenes. El 24 de febrero de 1607 se representó por vez primera la ópera Orfeo, de Monteverdi, siendo considerada como la primera ópera de la História de la Música. Cuatro siglos después, la “Fábrica de los Sentimientos”, como describió a esta disciplina el escritor y realizador alemán Alexander Kluge, está en peligro de asfixia. La Ópera se preocupa por los jóvenes. Ya no van tanto a escuchar La Flauta Màgica de Mozart o la Traviata de Verdi.

Un tercio tiene entre 55 y 64 años

La juventud fue, por tanto, el tema central de los Días Europeos de la Ópera, acontecimiento organizado por la asociación Opera Europa a mediados de febrero en el teatro parisino de La Bastilla. Durante un fin de semana, se reunieron directores artísticos y aficionados a la ópera de más de 100 teatros musicales del continente europeo.

Se buscaron ideas para atraer al público joven. Las cifras hablan por sí solas. Es cierto que los escenarios no sufren problemas de asistencia, pero también lo es que casi un tercio de los espectadores tiene entre 55 y 64 años, según un estudio elaborado por Opera Europa en nueve teatros musicales europeos.

iPod contra ópera

Es más, la mitad del público está formado por directivos de empresas y gente adinerada. Sólo uno de cada diez espectadores es estudiante. Los mayores son fieles abonados a este espectáculo, mientras los jóvenes sólo van de forma esporádica. El problema más inmediato son los precios. Entre los jóvenes, la ópera tiene la fama de ser demasiado cara. No es de extrañar, pues su precio medio es de 60 euros.

El tema, sin embargo, no es tan simple, pues los grandes teatros de ópera ofrecen a los jóvenes muchos descuentos desde hace tiempo. “Los precios son una cosa y la motivación de los jóvenes es otra distinta”, comenta Philippe Agid , consejero en grandes producciones culturales y en temas de gestión empresarial, así como escritor de un libro sobre la ópera de París. “Si un joven quiere comprarse un iPod, lo hace. La cuestión es por qué no se compra por el mismo dienro una entrada para la ópera”.

Clases de canto interactivas

“El problema es que los jóvenes de hoy están rodeados de ventajas y de estímulos en muchas direciones”, explica Achim Thorwald, director artístico del Teatro Nacional Baden, en la ciudad alemana de Karlsruhe. “Hace 50 años no había todo lo que tienen hoy.” De modo que la ópera busca abrirse a todos los medios de comunicación. En París, el tema de la importancia de Internet se toma muy en serio.

El escritor francès Jacques Attali, durante su discurso de inauguración de estas jornadas, hizo un llamamiento a la gente del mundo de la ópera para adaptarse a Internet. Gracias al Web 2.0 y a proyectos como MySpace y YouTube, los usuarios pasan de ser simples espectadores pasivos a ser actores creadores de contenidos. De este modo, el proyecto “Inside Out” de la Ópera Nacional inglesa intenta motivar a un nuevo público para la ópera. En la web del proyecto se pueden dar clases de canto interactivas. La gente puede enviar sus arias a otros usuarios y puntuarlas. También se pueden contemplar ensayos en directo, redactar comentarios sobre la última producción de la Ópera Nacional, y hasta los cantantes tienen blogs donde informan acerca de sus ensayos.

Domingos para toda la familia

A pesar de todo, los empresarios del mundo de la ópera se muestran reservados. “La experiencia directa es la ventaja que ofrece la ópera en estos tiempos de virtualidad”, opina Kaspar Bech Holten, el joven director de la Ópera Real de Copenhague, con motivo de un debate sobre "Ópera y Tecnología Moderna”. En realitad, la ópera, según Holten, es por definición un medio interactivo, pues se dirige de forma directa a los sentimientos de los espectadores. Por eso recomienda a los jóvenes que vayan a la Ópera como quien va a clase de gimnasia del sentimiento: “¡acudid a la Ópera! ¡Allí podréis entrenar vuestros músculos del amor del odio o de la envidia!”

Achim Thorwald también se muestra convencido de que se ha de buscar el contacto directo para hacernos ir a la Ópera. “En Karlsruhe organizamos clubes de jóvenes y fiestas para los nuevos estudiantes de la universidad”, explica. Incluso se montan los “Domingos en familia”. Mientras los padres van a la Ópera, los hijos pueden participar en un taller sobre la representación. “Los padres salen sorprendidos de la sesión al percatarse de que sus hijos han vivido la música como ellos”, comenta Thorwald satisfecho.

En los teatros alemanes de talla mediana cuesta cada vez más invertir en estos proyectos. “Falta el dinero y el apoyo político”, denuncia Thorwald . “Si examinamos la situación europea, los países en los que el Estado recorta más estas subvenciones son Alemania e Italia”, asegura Philippe Agid. Una situación que difiere de un país a otro. “En Francia a los teatros no les va nada mal, y en España en la actualidad se vive una fase de gran expansión. Lo importante, según Agid, es que a pesar de los presupuestos limitados, se produzca buena cultura. “Al fin y al cabo, es una cuestión de gestión inteligente”.

Foto portada: Claudia Meyer/ StockXchange