El 'Brexit' y las reticencias de la izquierda política

Artículo publicado el 21 de Junio de 2016
Artículo publicado el 21 de Junio de 2016

[OPINIÓN] La retórica dominante en el debate sobre el 'Brexit' se centra principalmente en el miedo y en las ilusiones vanas. Para una minoría de la izquierda británica, sin embargo, el referéndum plantea un dilema poco estimulante. 

El referéndum sobre la permanencia en la UE está dividido en tres opiniones: los partidarios de permanecer, los que desean abandonarla, y los indecisos. A lo largo y ancho del paisaje audiovisual británico, los portavoces de las campañas pro y contra UE, David Cameron y Boris Johnson respectivamente, han basado sus mensajes sobre argumentos defectuosos, recurriendo al alarmismo y al cruce de críticas personales.

Por lo general, a los medios informativos les ha bastado con dirigir el micrófono hacia el conflicto entre conservadores, dejando que los chillidos perforen los oídos del público. En este contexto, no es de extrañar que la población haya exigido sin cesar a los políticos que pongan sobre la mesa datos concretos.

Los tres puntos de vista dominantes

Para aquellos de ideología derecha que defienden una permanencia, los motivos son principalmente económicos. Los intercambios comerciales con el resto de miembros de la UE benefician a la economía británica. El consumidor se aprovecha de los productos de importación a bajo coste, y las empresas, de la exportación.

Un vídeo de la campaña "Gran Bretaña es más fuerte dentro de la UE", liderada por David Cameron

Sin embargo, la opinión es distinta en el sector más a la derecha, cuyo argumento preponderante es la inmigración. Abandonar la UE permitiría a Gran Bretaña cerrar el grifo de la inmigración europea. Asimismo resaltan el déficit democrático latente de la UE; el hecho de que su poder ejecutivo (la Comisión) no se elige, y que su poder legislativo (el Parlamento), donde la participación raramente supera el 20%, apenas dispone de poder .

La mayor parte de la izquierda es partidaria de la permanencia, y señala que la UE ha sido garante de la paz entre sus miembros durante más de medio siglo. Consideran además que la UE puede impulsar políticas progresistas de una forma más abierta y democrática, creando así una Europa social al servicio del ciudadano y no sólo de las grandes empresas .

Optimismo ciego

Por desgracia, el argumentario de izquierdas para defender la permanencia se sostiene sobre los inestables cimientos del optimismo. No nos engañemos, la UE no es una fuerza colectiva de carácter progresista. Si bien es cierto que la intención de algunos de sus creadores era dotar a Europa de una orientación social, destinada a los ciudadanos y los trabajadores, la idea nunca llegó a materializarse.

La concepción original de la UE consistía en integrar algunos aspectos económicos de los Estados miembros, con el fin de crear una interdependencia que asegurase la paz. La eficacia de esta idea está demostrada, aunque no sea válida para explicar qué papel juega la EU cuando sus países miembros emprenden guerras fuera del continente. La desunión y la ausencia de una política concreta son responsables de la agravación de la crisis humanitaria. En el plano social, la debilidad del Parlamento Europeo propicia una polarización en constante aumento, que hace crecer las tendencias nacionalistas en el seno de muchos países

Los acontecimientos recientes han sacado a la luz los defectos estructurales de la UE. La crisis económica ha puesto de manifiesto el poder que ostenta un ejecutivo anti-democrático, aliado de la troika en el castigo a Grecia. Entre las medidas impuestas se encontraban la imposición de la austeridad, la demolición del sector público (la privatización y la liberalización son políticas comunes impuestas por la UE), y la exigencia de rescate de los bancos, algunos de los cuales vendían activos tóxicos a sabiendas, con el dinero dado a Grecia para evitar su bancarrota.

¿Una Unión Europea para el pueblo?

Alguien le preguntó una vez a Gandhi cuál era su opinión sobre la civilización occidental, a lo que éste respondió: "creo que sería una buena idea".  Yo, como otros muchos, quiero una UE al servicio del pueblo, y no de las grandes compañías. Quiero solidaridad paneuropea, frente a una vuelta al nacionalismo. Una Europa colectiva  y democrática que ofrezca ventajas económicas y sociales para todos – en especial a los más vulnerables – en vez de desmantelar el sector público y la seguridad social, que son el refugio de muchos.

En las instituciones europeas en Estrasburgo hay carteles que promulgan: "Democracia, Derechos Humanos, Imperio de la Ley". Aunque el disfrute de estos privilegios pueda parecer limitado en la UE, no olvidemos que no son patrimonio exclusivo de los europeos. Se trata de tres derechos fundamentales universales, a los que deben tener acceso igualmente aquellos que huyen de sus hogares en busca de seguridad y que vienen a Europa dando por hecho que aquí sí se defienden los derechos humanos y el acceso a una vida digna y en paz.

Un portavoz de los refugiados dijo no hace mucho en Estrasburgo: "La gente huye por dos razones. Los hay que buscan una vida mejor. Otros buscan simplemente poder vivir". La UE está fallando a ambos grupos, hasta tal punto que siento vergüenza de formar parte de dicha Unión.

¿Un desenlace en clave de izquierdas?

Una salida de la UE por parte de la izquierda política se haría de mala gana. El grupo se encuentra en una tesitura incómoda, reticente a la salida si ello implica que el gobierno conservador se pase cuatro años destruyendo los derechos y protecciones sociales de los que los británicos disfrutan gracias a la UE.

Un video publicitario de la campaña "Vote Leave" [Vota abandonar])

Sin cambios estructurales en la arquitectura de la EU, y si continúa el trato inhumano hacia algunas de las personas más vulnerables del planeta, abandonar no supondría una gran decepción.

Si bien es cierto que  los brotes nacionalistas y antiinmigración florecen en muchos países europeos, la izquierda también ha experimentado un desarrollo en España, Portugal, Grecia y en el partido laborista británico con Corbyn. Cabe esperar que estas tendencias emergentes de izquierdas se desarrollen e interactúen. Con todo esto, para un paneuropeo crítico con la UE, el referéndum plantea un dilema poco estimulante.

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Artículo publicado por el equipo local de cafébabel Aarhus.