El Budapest de Orbán de la mano de los sintecho

Artículo publicado el 8 de Febrero de 2013
Artículo publicado el 8 de Febrero de 2013
Quien quiera conocer Budapest desde una perspectiva diferente puede dejarse guiar por los sintecho y las casas okupadas. La capital húngara a través de su historia social.

Fogasház, uno de los múltiples locales en ruinas del barrio judío de Budapest, es el punto de encuentro. Está programada una visita alternativa de la ciudad que acabará en el salón de algunos de sus habitantes. Un circuito al aire libre encabezado por Attila Takács, de 52 años, de imponente bigote, cola de caballo, carrera en Informática y sintecho. Nadie sabe con certeza cuántos indigentes viven en Budapest. Las estadísticas oficiales hablan de 1.600 aproximadamente. Los trabajadores de la fundación Menhely (en húngaro, asilo) hablan de cifras de cinco dígitos. Esta entidad no solo se dedica a mantener comedores y albergues en la capital húngara, sino que también organiza cuatro o cinco veces al año visitas a la ciudad guiadas a través de los sintecho.

Puedes echarle un vistazo a nuestra galería: Budapest: futuro de crisis.

Nuestro grupo, de más o menos diez personas, se pone en movimiento. Primero cruzamos la calle, atravesando el mercado entre Akácfa utca y Klauzál tér. Allí tiene lugar la primera parada. Takács señala un impresionante edificio de ladrillo vacío. La situación aquí era “medio legal, medio ilegal”, asegura. Personas con y sin hogar habían hecho de este sitio su alojamiento. Como okupas modélicos, organizaban conciertos y atraían a un público muy diverso. Incluso ofrecían clases particulares de inglés, español o historia para niños con dificultades en el barrio, que, de no poder asistir, hubieran estado en la cercana Klauzál tér vagabundeando y armando jaleo. “Era una maravilla”, sigue diciendo con entusiasmo Takács. Sin embargo, era solo medio legal: la casa era de propiedad privada y en algún momento tenían que salir. Para llamar la atención sobre sus circunstancias, en enero de este año los sintecho y sus simpatizantes okuparon una casa vacía en el centro de la ciudad. La acción terminó cuando los desalojó la policía.

La visita continúa hacia Blaha Lujza tér, una de las calles más transitadas de la ciudad. Es una especie de lugar de recuerdo para los indigentes de Budapest. Cuando la MÁV —la compañía nacional de ferrocarriles de Hungría— cerró los pasos subterráneos en 1989, se reunieron aquí para hacer una sentada. Eso marcó también el inicio de la fundación Menhely, que consiguió colocar una placa en recuerdo de esta manifestación. En sitios como este, los sintecho no están bien vistos y, para corroborarlo, los dirigentes de la ciudad han puesto en marcha sus propias soluciones. Después de 20 años bajo la dirección de los liberales, en 2010 llegó al ayuntamiento de Budapest István Tarlós, un hombre del partido conservador Fidesz, formación que llegó hace dos años al parlamento con una mayoría de dos tercios y que desde entonces ha manejado el país según su propio capricho.

La capital tampoco se ha librado del nuevo reparto de poderes. Las plazas y las calles cambiaron de nombre en un tiempo récord. Ya no todos son bienvenidos en el centro. Los sintecho fueron desapareciendo, primero, de las estaciones de metro; luego, de las plazas públicas. Quien vagabundee o duerma en los bancos, se arriesga a una multa que asciende hasta los 500 euros. Una suma utópica que ni siquiera un húngaro con un salario medio se podría permitir sin ingresos adicionales. Las autoridades habían alcanzado su objetivo: no habían creado ninguna alternativa, pero al menos los sintecho se habían ido —la mayoría, por lo menos—.

Solo en unos pocos se puede observar que son sintecho, lo que no quiere decir que vivan necesariamente en la calle. Attila trabaja —sin compensación económica alguna— en una pequeña cadena de radio, donde ejerce de técnico o redactor, según lo que haga falta. La redacción también le sirve de lugar donde dormir. Cuando se le pregunta si eso quiere decir que no es realmente un indigente, contesta con aspereza: “Yo no llamaría vivienda a un estudio de diez metros cuadrados”. No obstante, sabe de sobra que ha tenido peores momentos. Un par de malas decisiones empresariales dejaron a este informático sin medios de subsistencia en 2007. Vivió durante medio año en la calle, incluyendo un duro invierno: una época que todos los años se cobra víctimas entre los sintecho, quienes mueren congelados.

Attila nos muestra las ideas que se le han ocurrido a la Administración en la siguiente y última parada de su visita. Nos quedamos delante de un supermercado situado entre las afueras de la ciudad y Wesselényi utca. Attila señala los tubos de la calefacción: “Para que nadie pueda acostarse aquí han puesto tuberías extra”. Los albergues nocturnos de la capital pueden dar cobijo solo a algunos sintecho, en ningún caso a todos, “así que hay que hacer cola y quien no consiga sitio, mala suerte”.

Las visitas guiadas por personas sin hogar se organizan varias veces al año en intervalos irregulares. Es necesario reservar plaza a través de www.menhely.hu. Asimismo, se puede realizar en inglés o alemán. La visita guiada es gratis; sin embargo, se agradecen las donaciones.

Fotos: © Daniel Kaldori.