El bulldog británico vuelve a ladrar

Artículo publicado el 26 de Julio de 2005
Artículo publicado el 26 de Julio de 2005

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Los atentados de Londres le han imprimido al Reino Unido un nuevo sentido de su propia identidad. Una buena noticia para los británicos quizás, pero no tanto para el resto de Europa.

Hasta tiempos recientes, el Reino Unido se hallaba sumergido en una crisis de identidad. El otrora constructor de imperios era simplemente incapaz de relocalizar sus características definitorias en el mundo de hoy. Sin embargo las dos últimas series de atentados en Londres han revitalizado la cohesión social que tanto había faltado. Los ataques han traído un nuevo sentido del patriotismo, pero también xenofobia.

¡Viva Gran Bretaña!

Los británicos han encontrado en los musulmanes extremistas un nuevo enemigo común. Lo que antes era una organización lejana ahora es gente de a pie que vive, respira y ataca en suelo patrio.

El país siente una amenaza verdadera y su reacción ha sido la de enrocarse entorno a la bandera. Los tristemente célebres tabloides británicos han colaborado a reforzar esta reacción instintiva con titulares como los del Daily Mail: "La ciudad del miedo" o "El Reino Unido atacado".

El orgullo nacional se exacerba por todo el país. La Union Jack (apelativo de la bandera nacional) ondea omnipresente, desde el Palacio de Buckingham hasta en los pubs de pueblo. La gente admite de buena gana que están muy -incluso extremadamente- orgullosos de la respuesta de la nación ante los atentados. La popularidad del primer ministro ha aumentado. Jessica Jameson, desde Londres, sintetiza muy bien el sentimiento popular con su comentario en la página web de los noticiarios de la BBC: "Deberíamos sentirnos todos orgullosos de que bajo tan trágicas circunstancias el país se pueda unir y luchar contra el terrorismo".

El contragolpe nacionalista

Este renovado orgullo nacional tiene su lado oscuro: un alarmante aumento de la xenofobia. La población desconfía cada vez más de los "forasteros". La televisión y la radio emiten reportajes mostrando que el Reino Unido recela cada vez más de su considerable población asiática (asiático en ingles británico alude a los indios, paquistaníes..., no a los chinos o japoneses). Esta actitud xenófoba consentida no sólo se dirigirá contra las gentes de otros continentes.

Muchos británicos ya veían su propio país como muy diferente al resto de Europa. Los atentados de Londres harán que estos se vuelvan más hostiles ante cualquier organización política o económica basada en el extranjero que influencie la política británica, la más notable de ellas, la Unión Europea. Un euroescepticismo mayor se traducirá en que el gobierno, actualmente en la presidencia de la UE, va a tener que limitar la agenda de reformas que tenía en mente para Europa a los campos que los británicos parecen apoyar, esto es, a la seguridad.

Triste pero cierto, el británico medio asocia Europa con "pérdida": pérdida de identidad, pérdida de cultura y en especial con pérdida de poder. Es por lo tanto harto improbable que tras estos ataques el ladrador bulldog británico intente buscar consuelo en el terrier europeo.