El caos político reina en Libia

Artículo publicado el 5 de Agosto de 2014
Artículo publicado el 5 de Agosto de 2014

Entre enfrentamientos armados y desacuerdos poblacionales, los tres gobiernos que se han instalado en Libia desde el 2011 no han logrado unificarla, y la idea de restablecer una monarquía constitucional se empieza a escuchar con fuerza en el debate público.

Las milicias armadas libias, quienes poco a poco van asumiendo el control del país, ignorando así a las autoridades locales, han levantado una nueva ofensiva durante los pasados 13 y 14 de julio y han tomado por blanco, asistidos por decenas de cohetes, el aeropuerto de Trípoli. Desde entonces, éste ha sido atacado casi cada día por las milicias del país, unos combates que se han extendido ya a todos los rincones del territorio libio.

Los límites de la ayuda internacional

Aunque la mayoría de los países occidentales alientan a sus ciudadanos y sus cuerpos diplomáticos a abandonar el país lo más pronto posible, el gobierno de Libia le sigue el rastro a la ayuda internacional. "Las Naciones Unidas han votado por una resolución en el 2011 para apoyar el pueblo de Libia contra el régimen, por ende el primer paso fue ir a la ONU para que ellos nos ayuden a restablecer el orden", declaraba hace varios días el porta-voz del gobierno de Libia, Ahmed Lamine.

Por el momento, la ONU se ha conformado con retirar sus tropas por motivos de seguridad. Una mala noticia para el gobierno libio que finalmente pudo haberse beneficiado de la presencia internacional. Si la ONU y la comunidad internacional intervienen, las autoridades libias esperan la instalación permanente de una fuerza policiaca, de un ejército y de instituciones estables con el propósito de restablecer el orden en el país. La intervención de la ONU podría rendir grandes frutos, pero solamente a corto plazo. La situación actual es ya en sí misma una consecuencia de la ayuda occidental del 2011 para derrocar al antiguo dictador, Muamar Gadafi. Un golpe de Estado cuyos efectos a largo plazo aún se perciben muy lejos de los esperado por el pueblo libio. La falta de una continua ocupación por parte de las fuerzas internacionales fue finalmente motivo de una esperanza nacida allí hace años y la situación del país no había sido criticada hasta hoy día.

Una democracia occidental inerte

Desde el derrocamiento de Gadafi en el 2011, la situación continúa deteriorándose cada vez más. Las principales ciudades del país se escapaban de las autoridades y las rebeliones se multiplicaban, especialmente en Bengasi y Derna. El pueblo libio, que cuenta con alrededor de 150 tribus, se organiza poco a poco por regiones divididas en barrios controlados por milicias armadas. Una cosa de la que todo el mundo parece acordarse: el gobierno de Abdallah al-Theni, Primer ministro interino libio, fracasó en la instauración de un Estado sólido y legítimo.

El pasado junio, el poder legislativo no logró movilizar más que 630000 personas, es decir, solamente el 42 % de las personas inscritas. Estos últimos no eran más que 1,5 millones, contra 2,8 millones para la elección del Congreso Nacional General (CNG). El pueblo se ha mostrado verdaderamente reacio a participar en esta democracia instalada por Occidente, cuya Asamblea constituyente no ha podido ser elegida en su totalidad. Desde el pasado febrero, fecha de esta elección, 13 de los asientos aún no han sido provistos. La pregunta de la legitimidad de una autoridad que ha sido designada por una parte tan pequeña de la población ha surgido no tan solo alrededor del país, sino también del planeta, y se hace escuchar constantemente a través de los grupos disidentes.

La alternativa de una monarquía constitucional

"El retorno a la monarquía (constitucional) al-Senussi se ha empezado a dibujar como la solución, garantizando así el regreso de un ambiente seguro y estable (...) Los acercamientos ya se han realizado, y nosotros representamos el puente entre los dignatarios y los jefes de tribus en Libia". El pasado 25 de marzo, durante la cumbre número 25 de la Liga de los Estados Àrabes, el ministro libio de Asuntos Extranjeros, Mohamed Abdelaziz, presentaba la idea de una restauración de la monarquía constitucional para conseguir la cohesión del país. Una tesis que parece sorprendente, pero que al mismo tiempo no tiene nada de absurda.

Respetada por todo el país, la familia al-Senussi es la única institución que ha podido unir el pueblo en su totalidad, especialmente gracias al establecimiento de zaouïas (centros espirituales y sociales) en las 3 principales regiones libias: CirenaicaTripolitana y Fezán. Tres regiones que continúan fragmentándose hoy día. La gran influencia de la familia al-Senussi se extiende más allá de las fronteras libias, desde Egipto hasta Chad, pasando por Sudán y Arabia Saudita. Poco después de la proclamación de la República árabe libia de Gadafi, el nuevo gobierno puso a la familia al-Senussi bajo vigilancia hasta 1984, año en que su hogar fue quemado, forzando a los al-Senussi a huir al Reino Unido. Un exilio que hoy día les concede una gran influencia diplomática con Occidente.

La familia al-Senussi es sin duda un símbolo de la unidad nacional libia, pero ¿un restablecimiento de la monarquía constitucional no sería una vuelta al pasado? Cabe recordar que fue bajo el reino de Idris primero (miembro de la familia al-Senussi) que se redactó la Constitución libia de 1951, considerada aún como uno de los documentos más influyentes de la historia libia. Redactada por las 3 provincias libias y partiendo de una resolución por parte de la Asamblea general de las Naciones Unidas, el documento transformó la nación en un estado federal libre, pero sobretodo unido. ¿Podría ser algo provechoso el retorno al pasado?Quién sabe. Para la periodista Saleha al-Mesmari, del diario digital Magharebia, "si [la familia al-Senussi] puede proveernos seguridad y paz, ¿por qué no?". "Proveer seguridad" en una Libia trastornada por años de violencia e inestabilidad parece ser el punto culminante de este debate, al que seguramente no se encontrará una respuesta en poco tiempo. Sin embargo, una cosa es segura: el pueblo libio está hoy día en plena búsqueda de una autoridad capaz de unificar el país, pero éste claramente no parece ser el caso del gobierno actual.