El cierre patronal en el siglo XXI: la injusticia social en Irlanda

Artículo publicado el 16 de Octubre de 2013
Artículo publicado el 16 de Octubre de 2013

La reciente conmemoración del cierre patronal de 1913 en Dublín consiguió retratar con éxito las injusticias sociales del pasado en Irlanda, pero dejó claro que todavía no se han reconocido las del presente

La gente se congregó el sábado 31 de agosto en O’Connell Street, en el centro de Dublín, para participar en la conmemoración oficial del 100 aniversario del cierre patronal de 1913 (Dublin Lock-out), momento histórico en el que empleadores despiadados despidieron a trabajadores sindicados de sus puestos de trabajo en la capital irlandesa para frenar el movimiento sindical que estaba surgiendo. Este evento se organizó en solidaridad con la lucha por los derechos sociales en el pasado.

¡Menudas pintas!

Haber estado presente el 31 en Dublín fue una experiencia única para los amantes de los trajes de época y del teatro histórico. A veces daba la impresión de estar presenciando una representación de Sherlock Holmes al aire libre. Hubo actuaciones musicales, lecturas de actores irlandeses de fama e incluso una reconstrucción del cierre patronal de 1913, en el que los participantes se vistieron con ropa que imitaba la de la época. Los diarios del domingo estuvieron repletos de imágenes de trabajadores con pantalones bombachos, mujeres con sombreros vistosos y policías con uniformes anticuados. ¡Menuda pinta teníamos todos!

En muchas ocasiones se reflejó el pasado, pero hubo poco debate acerca del presente. Los políticos no ofrecieron discursos impactantes y no se hicieron muchas comparaciones entre la situación social de la Irlanda preindependiente de 1913 y la Irlanda de la poscrisis de 2013. El acto estuvo marcado por un minuto de silencio que resultó ser más llamativo que solemne. Algunos sí que compararon el ardor del pasado con la apatía del presente. Paddy Malone, espectador desde Islandbridge en el centro de Dublín, destacó: «nos quejamos de la crisis financiera en los pubs, pero no nos alzamos para defender nuestros derechos como lo hicieron nuestros antepasados.»

El pasado es un país diferente

Es cierto, el centro de Dublín de 1913 no tenía nada que ver, en muchos sentidos, con la capital moderna de la Irlanda actual. Las condiciones de las viviendas dejaban mucho que desear y, por aquel entonces, se consideraban como unas de las peores en Europa Occidental. Había 20.000 familias en la ciudad de Dublín que vivían en vecindades compuestas por habitaciones individuales y la tuberculosis se disparó entre los pobres.

Fueron estas condiciones extremas las que provocaron que surgiera la política socialista radical, en un país marcado anteriormente por el conservadurismo y dominado por la Iglesia católica. Jim Larkin y James Connolly, los líderes del sindicato irlandés de trabajadores del transporte, que fueron trabajadores prominentes en la ciudad industrial de Belfast, empezaron a integrar a los trabajadores pobres de Dublín en sindicatos para mejorar sus condiciones sociales. Cuando los empleadores ricos dublineses, al mando del famoso magnate mediático William Martin Murphy, despidieron y dejaron sin trabajo a más de 300 trabajadores en julio de 1913, Dublín se hundió poco a poco en el caos y en más privación. Tres personas murieron víctimas de la brutalidad de la policía y un sinnúmero sufrieron muerte prematura tras quedarse sin ingresos. A principios de 1914, los trabajadores de Dublín, al borde del hambre, volvieron de mala gana a sus puestos de trabajo y se comprometieron a no formar parte de ningún sindicato.

La huelga se interrumpió, pero la gente se radicalizó, politizó y el principio de solidaridad se instauró de manera firme. A pesar de la crítica mordaz por parte de los medios de comunicación influyentes, la resistencia de los huelguistas y la justicia de su causa capturó la imaginación del pueblo irlandés.

La pobreza del pasado puede resultar difícil de digerir; era más cruel, más cruda. Tal como escribió el novelista británico Leslie Poles Hartley: «el pasado es un país diferente». Puede que la situación de los trabajadores y las trabajadoras en la Europa de 2013 difiera en muchos aspectos de la de 1913, pero hay dos elementos que siguen siendo constantes: hay mucha pobreza y los pocos privilegiados siguen dominando a la sociedad, a los medios de comunicación tradicionales y a la economía.

permanecer en silencio

La pobreza real, tangible y desesperada ha vuelto a surgir en Europa desde el inicio de la crisis financiera. 120 millones de personas están en el umbral de la pobreza o de la exclusión social y 150 millones viven en hogares en los que nadie trabaja. Para aquellos que reivindican que la pobreza del siglo XXI es subjetiva, hay dos datos estadísticos que parecen ser ciertos: actualmente, en Europa hay 43 millones de personas que no pueden permitirse el lujo de alimentarse de manera adecuada y al menos 4,1 millones de personas no tienen un hogar donde vivir.

Sin embargo, no solo ha sido el desempleo el que ha llevado a los europeos a la pobreza. El subempleo y la calidad escasa de los trabajos han subido, ya que los empleadores se aprovechan de una mano de obra desesperada y dispuesta a aceptar cualquier tipo de trabajo. Algunos no pueden acceder al sistema, mientras que otros se quedan atrapados en él. En Berlín, la capital de la economía más desarrollada de Europa, se comenta que los jóvenes trabajan por tan poco como 55 céntimos por hora.

La pobreza actual en Dublín, como en muchas otras ciudades europeas, no está tan patente como en 1913. Si das una vuelta por O’Connell Street, verás a niños bebiendo refrescos y jugando con iPhones. No obstante, la pobreza está ahí, relegada a las esquinas, los callejones oscuros y los contenedores de basura. Todos sabemos que está ahí, pero la mayoría de nosotros no hace nada. Estamos demasiado bien para permanecer en silencio.