El cine macedonio: La lucha de jóvenes realizadores por desenterrar historias

Artículo publicado el 1 de Septiembre de 2011
Artículo publicado el 1 de Septiembre de 2011
Veinte años después de la independencia de Macedonia, jóvenes realizadores de películas documentales vuelven a retratar su país.

Un taxista nos lleva desde el aeropuerto hacia Skopie a través de parajes de casas a medio construir. ¿Conoce alguna película macedonia? Ha visto Before the Rain, de Milcho Manchevski (1994). La película ha ganado más de 30 premios en todo mundo e incluso estuvo nominada a un Oscar. ¿Alguna más? Desde la independencia de Macedonia en 1991, el país ha tenido otras cosas de qué preocuparse. Como más tarde diría el realizador de películas documentales Atanas Georgiev, el séptimo arte “ha caído en el hoyo”.

A pesar de ello, los documentales cuentan con una larga tradición en Macedonia: en 1905, una década después de que los hermanos Lumière filmaran por primera vez escenas de la vida diaria, los hermanos Manaki retrataron tanto lo cotidiano como lo peculiar con su cámara de vídeo de 35 mm Bioscope 300. Fueron pioneros en los Balcanes. Tras la Segunda Guerra Mundial, los realizadores de cine de autor macedonios empezaron a hacerse un nombre. “Bajo el Gobierno yugoslavo, el Ministerio de Cultura era quien dirigía la producción cinematográfica nacional, y Vardar Film, la única productora cinematográfica por aquel entonces, la llevaba a cabo”, explica Vesna Maslovarik, experta en cine de la filmoteca nacional de Macedonia. “No obstante, la elección del tema y el enfoque estético se dejaban por completo en manos de los directores”. Ha mandado traer del archivo toda una pila de DVDs para que pueda verlo con mis propios ojos. Efectivamente, los documentales cortos de Branko Mihajlovski, Meto Petrovksi o Trajce Popov impresionan por su originalidad estética. Por Dae (1979) –una descripción poética de los rituales gitanos similar a una balada que describe los rituales de Sinti&Roma–, el realizador Stole Popov incluso recibió una nominación para el Oscar en 1980.

En la actualidad, un puñado de cineastas lucha por una representación artística diferente de las gentes e historias de Macedonia. Marija Dzidzeva es una de ellos. Sus oscuras ojeras se deben a que está trabajando en el canal infantil de televisión y en varios proyectos cinematográficos a la vez. A pesar de todos los obstáculos, está convencida de que en Macedonia las historias pueden desenterrarse. “Las personas y sus historias, los colores y los paisajes, la música...”, enumera entusiasmada. Planea hacer una serie de diez documentales inspirados en noticias de actualidad. Su película Look at the Life through my eyes (2008) surgió porque una empresa farmacéutica desechó medicamentos antiguos en un apartado pueblo albanés y los niños enfermaron. Abordó la película de una manera casi antropológica, a lo largo de más de tres años vivió durante varios meses con una familia de ese pueblo, entrevistó a una madre de cinco hijos sobre su vida, deseos y esperanzas. Puesto que el marido no permitió que se mostrara la cara de su mujer, sólo se ven sus ojos. El hecho de que una mujer musulmana tuviera la posibilidad de hablar en una película ya es en sí todo un acontecimiento.

Huir de las estrecheces

Según Biljana Garvanlieva, Macedonia es un lugar complicado para trabajar.Vive en Berlín, pues “cuando Belgrado fue bombardeado en 1999, no quería verme en medio de ese conflicto. Por otro lado, tenía que salir de Macedonia, porque allí no podía realizarme como artista”. Esta sincera realizadora intenta combatir los estereotipos sobre mujeres y niñas de su país. En sus películas no son víctimas de matrimonios concertados o de abusos sexuales, sino activas heroínas. Un ejemplo de ello es Emilija en la película Die Akkordeonspielerin (2006), una joven música dotada de talento y ambición a la que le gustaría tocar el acordeón sobre escenarios internacionales y no actuar simplemente en bares. Necesitaría un instrumento más nuevo y mejor, pero sus padres no pueden reunir los 6.000 euros. “No veo ningún futuro aquí. ¿Cómo podría progresar en este sitio? ¿Cómo mostraré al mundo lo que sé hacer?”, le oímos preguntarse frustrada. Vencer las dificultades, encontrar su sitio, abandonar el país de origen para poder cumplir sus sueños. “Ésta ha sido también mi historia”, dice Biljana Garvanlieva.

Plataforma para la nueva generación de cineastas

Con la creación en 2008 del Macedonian Film Fund (Fondo para el Cine Macedonio), se han abierto nuevas posibilidades para reactivar el panorama cinematográfico del país. En el edificio oscuro que antaño utilizó Vardar Film, el director Darko Basheski y su equipo han empezado a trabajar. En 2011 se contó con un presupuesto de 1.788.618 euros para subvencionar películas de largo y corto metraje, documentales y proyectos de animación. Entre 2008 y 2011 se pudo realizar un total de 31 proyectos de películas documentales, mientras que antes se hacían de una a dos producciones al año.

Todavía cansado por los agotadores días del Festival Internacional de Cine Karlovy Vary, Darko Basheski nos informa de su estrategia de proporcionar una plataforma especialmente para jóvenes realizadores. Las coproducciones internacionales y del sudeste de Europa deberían promoverse, y su distribución y promoción, financiarse. En su opinión, Macedonia tiene que aprovechar su potencial para la industria cinematográfica: distancias cortas, bajos costes de producción, personal especializado... En El aviador (Martin Scorsese, 2004), los efectos visuales estuvieron a cargo de especialistas macedonios, y El pacificador (Mimi Leder, 1997) se rodó parcialmente en Macedonia.

Documentales para contribuir a una sociedad mejor

¿Los documentales artísticos reúnen público en Macedonia? El festival MakeDox! realiza desde 2010 un trabajo pionero en este sentido. Kirijana A. Nikoloska y Petra Seliskar son las directoras y fundadoras del festival y conciben los documentales como una importante contribución a una sociedad mejor. Kirijana A. Nikoloska, quien en realidad es asistente social, explica: “Con nuestro trabajo contribuimos a un futuro en el que a nosotras mismas nos gustaría vivir.” Que este año no se presente ni un solo documental macedonio en el certamen por falta de nuevas producciones es significativo. Por eso son tan importantes los programas para escolares, los talleres para realizadores y el “travelling cinema” (cine ambulante), con el que el equipo de documentalistas proyecta películas en la plaza de lugares apartados de Macedonia. ¿Qué tipo de películas podrían gustarle entonces a los macedonios? Kirijana A. Nikoloska sabe exactamente cuáles: “Películas que se atrevan a hurgar en las raíces sin miedo a las consecuencias. Películas que te perturben a su manera, que hagan que te sobrecojas. ¡Puede que incluso te transformen contra tu voluntad!”. Las películas de Marija, Biljana y otros jóvenes realizadores de Macedonia sin duda lo hacen.

Este artículo forma parte de Orient Express Reporter 2010-2011, la serie de reportajes realizados por cafebabel.com en los Balcanes. Más información sobre Orient Express Reporter, aquí.

Imágenes: Fotos ©Sabrina Boudon; Tráiler de la película (cc)YouTube