El club de la hospitalidad: conocer mundo sin pagar hospedaje

Artículo publicado el 21 de Abril de 2009
Artículo publicado el 21 de Abril de 2009
Hospitality Club conecta viviendas de forma gratuita por todo el mundo para facilitar el intercambio cultural… ¡Y ahorrarse unos durillos!

Imagina que puedes girar el mundo sin tener que pagar por alojamiento, imagina que puedes compartir diferentes culturas con guías personalizados completamente gratis… Pues deja de imaginar como John Lennon porque, en plena crisis, se le puede dar la espalda a la frialdad de paquetes turísticos y disfrutar gratis. Desde el año 2000, casi 300.000 personas han viajado de una manera barata y fuera de los circuitos turísticos programados, gracias a la hospitalidad de los miembros de una red social que se extiende por los cinco continentes: www.hospitalityclub.org .

"Conocer una ciudad con alguno de sus habitantes permite un acercamiento mucho más real"

Marco Ugolini, italiano residente en Ámsterdam, forma parte de este peculiar hotel universal desde 2006. Por su casa, asegura, ya ha pasado cerca de una treintena de personas y no recuerda ningún aspecto negativo de tal hospedaje. Además, ha tenido la oportunidad de “vivir” gratis Estonia, Lituania, Brasil, Portugal o Polonia entre otros muchos países y repite: “sí, sí, vivir. Conocer una ciudad con habitantes de la misma permite un acercamiento a ese lugar mucho más real que el cumplimiento de una guía turística”.

Anna y Kristine son dos alemanas de 21 años que acaban de regresar a Berlín de Río de Janeiro, donde han sido los huéspedes de Andre, estudiante de Filosofía de Sao Paulo. Ambas se muestran “encantadas” con la experiencia ya que no podían imaginar que “hubiese algo más que un gran Cristo”. Sin embargo, insiste Kristine, “los arrabales de la ciudad es lo que realmente nos ha hecho conocer el modo de vida de Río, sus costumbres, su riquísima comida y la amabilidad de los brasileños”.

Inscripción y funcionamiento

Para inscribirse en esta web, los únicos requisitos son que el nombre y apellido del nuevo miembro en cuestión se correspondan con una dirección domiciliaria real. Aunque puedan surgir dudas sobre la fiabilidad y seguridad de este sistema de alojamiento, apenas se encuentran comentarios desfavorables en los foros de Hospitality Club. En cualquier caso, la propia organización, sin ánimo de lucro, recomienda que tanto anfitrión como huésped intercambien documentos identificativos para mayor tranquilidad. Ser miembro de esta red no implica aceptar todas las solicitudes aspirantes a la acogida, el derecho de admisión depende de la disponibilidad, ganas e impresión del anfitrión.

Clara FajardoUno de los apartados que más se consulta antes de convertirse en huésped es el de ‘Experiencias’, en él, tanto visitantes como lugareños dejan recogidas sus impresiones y valoraciones de cada uno de los hospedajes. “Un mal trago se paga con la reticencia de los demás usuarios a solicitar estancias venideras”, explica Simeon Morrow, neoyorquino de 26 años que aclara no haber tenido “jamás” problemas en su aventura hospitalaria. Simeon acaba de mudarse a Milán para finalizar sus estudios de dirección de orquesta y agradece formar parte de este club que no solo facilita alojamiento, sino contactos por todo el mundo. “Gracias a mis amigos de Hospitality Club he encontrado piso en esta gran ciudad en menos de una semana, algo milagroso en plena nevada lombarda”, confiesa sonriendo.

El único aspecto negativo, recalca Marco Ugolini, es que la mayoría de los miembros de Hospitality Club se encuentran en países desarrollados, “he probado en Asia y aún no he encontrado posibles anfitriones”.

Un proyecto de paz

La web nació en el año 2000 en Alemania, como un proyecto de investigación que Veit Kühne, estudiante de 22 años, llevó a cabo sobre la existencia de circuitos de intercambio con fines pacifistas generados desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, internet hace posible lo que antes con simples barreras fronterizas se solucionaba: la libre circulación de individuos. Su fundador asegura que el fin último de Hospitality Club es “promover la paz a través de un intercambio cultural”. Veit predica con el ejemplo, ha recorrido el mundo haciendo autostop y no parará hasta que Hospitaly Club llegue al millón de “socios”. El mayor temor de este alemán es que esta red mute y se incorpore a itinerarios comerciales. De momento, al igual que opina Marco Ugolini, Hospitality Club es toda una crítica a la industria del turismo, recordando las palabras de Sir Francis Bacon: “Los viajes son en la juventud una parte de la educación, y en la vejez, una parte de la experiencia”.