El club de los mileuristas

Artículo publicado el 13 de Junio de 2007
Artículo publicado el 13 de Junio de 2007
La juventud europea sigue la cadena: universidad, primer empleo, construir un futuro… Sin embargo, la generación sevillana de los “mileuristas” lo está teniendo difícil.

¿Tienes entre 22 y 40 años, un excelente currículum, educación universitaria, másters y hablas idiomas? ¿Quieres ganar 1.000 euros al mes? Eso es posible en la calurosa ciudad de Sevilla.

Elena García tiene 28 años, es licenciada en Historia, ha cursado un máster y habla tres idiomas. Lo único que puede encontrar es un trabajo temporal de teleoperadora con un suelo de unos 800 euros al mes. Lo mismo ocurre con Juan Salvador, de 32 años y recién casado, editor de televisión y gana 1.300 euros al mes con contrato temporal. Ambos forman parte de la generación “mileurista” que lucha por encontrar un trabajo fijo digno de su formación y por cobrar más de mil euros, a pesar de la reciente reforma del Gobierno, que trata de subvencionar a las compañías y pasar los contratos temporales a fijos.

Una vida menos costosa

El término “mileurista” se acuñó y entró a formar parte del lenguaje diario a raíz de una carta titulada Soy mileurista que apareció en el El País a finales de 2005. La autora es Carolina Alguacil, quien trabaja en una agencia de publicidad en Barcelona y no estaba satisfecha con que no pudiese ganar más de 1.000 euros a sus 27 años. Dos años de debate han generado varios artículos e incluso un libro de Espido Freire titulado “Mileuristas”.

“Mi sueldo bruto de 1.500 euros no es el problema”, comenta Manuel Guerrero, un periodista de 27 años. “Los precios de la vivienda son un robo a mano armada”. No es de extrañar que un piso de dos habitaciones en Sevilla cueste 600 ó 700 euros al mes, aunque los “mileuristas” ganen el salario mínimo de unos 600 euros. No pueden rechazar el empleo, “ya que cientos de personas están dispuestas a aceptarlo incluso por menos dinero”. A esto hay que añadirle el elevado número de inmigrantes en España (entre 4,5 y 5 millones llegados en menos de diez años), quienes en ocasiones están muy bien formados y van a aceptar un trabajo por mucho menos.

Este aumento en los precios de la vivienda obliga también a los jóvenes a permanecer más tiempo en el domicilio familiar, a menudo hasta pasada la treintena o hasta el matrimonio. “Estamos volviendo al siglo XV, con los matrimonios de conveniencia como única forma de poder emanciparse”, explica Guerrero. “El Estado no está respetando un derecho básico de la Constitución Española: el derecho a una vivienda digna.”

Esta situación no ha ayudado a reducir el envejecimiento de la población, con más de un 41% de mayores de 65 años y uno de los índices de natalidad más bajos de Europa, de 1,34 por cada mujer en 2005. Aquellos que se independizan, no pueden arreglárselas solos ni hacer todo lo que quisieran. “Si me voy de vacaciones es a ver a la familia o a la playa porque es más barato”, comenta David Garrido, de 28 años.

A más títulos, menos oportunidades

En España, sencillamente, hay demasiados jóvenes bien cualificados en comparación con el número de empleos con buen sueldo. Como en el resto de Europa, el período de posguerra supuso un baby boom que, sin embargo, duró una década más que en el resto de los países, hasta finales de los años setenta. Al aumentar la población, se vio que España poseía uno de los índices de alfabetización más bajos de Europa, siendo analfabeta el 8,5% de la población en 1970.

Fue una cuestión de cantidad, no de calidad, cuando el gobierno invirtió grandes cuantías en el sistema educativo para contrarrestar la situación. España cuenta con el mismo número de estudiantes universitarios que Alemania (alrededor de 1,4 millones) pero tiene la mitad de población (España: 45 millones, Alemania: 82 millones) “Durante los ochenta y finales de los noventa, la elevada tasa de desempleo hizo que la universidad se convirtiese en una salida fácil para que las familias colocasen a sus hijos”, recuerda el profesor Juan J. Dolado, del Departamento de Económicas de la Universidad Carlos III de Madrid.

Pereza

Entretanto, cada vez eran más los jóvenes desmotivados y no muy intelectuales que asistían a la universidad, el sistema de educación vocacional “se debilitó en comparación con países como Alemania. Estas personas podían haber sido unos mecánicos fantásticos, por ejemplo, pero ahora nos enfrentamos a una situación sin salida.” “Las cosas están cambiando ligeramente”, explica Agustín Fleta González, también profesor de la Universidad de Sevilla. “Al gobierno le gustaría limitar el número de alumnos en la Universidad para mejorar la calidad, pero yo no estoy de acuerdo. Preferiría tener una población culta que sea más crítica y madura. La clave está en ofrecer más educación vocacional.”

Además de los bajos sueldos, los contratos temporales facilitan los despidos. Las indemnizaciones por cese son menores; de cada 100 contratos que se firman, sólo 12 son fijos. Todo esto es desalentador y la gente no entiende por qué ha de esforzarse. Dolado señala como resultado el problema de la baja productividad española. Salvador es implacable: “La política de los negocios es ganar el máximo de dinero posible con los trabajadores, más que tener un personal fiel que pueda ayudar a la empresa en un futuro”. “El mundo de los negocios es muy cerrado y exclusivo”, añade Fleta González. “Aunque las cosas están cambiando, lo hacen a un ritmo muy lento”.

Desahogando el mercado

La opinión general parece ser que, en cierto modo, los “mileuristas” tienen demasiadas expectativas, si bien es cierto que no por culpa suya. “En muchos estudios, hay un considerable exceso de estudiantes, como ocurre en Derecho y en diferentes carreras de letras. El mercado se ha visto saturado”, explica Dolado. Hay que tener aún más o diferentes títulos de los que ya se dispone. “La mejor inversión son las tecnologías de la información, la comunicación y el aprendizaje de idiomas. España es uno de los países europeos en los que menos lenguas hablan sus habitantes.”

Dos años después del nacimiento de los “mileuristas”, Salvador se mantiene optimista y quiere empezar pronto un negocio. Guerrero, aunque tiene amigos en el extranjero que gozan de una mejor situación, no quiere marcharse: “Hay que solucionar el problema, no darle la espalda.”

Fotografías: El libro de Espido Freire se publicó en 2006 (Pgreta y doraimon/ Flickr), Los 'mileuristas' se manifiestan por un aumento de sueldo (vitojph/ Flickr)