El complejo de la pavita

Artículo publicado el 18 de Julio de 2007
Artículo publicado el 18 de Julio de 2007
Según un estudio científico realizado en 2005, los hombres preferirían, no sólo a las rubias, sino también a las menos inteligentes.

Nombre en clave: la pavita. La Tonti, extravagante rubia de bote. Se llama Jessica o Sabrina o un nombre que termine con –a. Semidesnuda, boquita de piñón y el chicle bailándole en la glotis.

Coeficiente intelectual negativo, uñas pintadas, delicadamente apodada como “boba”, “gallinita” o “zorrita”. ¡Tanto estudiar, aprender a ser independiente, a saber decir que “no” a los chicos, para que ahora nos encontremos con la competencia de estas cocottes urbanas! ¿Por qué diantres son ellas las que acosan sistemáticamente durante las noches al género masculino?

Apoyada en los poyetes, con los morritos para afuera, o deambulando subida sobre vertiginosos tacones a juego con su uniforme de piel de leopardo sintética, Miss Prostiputa parece tener todos los ases con ella: siempre dispuesta, siempre disponible. ¿Por qué intentar ser graciosa cuando lacarse como una puerta nos permite conquistar los corazones –y/o en su defecto, los cuerpos- de los hombres? ¿Por qué intentar ser inteligente cuando un escote engrasado nos permite ganar tiempo? La mala hierba crece en abundancia en los estroboscopios, en la panadería e incluso en los geriátricos (las viejas verdes ya existen). La mujer ideal ya no es el ama de casa ante sus fogones, sino la actriz porno. ¿Es necesario Sacarse un abono para los rayos UVA, olvidarse de la literatura, aprender a carcajear echando la melena hacia atrás? Sí y mil veces sí, amiga lectora.

Porque en 2005, unos serios investigadores con gafas, de las universidades de Bristol, Aberdeen, Glasgow y Edimburgo, midieron el coeficiente intelectual de mil chicos y chicas de 11 años y observaron, 14 años más tarde, si esos niños inocentes habían logrado encontrar pareja. Los resultados son elocuentes. Para las mujeres, la probabilidad de vivir una relación estable “disminuye en un 40% por cada 16 puntos que aumenta su coeficiente intelectual”. Pero donde el estudio se vuelve cínico es cuando precisa que “un hombre con las mismas facultades intelectuales tiene un 35% más de probabilidad de casarse”. Por tanto, científicamente probado, los hombres prefieren a las tontas. O a las que lo parecen. Basta con entrenarse.