El corderito degollado

Artículo publicado el 7 de Enero de 2009
Artículo publicado el 7 de Enero de 2009
Los ases de las finanzas van cayendo de uno en uno. Incluso si contaban con la bendición de hacer y deshacer a su antojo. Una vuelta por las expresiones de Europa

El año 2008 se acaba y la portada de Time proclama a Barak Obama como hombre del año. Difícil de hacer aparecer al ex presidente de Nasdaq, Bernard Madoff. Una lástima… Aunque irreverente, el homenaje hubiera sido infinitamente más pertinente. ¿Acaso esta triste majestad no representa el prototipo de una época de delincuencia financiera, de sub-primes y paracaídas de oro? Entre sus numerosas víctimas se encuentra Steven Spielberg (con más talento detrás la cámara que prudencia en sus inversiones). No hay duda de que el hombre debía de parecer dulce como un cordero (doux comme unagneau©Julie).

Tenía la bendición para hacer y deshacer a su antojo o donner le bon dieu sans confession, como diría un francés. Cuando la city parecía estar lejos de cerrar con ganancias, los británicos creyeron que era precisamente el tipo de hombre al que podían confiar sus ahorros con total tranquilidad, ya que la mantequilla no se derretiría en su boca (Butter wouldn't melt in his mouth©Nabee). En una sobrepuja angelical, los españoles lo confirman: Parece que no ha roto un plato en su vida©Pedro.

Sin embargo, en las turbulentas aguas financieras, olía a rata (to smell a rat©Nabee). Efectivamente, había gato encerrado©Pedro. Los alemanes presentían también que había algo entre los arbustos (Das ist etwas im Busch©Olé). En cuanto a los polacos, prefieren no nombrarlo, y se contentan con constatar que, tras todo eso, había claramente algo escondido (W tym cós się kryje©Marysia).

A Madoff le bastaba con pedir prestado a uno lo que no podía reembolsar a otro para ganar la partida. ¡Así de simple! Como dicen los italianos con su infinita prudencia: Tanto va la gatta al lardo che ci lascia lo zampino©Franci (Si la gata come demasiada grasa, corre es riesgo de que le corten la pata) y las avellanas de la ardilla también. En dólares, 50 millones; en euros, casi lo mismo. ¡Calderilla!