El dilema del gasoducto: el farol turco de Putin

Artículo publicado el 9 de Diciembre de 2014
Artículo publicado el 9 de Diciembre de 2014

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La construcción del gasoducto South Stream que debía transportar gas desde Rusia hasta el sur de Europa está atravesando algunos obstáculos debido a la tensión entre este y oeste.

¿Qué es el proyecto South Stream?

En 2012, el gigante ruso de la energía Gazprom empezó a construir el gasoducto South Stream, que debería transportar gas a Bulgaria, Italia, Hungría, Serbia, Bosnia Herzegovina, Croacia y Austria a través del mar Negro. El gasoducto, un proyecto de 29 mil millones de euros, habría suplido las necesidades energéticas del sur de Europa. Según las estimaciones, el South Stream podría haber cubierto el 20% de las necesidades energéticas de la Unión Europea.

Sin embargo, han aparecido algunos obstáculos al proyecto del gasoducto debido al enfriamiento de las relaciones entre este y oeste. Tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia en marzo de 2014 han surgido movimientos condenatorios en occidente contra el Kremlin, que han influenciado el deseo de la Unión Europea de encontrar una solución sostenible para el proyecto South Stream. Bulgaria, el país que debía ser la puerta de entrada del gas ruso a Europa, ha bloqueado el desarrollo del proyecto por la presión de Estados Unidos y la Unión Europea.

En 2008 Gazprom y los países miembros de la UE firmaron un acuerdo, conocido como Tercer Paquete Energético, que establecía que una sola empresa no puede producir y distribuir petróleo y gas. De repente, Putin se encontró con el punto muerto de Bulgaria y con una ley europea que dificultaban la continuación del proyecto.

El objetivo del South Stream era distribuir gas directamente a la UE, evitando el territorio ucraniano debido a los desencuentros entre Rusia y Ucrania. Alemania, Francia e Italia están vinculadas a este proyecto ya que eran socios estratégicos en el South Stream. South Stream AG era el nombre de la compañía creada para construir y gestionar este ambicioso proyecto, de la que el 50% pertenece a Gazprom, el 20% al ENI italiano, el 15% al EDF francés y el último 15% al Wintershall alemán.

Reacciones a ambos lados

Durante una visita oficial a Ankara el 1 de diciembre, Putin declaró sentirse obligado a retirar el proyecto South Stream en colaboración con la UE. Sin embargo, anunció una nueva cooperación estratégica con Turquía. Moscú también reducirá los precios del gas para los consumidores turcos en un 6% a partir del 1 de enero de 2015. “Estamos listos para facilitar el proceso de transporte del gas a la vez que a mejorar nuestros proyectos de cooperación a gran escala”, añadió el presidente ruso. También avanzó que Rusia está preparada para construir un nuevo gasoducto que cubra la demanda de Turquía, lo que es sin lugar a dudas una colaboración estratégica, ya que la frontera entre Turquía y Grecia es crucial para la distribución de gas en el sur de Europa.

Por si fuera poco, el presidente ruso ha instigado posibles roces entre Bulgaria y la UE, ya que ha subrayado el control de la UE sobre la soberanía de Bulgaria y ha instado al gobierno búlgaro a reaccionar. “Si Bulgaria ha sido privada de la posibilidad de comportarse como un Estado soberano, que por lo menos pida a la Unión Europea dinero por el lucro cesante, porque los beneficios directos del tránsito para el presupuesto de Bulgaria hubieran sido un mínimo de 400 millones de euros al año”, señaló.

Juncker, presidente de la Comisión europea, declaró recientemente que no aceptaría que Rusia chantajeara a los búlgaros, y añadió que “el South Stream puede construirse”, a pesar de que el ministro europeo de energía, Gunther Oetinger, afirmó que el proyecto no saldría adelante si Rusia no reconocía el nuevo gobierno de Kiev. Los países eurpeos han intentado reducir su dependencia de la energía rusa. Jérôme Ferrier, jefe de la Unión Internacional del Gas, declaró, sin embargo, que “Europa no podría prescindir totalmente del gas ruso”.

El Primer ministro búlgaro Bojiko Borisov afirmó que Rusia aún no ha hecho ninguna declaración oficial sobre la cancelación del proyecto. Además, Borisov manifestó el deseo de Bulgaria y de la Comisión Europea de continuar con el proyecto. Una cosa está clara: la táctica rusa para minar las relaciones dentro de la UE funciona. No solo por el cambio brusco en la colaboración con Turquía, sino por el supuesto financiamiento por parte de Putin de partidos europeos de extrema derecha.