El dúo musical Kim ki O: La desventaja de ser turco

Artículo publicado el 8 de Septiembre de 2009
Artículo publicado el 8 de Septiembre de 2009

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

La élite del pop sueco les adora, pero la burocracia de la Unión Europea evita que Erik Sanac y Berna Göl se hagan eco en Europa. En Estambul, la música es un inestable puente entre este y oeste. Segunda parte de una historia especial

La preocupación de la gente por la situación política durante la década de los 80 se describe habitualmente como un fenómeno global y posmoderno, una forma de enfrentarse a un futuro incierto. Turquía se vio polarizada entre dos vías de entender los tiempos venideros. Sobre el papel es un país laico, algo que el fundador de la nación turca, Mustafa Kemal Atatürk, vio como un requisito indispensable para comenzar la modernización del país en los años 20.

Sin embargo, la justicia musulmana y el auge del partido AKP, en el poder desde 2002, han reabierto el debate sobre ciertas cuestiones. En las últimas elecciones de verano de 2008, el partido pro-islamista recibió más de la mitad de los votos, lo que ha provocado que muchas medidas que trataban de preservar la laicidad del país se vean ahora revisadas. Al mismo tiempo, el AKP está luchando por integrar al país en la UE. La mayor parte del debate gira ahora en torno a la dirección que debe seguir Turquía.

En busca de las simpatías de Bruselas

Ekin Sanac y Berna Göl, que forman el dúo turco Kim Kim O, no ven a la UE como la solución a los problemas del país. El gobierno es fundamentalista. Solo los políticos y hombres de negocios creen que la adhesión cambiará algo. La población tiene otras cosas en las que pensar. Estambul quizá pueda parecer la típica gran ciudad europea, pero en la frontera sudeste se está luchando contra los kurdos del PKK. En los suburbios, la gente solo busca un techo bajo el que cobijarse. En busca del reconocimiento internacional, el gobierno ha prohibido fumar en lugares cerrados, el único lujo de los deprimidos suburbios. No se organiza debate alguno, solo se informa de las nuevas reglas a seguir.

El último cigarrillo se apaga; Ekin se coloca frente a su sintetizador Korg MS2000. Berna afina su bajo. La lista de canciones está lista. Ekin alterna el teclado con la batería manteniendo el ritmo de la canción. Berna marca el comienzo de los nuevos temas. Se mueven cantando con los ojos cerrados. Sus melodías son suaves y bien hiladas, suenan como si Joy Division doblara sus sonidos electrónicos y sustituyera la áspera voz de Ian Curtis por la de una soprano. 55 minutos y 12 canciones después, Berna extiende un billete de cinco liras al conductor del ‘dolmus’, un autobús turco. Va camino de su trabajo en un estudio de arquitectura. Las calles están llenas.

Un coche de policía avanza a gran velocidad con las sirenas puestas y el conductor del autobús ve su oportunidad para abrirse paso. La violácea iluminación del puente suspendido es visible desde la otra punta. Por aquí pasan de Europa a Asia millones de conductores turcos cada día.

Un poco más adelante, Berna señala unos edificios y habla de la transformación de las zonas que antaño constituían la esencia cultural de la ciudad. Han ido convirtiéndose rápidamente en zonas pobladas de grúas que construyen sin cesar. Los que tienen dinero pueden hacer lo que quieren, se queja continuamente, pero no puede hacer más que preocuparse sobre como la ciudad afronta su desarrollo. El sistema es aún demasiado corrupto como para poder estar en Bruselas. Berna perdió una plaza en la Universidad porque fueron concedidas sin avisar. El autobús para cerca de la plaza Taksim, en Beyoglu, el centro de la parte nueva de la ciudad. Berna baja del autobús.

El peligro de ser turco

Jueves por la tarde. El sol empieza a ponerse sobre Istiklal Cadessi, en la avenida de la Independencia, en Beyoglu, el centro de la vida nocturna de Estambul. La escena indie de la ciudad ha vivido un gran crecimiento en los últimos años. Antes, las bandas tocaban música de otros, ahora están escribiendo su propio material. Cada vez son más los grupos internacionales que visitan Estambul. MySpace es una fuerza unificadora de la escena, y se forman bandas sin cesar, pero todavía son pocas las compañías interesadas en ellas. Kim Ki 0 encontró la solución a través de un contacto en Suecia.

Luces de neón reciben a los clientes de bares y restaurantes, la carne de los kebabs se alza en multitud de sitios de comida rápida y la muchedumbre que horas antes copaba las calles ha ido dispersándose. Es hora de la prueba de sonido en el Babylon. Unas pocas horas después, tras algunas cervezas Efes Pilsner y unos garbanzos tostados picantes para comer, Kim ki O está listo. Sus padres están arriba en las gradas. El novio de Ekin, Baris, el Dj de la noche, acaba de pinchar un viejo clásico. El club está a rebosar. Apagan las luces del local y Ekin parece helado cuando pulsa el botón de play en el reproductor de sonido. Berna intenta ignorar al amigo borracho de su madre, que grita su nombre sin cesar. El bajo resuena en toda la sala. Exactamente 55 minutos, como habían calculado. Como era de esperar el sonido es muchísimo mejor que en el equipo del salón de su casa. No solo amigos y familiares han ido a escucharles. Las 300 entradas puestas a la venta se han agotado y el teléfono de Ekin no ha dejado de sonar en todo el día, todo debido a los conocidos que le pedían un lugar en la lista de invitados. Poco después de la canción de Jens Lekman, el Babylon se vacía. Ekin da un sorbo a un vaso de vodka. Todo es como un sueño. Es el momento de un pequeño tentempié antes de sumergirse en la noche camino de una discoteca de tres plantas.

...

Pocos días después de volver a casa en Suecia, recibí un email de Ekin. Mañana Kim Ki O cambiará Turquía por Europa. Su ordenador se ha estropeado y el trabajo ha aumentado, pero nunca ha sido tan feliz. El concierto en Francia fue cancelado debido a que el Tratado de Schengen no les permite trabajar fuera. Pero planean estar ante el público en París, sea como sea. “Todo está bien. Son las desventajas de ser turco. Es la burocracia, no puedes cambiarla”.

*Esta es la segunda parte del artículo que ganó el Premio al joven periodista europeo 2009 por Suecia. Su primera publicación fue en mayo 2008