El europudding no es la mejor receta

Artículo publicado el 17 de Mayo de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 17 de Mayo de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Para hacer una buena película europea, ¿por qué no mezclar un director italiano, una actriz francesa, técnicos españoles y rodar en estudios polacos? Parece fácil

Conocemos el cine estadounidense, el asiático, el argentino ¿y el europeo? ¿Está bien valorado en el mundo y en Europa? Nada mas lejos de la realidad. Sin embargo desde hace unos cincuenta años se realizan coproducciones a escala europea, como El pianista de Roman Polanski, película francopolaca. Esto contribuye al dinamismo de las industrias cinematográficas nacionales y al mismo tiempo al de la «cultura europea». El cine es un arte que reúne masas, por ello puede convertirse en un elemento importante en la construcción de la identidad europea. Al margen de las financiaciones, cada país puede aportar un saber hacer particular en este terreno. Las imágenes son un vector cultural fuerte, incluso un modo de unificación. Los americanos lo han entendido bien: la parte de mercado de sus películas va desde el 50% a más del 85% en los países europeos. El éxito americano se encuentra en unas estrellas del cine mundialmente famosas y en unos argumentos aceptables para todos. Si tan bien les va, ¿por qué no probar la misma receta con una salsa europea y lanzar el «europudding»?

En inglés para que todo el mundo lo entienda

Un pudding es un pastel hecho con ingredientes variados. Aplicado al cine, ésta sería la receta: un argumento sobre un tema europeo, la vida de Napoleón por ejemplo, dos estrellas, Catherine Deneuve por parte de Francia y John Malkovitck por el Reino Unido, un director de cine italiano, Roberto Benigni (La vida es bella), técnicos españoles (sus salarios son competitivos)... Mezclar todo en un rodaje en Polonia (los estudios son de calidad). Y sólo queda degustarlo en inglés para que todo el mundo lo entienda.

Las coproducciones a escala europea usan esta receta, que funciona muy bien sobre todo en telefilmes. Muchos realizadores se han dado cuenta de la indigestión que puede provocar. Es artificial, mata la creatividad y la diversidad comunitaria. El guionista Jean-Claude Carrière que ha trabajado con grandes directores europeos lo destaca: «En busca de un tema europeo, lo que se ve enseguida () es que el campo de la imaginación, en lugar de ampliarse se reduce. Las buenas historias tienen raíces precisas». Para Dancer in the Dark, Lars Von Trier reunió fondos procedentes de Dinamarca, Suecia y Francia. Eligió dos actrices europeas, Catherine Deneuve y Björk, y rodó en inglés. Nos podemos preguntar si en este caso «europudding» rima con «marketing» O creer que se trata de una auténtica elección artística desinteresada.

Es mejor valorar la industria cinematográfica nacional porque «el argumento, los autores, los intérpretes, los técnicos, la lengua, reflejan el alma, la cultura del país» como afirma Gilles Jacob, director del festival de Cannes. No se puede tender hacia una «europeización» del cine. Y el público no se equivoca. Estos últimos años, las películas europeas de éxito tienen un punto en común: evocan un universo propio a cada país. La que más ha marcado es sin duda Good Bye Lenin, del alemán Wolfgang Becker, que cuenta, a través de la vida de una familia de la Alemania del Este, los cambios provocados por la reunificación.

Respiro, la encantadora película italiana de Emanuele Criales, es un retrato de una isla siciliana, inspirada en una leyenda local. Los ejemplos de este tipo son cada vez más numerosos. Si el cine europeo va bien, es gracias a películas con una fuerte identidad que encuentran su público a través de toda Europa. Pero no nos podemos quedar con un director por país. Son numerosos y hay para todos los gustos.

Los European Film Award, intentan precisamente valorizar este cine. A pesar de la calidad de esta iniciativa, los premios cuentan con menos reconocimiento y son menos mediatizados que los Oscars.

Para escuchar las historias de nuestros vecinos, hay que ir a las salas de cine con el distintivo Europa Cinéma. Proponen una selección diversa que refleja el «eurocine», y siempre en versión original. Sin embargo, algunas películas apenas son distribuidas en su país de origen, mientras que son aplaudidas en otros países. Muchos europeos no creen en su cine, en sus historias. Prefieren el cine estadounidense. En 2001, en la UE, entre los 20 éxitos en términos de entradas, no encontramos mas que 4 producciones europeas, la primera de ellas en duodécimo lugar.

Para descubrir 25 horizontes diferentes y sus universos, el cine debería ser un medio de «propaganda» a favor de la interpenetración de culturas.