El ERT: la fuerza motriz detrás de la integración europea

Artículo publicado el 25 de Febrero de 2004
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Artículo publicado el 25 de Febrero de 2004

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¿Qué tienen en común el Mercado Único y la estrategia de Lisboa? No son sólo importantes proyectos europeos, sino también iniciativas propuestas por la Mesa Redonda Europea de Industriales (ERT).

Se acepta que Bruselas es la capital mundial de los lobbies que tratan de tener voz propia e influencia en el volumen creciente de legislación originado por la Comisión. Las reglas para las empresas son sobre todo escritas en las instituciones europeas.

Las firmas europeas están organizadas en diferentes grupos de interés con algunas grandes empresas que incluso tienen sus propias oficinas en la capital europea. Sorprendentemente, estos grupos de interés no tienen el impacto sobre los observadores de la legislación de la UE que se podría esperar. Pero el poder sustancial de imponer el orden del día es detentado por una organización modesta que consta aproximadamente de 45 miembros, ignorada por los neófitos.

Poder e influencia

El ERT fue fundado en 1983 para conciliar a presidentes y otros miembros de la dirección de corporaciones multinacionales con la oficina central en Europa. La pertenencia es estrictamente personal y sólo bajo invitación. Actualmente presidido por Gerhard Cromme de ThyssenKrupp, su lista de miembros es como un "Quién es Quién" de la élite empresarial europea. Los miembros de la ERT se encuentran dos veces por año en el país que alberga la Presidencia de la UE. La parte principal del trabajo actualmente es hecha por nueve grupos sobre asuntos como la competencia, las relaciones exteriores económicas, el empleo o los impuestos.

Lo que parece un grupo de expertos de alto nivel es una organización única que combina el acceso privilegiado a los responsables políticos de partidos nacionales y funcionarios de la Comisión con publicaciones estratégicamente enfocadas. Los miembros representan un volumen de ventas anual combinado de aproximadamente 950 mil millones de euros y emplean a aproximadamente 4 millones de personas por todo el mundo. La creación de un dinámico y competitivo Mercado Único Europeo coincide con sus intereses de negocio. Los ocupados miembros del ERT no malgastan su tiempo fumando puros y jugando al golf. Inventan el orden del día que marca el paso de la integración europea.

El Mercado Único y la estrategia de Lisboa

La sabiduría popular, por ejemplo, acredita la idea de lanzar el Mercado Único de la Comisión Europea de Jacques Delors. Pocos conocen el discurso "Europa 1990" hecho en 1985 por el presidente del ERT de la época, Wisse Dekker, que contenía elementos fundamentales más tarde encontrados en "el programa de 1992"de la Comisión.

Un ejemplo más reciente de colaboración entre el ERT y la Comisión es el nuevo objetivo de Unión Europea de hacerse "la economía más competitiva y dinámica basada en el conocimiento del mundo". Lanzada en 2000, esta "estrategia de Lisboa" y algunos de sus rasgos (por ejemplo la supuesta "prueba de referencia" del funcionamiento económico de los Estados miembros) ha sido anhelada mucho tiempo por el ERT.

En un conjunto de informes publicados a finales de los años 90 y principios del 2000, el ERT explicaba detalladamente el objetivo principal de su estrategia: esperan la innovación basada en el conocimiento, la competencia dinámica y un Mercado Único completo para estimular el crecimiento y la creación de empleo. Nada tiene de asombroso que el ERT ahora publique los informes periódicos que advierten lo despacio que progresa Europa en términos de alcance de los objetivos de Lisboa.

¿Un peligro para la democracia?

A la vista de estos dos ejemplos y otros casos en los que la Comisión y el ERT se han unido evidentemente para promover proyectos clave, el ERT ha triunfado al intentar hacerse oir. Unos pueden temer que esto sea otro ejemplo de influencia ilegítima y poco democrática sobre la Unión Europea. Un informe de 2000 del Observatorio Corporativo Europeo incluso declara que el ERT antepone la integración europea "a las preferencias de las corporaciones transnacionales europeas".

No hace falta compartir este punto de vista para admitir que parece haber una relación simbiótica entre la Comisión y el ERT. De hecho, el ERT, representando a algunos de los actores más importantes del negocio global, es un aliado natural de la Comisión con un conjunto considerable de intereses que se solapan. El mandato de la Comisión debe promover la integración y ambos lados pueden sacar provecho de la colaboración.

El ERT no representa grupos de interés estrechos, sino negocio concebido como un todo; no es un lobby oscuro, sino un pequeño club de personalidades eminentes. Esta combinación de interés general y acceso restringido a los forjadores de la política ha permitido al ERT ser extraordinariamente eficaz durante los últimos 20 años. Sin embargo, el temor a que el ERT dé forma a la integración europea más que los propios Jefes de Estado democráticamente elegidos es exagerado. Sus actividades son públicas, y, cuando llega la hora de decidir nueva legislación, son los gobiernos europeos los que tienen la última palabra.

Sin embargo es alarmante que el desconocimiento del funcionamiento de las instituciones de la UE sea sobrepasado por el desconocimiento sobre los actores clave del lobbying. La creciente consciencia del papel del ERT y otros grupos en la fabricación de la política europea no sólo contribuirá al mejor escrutinio público, también a hacer los asuntos de la UE menos misteriosos.