El euro de hoy, ¿la Europa de mañana?

Artículo publicado el 22 de Marzo de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 22 de Marzo de 2004

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Dos años después de la llegada del euro, cabe preguntarse hasta qué punto ha ayudado la nueva moneda a forjar una identidad común a todos los europeos.

El euro constituye un elemento decisivo en Europa porque promueve la idea y la realidad de una identidad europea. Nunca se logrará forjar la Europa que queremos sin una moneda única que no distinga entre fronteras y que tenga el mismo valor independientemente del país donde estemos, con la que los ciudadanos europeos, vivan donde vivan dentro del continente, puedan sentirse identificados.

«Europa se hará por la moneda o no se hará», dijo Rueff

La creación de una moneda única es un proyecto ambicioso cuyo éxito es evaluado tanto por la elite (analistas, políticos, expertos…) como por la opinión pública de acuerdo con criterios muy diferentes. La elite suele hacer referencia al ideal europeo originario de garantizar que la guerra jamás volviera a dividir al continente. Precisamente el euro debe su existencia tanto a las ideas de aquellos que quedaron aterrados por la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, como al mero cálculo económico que veía posible una moneda única europea.

No obstante, y a pesar de que estas importantes visiones de futuro son necesarias para crear la idea de una sola Europa, el éxito del euro en la creación de una sociedad europea depende también de la opinión de cientos de millones de personas que utilizan el euro a diario como algo real y cotidiano que forma parte de sus vidas. Atendiendo a los resultados de los sondeos de opinión pública, todo parece indicar que la primera batalla está ganada: hay una aprobación general del euro en términos jurídicos. Además,de los estudios del Eurobarómetro se desprende que, a pesar de que la mayoría de los europeos no consideran que su identidad haya cambiado desde enero del 2002, un número significativamente mayor de ciudadanos se sienten un poco más europeos que antes (FLASH Eurobarómetro, Noviembre 2002). A pesar de ser un elemento necesario en los estudios del pensamiento general de la sociedad, los resultados de las encuestas públicas no son suficientes por sí solos. Hacen falta, además, conversaciones (formales o informales) que puedan hacernos comprender mejor las razones por las que las personas tenemos determinadas creencias, identidades, etc.

Unidos por una misma queja

Quizás sorprenda el considerable descontento con el euro y, en especial, con el aumento de los precios desde su entrada en vigor. Los ciudadanos alemanes y españoles encuestados se referían al euro como el teuro (juego de palabras que en alemán significa "caro") y redondo (haciendo referencia al redondeo de los precios al alza). Carolina, una profesora de 37 años residente en Ámsterdam, se quejaba del aumento considerable del precio de los alimentos. Michael, un estudiante de 24 años residente en Viena, apuntaba que, mientras los precios de algunos productos habían bajado (como los artículos electrónicos de lujo), habían sido sobre todo los más adinerados los que se habían visto beneficiados de tales bajadas. La asociación de consumidores más grande de Francia informó que en agosto de 2002 la cesta semanal de la compra era un 10% más cara que antes de enero de 2002. Por su parte, el gobierno griego dio a conocer cifras que indicaban un aumento significativo del precio de la fruta y la verdura durante el período que siguió a la entrada del euro. No es sorprendente, por tanto, que una gran mayoría de la población de los países de la zona Euro piense que la introducción del euro ha ido en detrimento de los consumidores (FLASH Eurobarómetro, Noviembre 2002).

A pesar de todo ello, es cierto que el euro puede desempeñar un papel positivo en la creación de una identidad europea. Los ciudadanos de países no pertenecientes a la zona Euro no pueden participar en conversaciones y quejas sobre el aumento de los precios, ya que no forman parte del grupo. Una de las principales reglas para la creación de una identidad común es la construcción de lo que puede llamarse “el yo” (el de dentro) y de lo que llamamos “el otro” (o el de fuera). Mauro, por ejemplo, un ciudadano de Nápoles de 28 años que trabaja para una multinacional, dice que se siente «menos limitado cuando hablo con gente que usa la misma moneda que yo. Esto hace que me sienta más cómodo». Dando rienda suelta de forma colectiva a su enfado ante la inflación que ha acompañado a la introducción del euro, estos ciudadanos europeos son capaces de sentirse identificados entre ellos más fácilmente que con los de fuera. En términos de dinero, los ciudadanos de la zona Euro hablan el mismo idioma.

Aviso al BCE: se trata de la economía (europea), idiota

Sin embargo, debería entenderse como una llamada de precaución el hecho de que los resultados del estudio Flash Eurobarómetro de noviembre del 2002 indiquen que la diferencia entre los que están contentos con el euro y los que no lo están se ha estrechado de manera considerable durante ese año. Son muchas, sin duda, las razones que explican esta evolución pero, la más importante es, con seguridad, el bajo rendimiento de la economía del euro. No se debería olvidar tampoco que la población alemana aprobó las nuevas disposiciones económicas, materializadas en el Deutsche Mark o marco alemán, pero no inmediatamente después de la reforma monetaria de 1948. Esta aprobación por parte de la población no fue totalmente real hasta mediados de los años 50, bien entrado ya el llamado Wirtschaftswunder o “milagro económico”. Es necesario, por tanto, crear urgentemente una euro-economía más fuerte, que suponga mejoras importantes y reales en la vida de los ciudadanos. Si se alcanza este objetivo, quizás entonces podamos emprender el camino desde una identificación legal a una identificación verdadera con el euro y, por extensión, con Europa. Sin embargo, si no conseguimos materializar dicha economía, el sueño de una sociedad europea se quedará simplemente en eso, un sueño, mientras que el proyecto europeo seguirá siendo apoyado más enérgicamente por la elite que por las masas. No podemos cerrar los ojos y esperar sentados a que la sociedad europea emerja por sí misma, tenemos que crearla y abrazarla.