El euroislam como fenómeno cultural

Artículo publicado el 16 de Diciembre de 2004
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Artículo publicado el 16 de Diciembre de 2004

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El islam en Europa es igual de multiforme que en los países de origen de los creyentes. Pero aunque Europa se niegue a integrar a los inmigrantes, la religión se erige como seña de identidad de estos repudiados.

Cuando todos se agolpan alrededor de los puestos repletos de dulces durante el Ramadán, cuando hombres jóvenes y viejos acuden en masa a a la mezquita los viernes, cuando los días festivos las filas de orantes arrodillados sobre alfmombras y esteras en dirección a la Meca llenan las calles, uno piensa encontrarse en Marrakech, Túnez o El Cairo. A pesar de ello la mezquita carece de patio a la sombra, de azulejos decorados y de minarete. Se oculta tras un muro encalado como el de un almacén en un barrio venido a menos al norte de París, zona habitada mayoritariamente por emigrantes africanos; un barrio como los muchos que hay en gran parte de las capitales europeas.

Contra la sospecha generalizada

La población musulmana en Europa comparte muchas características con otros grupos migratorios. Se ha replegado con frecuencia en un aislamiento mitad forzado mitad voluntario y parece vivir al margen de las sociedades europeas. Existía el temor de que estas comunidades pudieran convertirse en núcleos de pobreza, delincuencia y violencia, y los atentados del 11 de septiembre agravaron la situación.

De repente se hizo patente en Europa que el Islam, al igual que en todo el mundo islámico, también gana importancia en nuestro continente. De pronto, parece que hay que temer que, en efecto, la cultura de lo cercano se convierta en la de los opuestos. Así los musulmanes se defienden de la sospecha generalizada en contra del Islam y subrayan que igualar los conceptos de islam, islamismo y terrorismo es sin duda una simplificación injusta.

Incluso reducir el islam a un único término que lo designe resulta complicado. ¿Se trata de una religión, de una cultura o de un modelo de sociedad? El mundo islámico se extiende desde Marruecos hasta Indonesia y cuenta con más diferencias que semejanzas. El islam se ha mezlcado con las religiones y las culturas que ha encontrado a su paso. El islam popular místico que ha predominado en muchas regiones rurales y en el que la meditación, adoración a los santos y enterramientos juega un papel importante, poco tiene en común con el islam ilustrado de las capas urbanas. Entre la cultura turca laicista, el islam estatal radical de Arabia Saudí y el sistema teocrático de Irán hay un abismo. La población musulmana de Europa es tan diversa como en los países de origen.

Tan plural como el mundo

Hoy en día se cuentan cerca de 12 millones de musulmanes en Europa, de los cuales 5 habitan en Francia, 3,2 en Alemania y alrededor de 2 millones en Gran Bretaña. También en España, Países Bajos o Austria existen minorías musulmanas de peso. En Gran Bretaña provienen la mayoría del antiguo Imperio de la India (Paquistán, India y Bangladés) puesto que, como miembros de la Commowealth, se les facilitó la entrada y nacionalización. Un ejemplo similar se da en Francia, cuya población musulmana proviene en gran parte de las colonias del norte y oeste de Africa, las cuales, gracias a la lengua francesa, han mantenido una estrecha relación con la antigua metrópolis. En Alemania, por el contrario, se trata sobre todo de trabajadores de Turquía, a quienes desde los años 50 se les viene contratando. A ello se añade una multitud de refugiados políticos iraníes, kurdos, palestinos, bosnios, afganos, etc.

La religión como seña de identidad

Estos emigrantes de orígenes dispares que a menudo no comparten ni la cultura ni el idioma forman en Europa parte de una misma comunidad, comparten la sensación de alienación y por ello se solidarizan. Rezando juntos en la mezquita, en la que con frecuencia se juntan nigerianos, turcos, árabes y paquistaníes, se vuelve la umma (comunidad islámica) más real. Pero incluso cuando el islam funciona como puente entre los inmigrantes de distintos orígenes, para muchos musulmanes, la integración en su entorno europeo no ha tenido demasiado éxito. En vista de una sociedad que parece no reconocerlos ni necesitarlos, el islam promete ser un lugar de retiro, de identidad, de sentido y orientación. Europa tiene, no obstante, la responsabilidad de ofrecer a todos sus habitantes un lugar y una perspectiva así como de aceptarlos como miembros plenos de la sociedad. También la comunidad musulmana ha de poner de su parte reconociendo claramente las reglas sociales locales si es que quieren encontrar su lugar en Europa.