El fracaso de la Navidad

Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2007
Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2007

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Lejos de las guirnaldas y la celebración de las fiestas, de vez en cuando la depresión invernal acecha a todos los que un día u otro han dejado de creer en Papá Noel.

La magia de las luces, el abeto, la ilusión de los niños, sin olvidar los regalos… La Navidad es la época del año en la que la sonrisa está a la orden del día y las preocupaciones deben dejarse de lado.

Aún así, ¡a veces también hay motivos para poner mala cara! Sólo hace falta comprobar el aumento de foros y mensajes en Internet sobre la depresión navideña o hacer una breve encuesta en vuestro entorno.

El periodo estival puede ser fuente de malestar puesto que “poner buena cara” es sinónimo muchas veces de compromisos y obligaciones. Desde un punto de vista comercial, la Navidad puede convertirse en seguida en un rompecabezas. Organizar la cena, comprar los regalos en una época en la que la el poder adquisitivo se dispara… un quebradero de cabeza asegurado.

Desde un punto de vista tradicional, la Navidad significa familia, y para algunos, el rencuentro familiar puede ser difícil a causa de la perdida de un ser querido.

A veces el espíritu navideño continúa ligado a una inquebrantable tradición religiosa. Sin embargo, hay que reconocer que el aspecto comercial es el rey. Las llamadas al consumo nos atacan en cada esquina, en cada folleto… ¡Una verdadera llamada al gasto! Para el escritor alemán Andreas Meier, sería necesario “restablecer el sentido cristiano de las fiestas, dándole un poco menos de importancia. Haría falta conservar una cierta distancia con el aspecto religioso, como hacemos el resto del año”.

¡S.O.S!

“Personalmente, yo no le doy ninguna importancia a todas estas ‘fiestas’, y lo llevo bastante bien…”, podemos leer en un foro. Desde el momento en el que la Navidad forma parte de nuestra cultura, es muy difícil controlar los recuerdos: las montañas de juguetes, el abeto lleno de guirnaldas, Papá Noel y su trineo cruzando el cielo… “La Navidad ha perdido su encanto y me pone triste. Me recuerda mi infancia y todas esas maravillosas Navidades que pasábamos en familia”, escribe otra chica.

Esta presión por estar bien, por ser feliz, puede incluso conducir a la depresión. “Los Samaritanos”, un servicio telefónico de ayuda psicológica en Gran Bretaña, afirma tomar muy en serio el crítico periodo de las fiestas de fin de año, con una llamada cada 6 segundos. Según su experiencia, así como la sensación de bienestar y de intensa felicidad pueden aumentar en este periodo, también la sensación de malestar puede intensificarse.

Dominic Rudd, vicepresidente de esta asociación, añade que “nadie está a salvo de la sensación de soledad. Podemos estar rodeados de la familia y amigos y a lo mejor sentir la necesidad de hablar con alguien que no nos conoce”.