El fútbol europeo, entre deporte y negocio

Artículo publicado el 3 de Julio de 2014
Artículo publicado el 3 de Julio de 2014

Según las famosas enciclopedias Treccani y Británica, el fútbol es, gracias a sus sencillas reglas y su extrema adaptabilidad, el deporte más popular del mundo en cuanto a practicantes y espectadores. Pero detrás de todo esto se abre paso una realidad cada vez más descarada: un negocio de millones de euros se extiende, lejos de la verdadera esencia de este deporte.

Es­ta­mos en vís­pe­ras del Cam­peo­na­to mun­dial de fút­bol or­ga­ni­za­do por la FIFA, el even­to de­por­ti­vo con más se­gui­do­res, sin duda. Un de­por­te muy di­fun­di­do, pero cuyo ori­gen es di­fí­cil de ex­pli­car: tomó su forma mo­der­na en la In­gla­te­rra del siglo XIX para ex­ten­der­se, más tarde, por todo el con­ti­nen­te eu­ro­peo, en las co­lo­nias de Amé­ri­ca del Sur y, fi­nal­men­te, el resto del mundo. La vasta de­fi­ni­ción que adop­tan los au­to­res de Wi­ki­vo­ya­ge en la pá­gi­na ti­tu­la­da Foot­ball in Eu­ro­pe, de­mues­tra que, hoy en día, es un ele­men­to im­pres­cin­di­ble en nues­tra cul­tu­ra: "Cada año, el fút­bol se­du­ce a toda Eu­ro­pa de sep­tiem­bre a mayo: los par­ti­dos se re­tras­mi­ten en los bares, los es­ta­dios se lle­nan hasta arri­ba, y los niños jue­gan en las ca­lles mien­tras adul­tos obe­sos se retan en nom­bre de sus clu­bes en pe­que­ños cam­pos". Pero, si nos fi­ja­mos bien, más allá de esa vi­sión "ro­mán­ti­ca", el fút­bol de hoy es tam­bién (¿se po­dría decir sobre todo?) un com­ple­jo sis­te­ma en­co­nó­mi­co que en­cuen­tra su má­xi­ma ex­pre­sión en Eu­ro­pa.

Los ne­go­cios fut­bo­lís­ti­cos

Apar­te de las dis­cu­sio­nes sobre cuál es el país que desem­pe­ña el papel de líder de este de­por­te, es ya evi­den­te que las so­cie­da­des fut­bo­lís­ti­cas se han tras­for­ma­do en un ne­go­cio, en todos los sen­ti­dos. Un cam­bio ex­plí­ci­to en la ma­yo­ría de los paí­ses: en el caso de Ita­lia, a par­tir de 1996, a tra­vés del de­cre­to ley 485/96, más tarde con­ver­ti­do en ley en no­viem­bre del mismo año, las so­cie­da­des fut­bo­lís­ti­cas ad­qui­rie­ron el tí­tu­lo de em­pre­sa. La pro­duc­ción en el mer­ca­do y la exis­ten­cia de un ries­go ge­ne­ral, son las ca­rac­te­rís­ti­cas fun­da­men­ta­les que las hacen pa­re­cer ver­da­de­ras y pro­pias em­pre­sas, ade­más de una "pe­cu­ria­li­dad tí­pi­ca", cuyo valor es único e ines­ti­ma­ble: la pa­sión y el sen­ti­do de la pro­pie­dad. Un pa­tri­mo­nio sobre el que la ma­yo­ría de los clu­bes, tal vez el sec­tor en­te­ro, han cons­trui­do for­tu­nas pro­pias y han con­se­gui­do no ser des­trui­dos por in­tere­ses con­flic­ti­vos de usua­rios, re­pre­sen­tan­tes, em­plea­dos en ge­ne­ral y fut­bo­lis­tas. 

Así, el es­pec­tácu­lo de­por­ti­vo cons­ti­tu­ye el ob­je­to al que va di­ri­gi­da la ac­ti­vi­dad en­co­nó­mi­ca de la em­pre­sa fut­bo­lís­ti­ca, pero no es el único valor de la pro­duc­ción: los de­re­chos te­le­vi­si­vos, la ex­plo­ta­ción de la ima­gen y los patrocinadores, es decir, la ex­pre­sión de sis­te­mas eco­nó­mi­cos mo­der­na­men­te or­ga­ni­za­dos y que de­ri­van de una com­ple­ja ló­gi­ca em­pren­de­do­ra, flan­quean hoy las "clá­si­cas" ga­nan­cias más uni­das al de­por­te. Ima­gen y po­pu­la­ri­dad for­man, des­pués de todo, un in­te­rés psi­co­ló­gi­co que puede lle­gar a ser in­clu­so más im­por­tan­te que un ren­di­mien­to eco­nó­mi­co in­me­dia­to. Gra­cias a estas ca­rac­te­rís­ti­cas, la in­dus­tria cuyo ba­lan­ce es, a me­nu­do, ne­ga­ti­vo, ha con­se­gui­do man­te­ner­se viva y vital.

Las dudas de la UEFA: ¿Juego limpio fi­nan­cie­ro?

La ten­den­cia del fút­bol por tras­for­mar­se en un de­por­te-ne­go­cio pa­re­ce irre­ver­si­ble: en esta óp­ti­ca, con­vie­ne in­tro­du­cir tam­bién el UEFA Fi­nan­cial Fair Play Re­gu­la­tions, un pro­yec­to que, desde 2009, es el má­xi­mo ór­gano fut­bo­lís­ti­co eu­ro­peo y está di­ri­gi­do a ex­tin­guir las deu­das con­traí­das por la ma­yo­ría de las so­cie­da­des fut­bo­lís­ti­cas. Entre los pocos ejem­plos po­si­ti­vos se en­cuen­tran se­gu­ra­men­te el Ba­yern de Mú­nich, el Ar­se­nal, el SSC Ná­po­les y el ACF Fio­ren­ti­na.  El se­gun­do ob­je­ti­vo, de­cla­ra­do en la os­cu­ri­dad, es, en cam­bio, con­se­guir re­du­cir los hue­cos entre los equi­pos que pue­den per­mi­tir­se cos­to­sas in­ver­sio­nes en el mer­ca­do por­que están ges­tio­na­dos por em­pren­de­do­res y mul­ti­na­cio­na­les: el Paris Saint-Ger­main (PSG) de Nas­ser Al-Khe­laïfi, pro­pie­dad de la Qatar In­vest­ment Aut­ho­rity o el FC Zenit Saint Pe­ters­burg de Alek­sandr Dyu­kov, de Graz­prom, por ejem­plo, han sido san­cio­na­dos, aun­que esto no ha pri­va­do a la di­rec­ción del PSG de la com­pra, por 50 mi­llones de euros, del de­fen­sa bra­si­le­ño David Luiz.

Los re­cien­tes éxi­tos de so­cie­da­des como el Bo­rus­sia Dort­mund, el Ba­yern de Mú­nich y la proeza del Atlé­ti­co de Ma­drid han aca­ba­do con los te­mo­res re­fe­ren­tes al na­ci­mien­to de un grupo de equi­pos eli­tis­tas y ex­clu­si­vos (como los "Big 4" de la Pre­mier Lea­gue entre 1996 y 2008, o el duo­po­lio de la Liga Es­pa­ño­la), pero que­dan irre­suel­tas las la­gu­nas sobre las pro­por­cio­nes fis­ca­les: cada país tasa de forma di­ver­sa las so­cie­da­des, o la au­sen­cia de cla­ri­dad en lo re­fe­ren­te a los spon­sors y la im­pli­ca­ción de ter­ce­ras so­cie­da­des.

Per­ma­ne­ce pues una cier­ta de­bi­li­dad y un cier­to caos en la ges­tión de estos casos por parte de la UEFA: por muy no­bles y jus­tas que sean sus in­ten­cio­nes, es ne­ce­sa­rio que Pla­ti­ni, Erzik y otros so­cios, en­cuen­tren modos más efi­ca­ces para hacer vá­li­das sus ra­zo­nes; solo así será será po­si­ble en­con­trar la justa me­di­da entre de­por­te y eco­no­mía.