El fútbol que ha hecho Historia

Artículo publicado el 29 de Junio de 2006
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 29 de Junio de 2006

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Jugadas de libro o goles memorables, la memoria futbolística de cada país está repleta de episodios emblemáticos que alimentan rivalidades viscerales. Y es que hay golpes que no se olvidan.

Inglaterra: ¿gol fantasma?

Se jugaba la final de la Copa del Mundo de 1966 en el estadio de Wembley. Se enfrentaban la Alemania Federal y la anfitriona, Inglaterra. Los noventa minutos se acabaron con empate a dos goles y se tenía que disputar la prórroga para decidir cual de las dos selecciones se llevaría el Mundial. El empate se mantuvo hasta que Geoff Hurst hizo un chute que tocó el larguero y sobrepasó (o no) la ralla de la portería. Era un gol fantasma. El árbitro dudaba y consultó al asistente. Finalmente, el gol subió al marcador inglés. Minutos más tarde, Inglaterra se apuntaba el cuarto gol y se proclamaba campeona del mundo. Los ingleses estaban exultantes. En cambio, los alemanes todavía tienen una espina clavada por la validez (o no) del gol fantasma.

Checoslovaquia: gol de Panenka

En la final de la Eurocopa de 1976, ni los noventa minutos reglamentarios ni la prórroga bastaron para desquilibrar la balanza. Checoslovaquia estaba a un paso de la victoria en la tanda de penaltis contra Alemania Federal. Toda la responsabilidad estaba en la bota de Antonin Panenka. Si marcaba, los checoslovacos eran campeones. El jugador se acercó al balón y poco antes de impactarlo se percató que el portero iniciaba una estirada hacia el lado izquierdo. El futbolista conectó con la punta de la bota por la parte inferior del balón, que se elevó un par de metros iniciando una vaselina. El esférico entró lentamente por el medio de la portería sin que el portero, que no tuvo tiempo de reaccionar, pudiera hacer nada. Antes que la pelota entrara, Panenka ya alzaba los brazos, celebrando la victoria de Checoslovaquia y su paso a la posteridad: este gol de penalti se bautizó con su nombre: “el gol de Panenka”.

España: Manolo el del Bombo

El seguidor más fiel de la selección española es el carismático Manuel Cáceres Artesero, de 57 años, más conocido como Manolo el del Bombo. Es un personaje muy popular en España, que ha protagonizado varios anuncios de televisión. Algunos lo tratan de chiflado y otros lo acusan de ser un producto de marketing, pero este ya es el séptimo mundial que Manolo presencia desde las gradas. Con su boina inconfundible y bombo en mano “el doceavo jugador de la selección” encarna el papel de pastor de la afición y tiene un buen repertorio de canciones patrióticas. Sin embargo, algunas voces supersticiosas, le culpan de la mala suerte del equipo estatal y piden su jubilación anticipada. “Querido Manolo, llevas 20 años detrás de la selección y parece que llevas la mierda [sic] pegada al bombo. Tú lo sabes. Haz las maletas y lárgate, por favor. Hazlo por España”, escribe el periodista Juan Moreno en el diario Süddeutsche Zeitung.

Italia: la euforia de Tardelli

Los que presenciaron la final del Mundial de 1982 disputado en España todavía oyen el aullido de Marco Tardelli, que algunos consideran la celebración más efusiva de la historia del fútbol. Tardelli marcó el 2-0 crucial contra Alemania Federal. Cuando el balón entró al fondo de la portería, el jugador se levantó del suelo y corrió gritando como un poseso, embriagado de emoción. Corrió y corrió, tal como él mismo ha reconocido, sin rumbo preciso, hasta que sus compañeros lo abrazaron. Su gol hacía que el sueño italiano de conquistar el Mundial estuviera muy cerca.

Portugal: banderas en los balcones

A pesar de tener grandísimos futbolistas como Eusebio Ferreira Da Silva o Luis Figo, no han tenido suerte en los campeonatos internacionales. El seleccionador portugués, Luis Felipe Scolari, quiso acabar con los malos resultados con una movilización popular. El seleccionador pidió a los portugueses que colgaran la bandera nacional en las ventanas y los balcones durante la Eurocopa de 2004 que se jugaba, precisamente, en Portugal. Decenas de miles de banderas tiñeron las fachadas de rojo y verde y el país entero se mentalizó de que era la hora de la verdad. Todo Portugal se volcó con el equipo nacional, pero Grecia, al final, estuvo más acertada y se llevó la copa. Los portugueses tendrán que buscar otro remedio contra los malos espíritus.

Holandeses y alemanes, a matar

Los partidos entre Holanda y Alemania tienen un clima especial, una rivalidad visceral que nace en el terreno de juego. En los octavos de final del Mundial de 1990, el holandés Frank Rijkaard, actual entrenador del FC Barcelona, escupió al alemán Rudi Voëller. El primer intento fue fallido, pero el segundo disparo acertó de pleno en la melena del alemán. Las protestas de Voëller no sirvieron de nada, ya que el árbitro adoptó la solución salomónica de expulsarlos a los dos. Por último, los alemanes se apuntaron la victoria por dos goles a uno. Los aficionados holandeses se quedaron con las ganas de cantar el famoso: “Schade Deutschland, alles ist vorbei, alles ist vorbei, alles ist vorbei”. (Lo siento, Alemania, se acabó, se acabó, se acabó).

Ilustraciones de Henning Studte. Han colaborado en la redacción de este artículo Nils Elzenga (Holanda) y Bruno Barreira (Portugal)