El futuro de Europa no puede girar entorno a la soberanía nacional

Artículo publicado el 16 de Enero de 2006
Artículo publicado el 16 de Enero de 2006

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Frieda Brepoels, vicepresidenta de la Nueva Alianza Flamenca, partido que lucha por la autonomía política de Flandes respecto a Bruselas, nos explica por qué se le debe otorgar un papel europeo a los gobiernos regionales.

Flandes tiene parlamento autónomo desde 1989. Ahora, una de sus parlamentarias, Frieda Brepoels, quiere que este hecho se traslade al resto de la UE.

¿Cuáles son las ventajas del regionalismo en Europa?

La mayor contribución de las regiones europeas al proceso europeo de integración económica es su diversidad cultural. Las regiones corrigen el déficit democrático de los mecanismos institucionales europeos, reducen las tensiones nacionales internas, aplican soluciones transfronterizas, y lo que es más importante, acercan mucho más a los ciudadanos a las estructuras de toma de decisiones.

¿Se encuentran las regiones adecuadamente representadas a nivel europeo?

Ahora mismo las regiones no están participando de manera adecuada en el proceso de toma de decisiones europeo. No se las considera tan importantes como debería ser y esto se debe sobre todo a su gran diversidad, que es, por supuesto, lo que caracteriza a las diferentes regiones. Esto posibilita que algunos gobiernos centrales luchen por mantener en exclusiva sus poderes. Las decisiones más beneficiosas en favor de las regiones en Europa se tomaron en Maastricht, apostando por el Comité de las regiones y por su representación en el Consejo de Ministros, y también en el proyecto de Constitución, principalmente porque las reconocía como parte integrante de los Estados miembro.

En el futuro creo que como primer paso tendremos que evolucionar hasta convertirnos en una "Europa con las regiones", una Europa donde las regiones participen plenamente en el proceso de toma de decisiones.

¿Representa este temor a la cesión de competencias un gran problema en Europa y específicamente en Bélgica?

Creo que a grandes rasgos, los europeos no temen al regionalismo, es decir, a la idea de las ventajas políticas y administrativas de la autonomía y gobiernos regionales. Está claro que los gobiernos y las administraciones centrales tienden proteger sus competencias, pero no pueden evitar la naturaleza evolutiva de la soberanía nacional: esta ha cambiado mucho en toda Europa. Casi todas las constituciones europeas han tendido a una mayor descentralización; incluso algunas constituciones del este de Europa -donde la visión de su recientemente recuperada soberanía nacional difiere bastante de la nuestra- han adoptado la misma senda.

Este colosal cambio programado desde arriba se ha visto catalizado por el constante apoyo democrático de los europeos, que al mismo tiempo sienten que la democracia verdadera necesita también de la participación de abajo a arriba por parte de sus ciudadanos. Esta confianza en el regionalismo ha sido especialmente fuerte en Bélgica.

¿Cómo puede evitarse que este traspaso de competencias, que acerca la democracia a los ciudadanos, se convierta en una herramienta o justificante de los separatismos y nacionalismos?

Si el gobierno de Europa se pudiera entender como la responsabilidad colectiva de las instituciones europeas, las autoridades nacionales y regionales, las instituciones locales y los intereses privados bien organizados, se podría evitar el debate entre la soberanía nacional y el separatismo.

Tratar de dejar a los parlamentos regionales fuera de la escena europea, por ejemplo, o dejar a las regiones sin representación en el Consejo de Ministros iría probablemente en contra de los valores tradicionales de la sociedad europea y de nuestra herencia común. La soberanía nacional es un valor del siglo XVIII, la Europa del futuro no puede girar entorno a ella.