El Gallinero holandés: 74 partidos políticos

Artículo publicado el 22 de Noviembre de 2006
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Artículo publicado el 22 de Noviembre de 2006
Los partidos de nuevo cuño se alinean a la derecha, mientras los votantes dan un giro a la izquierda.

Hubo un tiempo en que la política holandesa era aburrida y de fiar. Las elecciones holandesas del 22 de noviembre vienen desencadenadas por una segunda caída del gobierno en cuatro años de caos político. La amarga resignación, la intriga, las amenazas de muerte e, incluso, el asesinato han dejado huella en la ejemplar reputación de este país. Con los primeros sondeos, los votantes parecen tener la determinación de reestablecer algo de esa estabilidad perdida hace ya tiempo, dándole la espalda a la derecha más recalcitrante.

Reestructurando el sistema

Todo comenzó con la espectacular subida de Pim Fortuyn en la carrera de las elecciones parlamentarias de 2002. Este populista excéntrico cuestionó abiertamente el multiculturalismo y criticó el Islam, tema que se había obviado por miedo a ser tachado de racista. Su asesinato, una semana antes del día de las elecciones, ayudó a catapultar a su partido -compuesto en su mayoría por políticos aficionados- al segundo puesto con 26 escaños.

Sin embargo, la Lista Pim Fortuyn (LPF) pronto empezó a desintegrase sin su carismático líder, dando paso a la caída del gobierno menos de un año después. El partido existía, pero había perdido su credibilidad y, desde entonces, ha seguido de mal en peor. Los últimos sondeos no le conceden ni un solo escaño.

El legado anti-inmigración continúa

De hecho, muchas escisiones de otros grupos, formadas hace poco, compiten en estos momentos para llenar el llamado “hueco” en la derecha. Entre éstas, se encuentran el Partido de la Libertad (encabezado por el ex parlamentario liberal Geert Wilders), Una NL (co-dirigido por el ex parlamentario Joost Eerdmans exde la Lista Pim Fortuiyn (LPF) y el Concejal de “Rótterdam habitable” (Liveable Rotterdam), y el Partido de los Países Bajos (con el ex ministro de LPF Hilbrand Nawijn como líder). Estos partidos están agrupados bajo nombres del estilo de “Nueva Derecha”, “Nuestros Países Bajos” y “¡Forza Países Bajos!”. Todos compiten por el mismo voto de los de Fortuyn.

En lugar de romper el tabú sobre los delicados asuntos de inmigración, Fortuyn acreditó su capacidad para reestructurar a una elite política establecida hace mucho tiempo y reforzada por sí misma. La tranquilidad con la que se lanzó al escenario político recordó al país su naturaleza democrática y ha inspirado a muchas almas descontentas para darse a sí mismas una oportunidad.

A comienzos de septiembre, el consejo electoral anunció que habían recibido hasta 74 inscripciones de partidos –24 de las cuales cumplían, en efecto, con los criterios de participación–, comparadas con las 45 de las últimas dos elecciones. Muestra de ello es el Partido por los Animales, el Partido de los Fumadores, el Partido de los Jóvenes, o el Partido contra la Superpoblación. Otras curiosidades incluyen partidos como Todos somos Uno, No votes, XyZyZ 4u2, o el PNVD, conocido como el “partido pedófilo”, cuya legalización a principios de este año desencadenó una ola de consternación tanto en el país como en el extranjero.

No obstante, no es probable que el montaje de Fortuyn de hace cuatro años se vuelva a repetir. Tendría que aparecer un político carismático similar. Tampoco ha logrado nadie convencer a los numerosos y partidos cabreados para aunar fuerzas. Además, parece que los partidos establecidos han aprendido la lección. Todos se han endurecido en materia de inmigración, amplificando el mensaje del monopolio populista. En efecto, este tema ha sido objeto de debate hasta tal punto que se puede percibir cierto agotamiento en materia de inmigración. Al contrario que en las dos últimas elecciones, este año son los asuntos apremiantes en materia económica los que dominan el debate.

No obstante, lo más importante es que los holandeses parecen estar cansados de la política de aficionados encarnada por la debacle de LPF, hecho que los sondeos parecen confirmar. A pesar de los muchos escaños que los cazatalentos de los neo-Fortuyn dicen estar seguros de conseguir, no han de lograr más que unos pocos. La mayoría no será capaz de imponer sus deseos ni siquiera desde un solo escaño. Y no son sólo LPF o sus imitadores quienes están siendo castigados por los votantes. El Partido Liberal parece estar más atrapado que la media de los demás, en parte, debido a la amarga discordia interna por el liderazgo. Es llamativo también ver el atasco de los social-liberales, a quienes se les responsabiliza de la última caída del gobierno.

A pesar de todo esto, los votantes están dando un giro hacia la izquierda. Ahí es donde esperan encontrar la estabilidad económica y política que buscan. Las elecciones locales celebradas en marzo de este año pueden haber sido proféticas, cuando el Partido Laborista logró la victoria, ganando a los demócrata-cristianos y liberales, los dos principales componentes de los últimos dos gobiernos (aunque las encuestas todavía favorezcan ligeramente a los democristianos). Si hay que hacer caso a las encuestas, es el Partido Socialista el que parece haberse aprovechado del caos que impera en la derecha. Haciendo honor a su habitual tendencia a adelantar acontecimientos, la oposición anticipa que va a estar en el gobierno por primera vez. Para empezar, se han hecho ligeros cambios en el logo de su partido, representado tradicionalmente por un tomate en el aire.