El intermediario honesto que nos sorprenderá

Artículo publicado el 27 de Septiembre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 27 de Septiembre de 2004

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Frente a las proclamas de Prodi, Barroso brilla por su pragmatismo. Hay más de un motivo (político) para pensar que llegará más lejos que su predecesor italiano.

Descrito por todos –en el mejor de los casos– como un broker* (intermediario), o –en el peor– como un reyezuelo manipulado por los gobiernos nacionales de esta o aquella capital, las declaraciones de intenciones de Barroso han sido más realistas y a menudo más sensatas que las de su predecesor, Romano Prodi.

La liviana herencia de Prodi

Cinco años de “gobierno” Prodi han reducido la credibilidad y el peso político de la Comisión a unos mínimos históricos. La institución que desde siempre había arrastrado a todos hacia una más profunda y amplia integración política -a veces incluso en sentido federal- ha pasado prácticamente a renegar de si misma, desarrollando un papel absolutamente marginal en el curso de los trabajos de la Convención sobre el futuro de Europa. Baste recordar el proyecto de Constitución “Penélope” naufragado en la indiferencia.

La pugna comercial con Washington, magníficamente interpretada por aquel esplendido tecnócrata llamado Pascal Lamy, habrá recalentado los corazones de algún bienpensante, pero no ha hecho más que reforzar –en vez de disminuir– los empujes proteccionistas por ambas partes. Hoy, la Unión Europea y los Estados Unidos en vez de abrirse, más parece que se estén parapetando en fortalezas hechas de acero y subsidios agrícolas, que luego pagan los más pobres de entre los países en vía de desarrollo.

Están también las inolvidables palabras de la ex comisaria de agricultura Viviane Reding que en más de una ocasión alabó a China como ejemplo de diversidad cultural, tirando a la basura las decenas de informes remitidos a Bruselas por muchas ONGs lamentando la represión y la imposición forzosa de la cultura Han en regiones enteras como el Este del Turkestán o el Tibet.

Si fuera posible emplear los cinco años más intensos de la historia europea desde el final de la segunda guerra mundial de modo que no se dejara huella positiva alguna, la comisión que aspiró a convertirse en gobierno lo consiguió de lleno.

Democracia y atlantismo: el cambio de Barroso

La comisión Barroso aún debe demostrarlo todo. Pero pocas horas después del voto de confianza del Parlamento Europeo, en una entrevista a la BBC, el nuevo presidente Barroso ha enterrado el estilo condenatorio con el que la Comisión Prodi sentenciaba normalmente a quiénes –como los ciudadanos irlandeses– cargaban con la culpa de haber rechazado deliberadamente un Tratado incomprensible como este, parido en el insomnio de una noche en Niza. Siguiendo con las declaraciones, para Barroso, si se barruntara que uno o más referendos pudieran rechazar el Tratado “constitucional” de Giscard, trataría de convencer a los dirigentes europeos para afrontar un problema político antes que condenarlos al dilema de una consulta popular.

Sobre las relaciones transatlánticas, Barroso parece haber comprendido que la doctrina enteramente neogaullista del multilaterralismo propugnada por el dúo Prodi-Solana (Alto Representante para la política Exterior y de Seguridad Común, M. PESC) en el último quinquenio, es contraria a la lógica misma que ha llevado a la creación de la Unión Europea. Cuando se trata de resolver los grandes problemas de nuestro tiempo, desde los desastres medioambientales al terrorismo, desde el desarrollo sostenible a la reducción de la pobreza, Europa no puede pensar seriamente o actuar eficazmente ella sola, necesita colaborar con los Estados Unidos. La conclusión necesaria, pero no descontada, de este análisis, es la perspectiva de los Estados Unidos de Europa y de América, de un mundo occidental unido en la defensa y en la promoción de los derechos fundamentales, de la libertad y de la democracia. Por ahora, en esta Europa, lejos de Marte y de Venus**, es importante constatar que para el nuevo presidente de la Comisión no hay más espacio para pesos y contrapesos, sino sólo para la capacidad y la voluntad de resolver los problemas de nuestro tiempo.

Por lo tanto, la elección tomada por Barroso, aunque no privada de ideales, es un acercamiento pragmático. Mientras se desvanecen las declaraciones de compromisos casi “sartrianos” de una comisión que aspiraba a ser un gobierno, pero que fue incapaz de gobernarse incluso a si misma, la nueva Comisión declara poquísimo; es la antítesis del antiamericanismo, y actúa con una discreción que todos ven como una debilidad y una sumisión. Esperemos que, más allá de las declaraciones, Barroso nos convenza en los próximos cinco años con sus opciones que, como recuerda el periodista Enrico Rufi, para más de uno -también en esta Europa imposible- tiene aún sentido tener razón con el sentido común y el pragmatismo de Camus, antes que equivocarse con el existencialismo veleidoso de Sartre.

*NDT: término usado para designar a una persona o un país que desempeñe el papel de mediador en la resolución de conflictos internacionales.

**NDT: Referencia al Best Seller "Los hombres vienen de Marte, las mujeres de Venus", del escritor John Gray.