El interrail del futuro

Artículo publicado el 7 de Junio de 2007
Artículo publicado el 7 de Junio de 2007
De norte a sur, de este a oeste: para el 2020 viajar por Europa será más fácil y rápido gracias a la red de transporte TEN.

El horizonte temporal de referencia está fijado para 2020. Para esa fecha todos los proyectos prioritarios de la red transeuropea de transporte (TEN-T) tendrán que estar completados. Una Europa ampliada a 27 Estados, para una cohesión económica y social efectiva, necesita un sistema de transporte y una red de infraestructuras más eficiente.

Transportes más veloces y respetuosos con el medio ambiente

El proyecto es ambicioso y absorberá más de 600.000 millones de euros para construir o completar una amplia red capilar de carreteras, autopistas, ferrocarriles y líneas de alta velocidad, aeropuertos y “autopistas del mar”. Treinta obras han sido ya clasificadas como prioritarias por la Comisión Europea, pero su desarrollo ya presenta retrasos con respecto al calendario inicial. Para conseguir terminarlas en 2020 -tal como se especifica en la comunicación de la Comisión Europea del 21 de marzo de 2007- tendrán que ser invertidos 160.000 millones de euros de aquí a 2013. Pero algunos proyectos importantes ya han sido finalizados o lo serán este año: se trata del enlace permanente de Oresund (Suecia-Dinamarca) a pulir en 2009, del aeropuerto italiano de Malpensa (terminado en 2001), de la línea ferroviaria de Betuwe (que une Rótterdam con la frontera alemana) terminada en 2007 y de la línea de alta velocidad PBKAL (el TGV París-Bruselas/Bruselas-Colonia-Ámsterdam-Londres, que estará finalizada en 2007). “Los treinta proyectos prioritarios -según la comunicación de la Comisión- favorecen medios de transporte más respetuosos con el medio ambiente y consumen menos energía”.

No más conexiones perdidas

Los “heroicos” interrailes, algo abandonados debido a los prácticos vuelos de bajo coste, se convertirán así en un recuerdo. O mejor dicho, estos viajes sobre raíles no desaparecerán, sino que serán menos aventurados que en el pasado. No tendremos que enfrentarnos más a recorridos ferroviarios laberínticos, con la mochila en la espalda y el ansia y el estrés de perder el enlace por los repentinos y numerosos cambios de tren. En el futuro, podremos contar con ejes ferroviarios hasta el punto de unir lineal y rápidamente las principales ciudades europeas. La nueva Vía Báltica, por ejemplo, promete conectar Varsovia con Tallin de aquí a 2016. Las cerca de ocho horas necesarias para cubrir el tramo Vilna-Sokolka, herencia de un absurdo sistema soviético basado en el desvío de las vías en la frontera, serán reducidas de manera drástica. Menos aventura pero más practicidad.

La red de transporte transeuropea destacará en parte los 10 corredores individualizados en los años noventa a nivel comunitario. Entre los proyectos más amplios, el llamado corredor nº5, que cortará de este a oeste Europa entera, uniendo Lisboa con Kiev (Ucrania). Un eje a través de ocho países (entre los cuales están Italia, Eslovenia, Croacia y Hungría) que incluirá autopistas y líneas férreas y facilitará los intercambios de personas y mercancías. ¿Y qué decir del proyecto de la alta velocidad en el suroeste europeo, que confluirá en buena parte con el ya citado corredor 5? Dentro de pocos años podrá uno moverse más rápido de Lisboa a Madrid, para después continuar hacia Barcelona, bajarnos a admirar las obras de Gaudí, volver a subirnos para partir hacia Francia, dirección Montpelier y Nîmes.

La línea de alta velocidad entre París y Mannheim, en Alemania, transportará los primeros pasajeros el 10 de junio de 2007. A esta última irá unida la línea ferroviaria París-Bratislava, prevista para 2015: no será de alta velocidad, pero permitirá unir Francia con Eslovaquia atravesando Alemania y Austria.

En los próximos años debería ser completado el eje que comunicará Atenas con Dresde, pasando por Sofía, Budapest, Viena, Praga y Nüremberg. Otras conexiones implican a los países escandinavos, Irlanda y Gran Bretaña, y las tres “capitales de Europa”: Bruselas, Luxemburgo y Estrasburgo. Sin olvidar los tramos ferroviarios Lyon-Génova-Basilea-Rotterdam y el de Danzig-Varsovia-Bratislava-Viena. Los numerosos proyectos de las “autopistas del mar”, que potenciarán el transporte de mercancías en Europa por barco, completarán la mejora de los enlaces entre las áreas periféricas del viejo continente. La revolución del transporte ha comenzando: en 13 años podremos valorar éxitos y fracasos, recorriendo las carreteras y las vías de la nueva Europa.