El Islam alza su voz

Artículo publicado el 31 de Octubre de 2005
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Artículo publicado el 31 de Octubre de 2005

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Con casi 15 millones de fieles, el Islam es la segunda religión más practicada en Europa, pero tendrá que pasar un tiempo antes de que los imanes consigan hablar con una sola voz.

La democracia en la Unión Europea depende del reconocimiento del pluralismo religioso. Cuando se constata que los movimientos integristas –aquí y en otros lugares- y los sentimientos de xenofobia y racismo se proyectan en nombre de la religión, se hace necesario delimitar el marco institucional del poder espiritual. Tanto como reconocer el hecho religioso como actor indispensable para la sociedad.

Islam inaccesible

Hans Vöking, miembro de la Conferencia de iglesias cristianas de Europa, subraya que "la organización del Islam es un trabajo complicado". Aunque en Europa no faltan voces musulmanas, se hace difícil elaborar un discurso político coherente debido a la ausencia de jerarquía, por una parte, y de interlocutores cualificados, incluso legítimos, por otra. A algunos imanes, de origen extranjero, se les considera mal formados para responder a las expectativas de los musulmanes de Europa.

Michael Weninger, consejero político de la Comisión Europea para el diálogo interreligioso, subraya las distintas formas de pertenencia al Islam, un factor de divergencias importantes en materia de lenguas, tradiciones y formas de integración, propias de cada comunidad.

Asimismo, en palabras del Dr. Balil Boubakeur, rector del Instituto Musulmán de la Mezquita de París, "el Islam es al mismo tiempo una religión, una comunidad, una ley y una civilización". La propia esencia del Islam prohíbe toda distinción entre esfera religiosa, civil y política. Esta unidad se explica en parte por la ausencia de cualquier proceso de secularización que permita pasar de una sociedad confesional a una que separe claramente la autoridad gubernamental de las instituciones religiosas, tal y como ocurrió con la Iglesia católica durante el siglo XVIII.

Una institucionalización balbuciente

Según Michael Weninger, "Austria es hoy el único Estado miembro que dispone de una regulación jurídica para las organizaciones religiosas". En 1912, el Imperio Austro-húngaro reconoció al Islam como religión oficial. En este país de fuerte mayoría católica, la libertad de religión está anclada en la Constitución y el Corán se enseña en la escuela pública a los jóvenes musulmanes. Además, los imanes se forman allí, lo que permite que se cree una verdadera cooperación entre las comunidades musulmanas y la administración austriaca. A título comparativo, de los 2.000 imanes presentes en territorio británico, 1.700 provienen o han sido formados en el extranjero.

La voluntad común de establecer un diálogo real entre los gobiernos y las comunidades musulmanas ha llevado, por otra parte, a la creación de instancias del tipo "Consejo musulmán" con dos modalidades: o bien fundado y dirigido por la comunidad musulmana o bien instituido y supervisado por el Estado. En 2002, estalló la polémica del velo llevado en establecimientos públicos en Francia y dio lugar a la puesta en marcha, por Nicolas Sarkozy (entonces Ministro del interior), de un Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM). Compuesto por miembros elegidos por los delegados de las 1.400 mezquitas del país, esta instancia se proyectó como un órgano que participara en la integración del Islam en el sistema laico francés. El CFCM interviene, de este modo, en las relaciones con el poder político, la construcción de mezquitas, el mercado de la carne halal o la formación de los imanes. En Italia, el ministro del Interior aprobó hace poco la creación de un órgano similar, cuyos miembros, en este caso, fueran nombrados por el ministerio. Por su parte, el Consejo del Culto Musulmán de Gran Bretaña tiene la particularidad de haberse autoproclamado en 1997 y dispone, por tanto, de cierta autonomía.

Una legitimidad por construir

Según Olivier Roy, director del Centro Nacional de Investigaciónes Científicas francés (CNRS), ninguna de estas tres fórmulas de Francia, Gran Bretaña o Italia satisface actualmente la exigencia de legitimidad. Si bien los Consejos musulmanes tienen dificultades para imponerse en la escena política, su carencia principal es la veteranía, garantía de credibilidad. Las comunidades musulmanas están presentes en el continente desde hace sólo poco tiempo y no cesan de evolucionar. Antes de definir su papel, sería preciso establecer además su razón de ser: ¿se trata de representar a los musulmanes que viven en Europa o de fortalecer un Islam más liberal?

¿Un Islam con valores europeos?

Hay otras dificultades que tendrán que superarse, como la cohesión interna y las disensiones entre representantes de distintos orígenes y culturas, que debilitan el mensaje de las diferentes instancias representativas. Y si no existe en Europa ningún modelo que pueda inspirar a los musulmanes, tampoco es muy deseable que Turquía sirva de ejemplo ya que, a pesar de su laicidad, Ankara reivindica un Islam muy nacionalizado. Corresponde, pues, a los europeos de todas las religiones impulsar el diálogo y aplicar una diplomacia preventiva frente a comunidades musulmanas mal integradas, ciertamente, pero, sobre todo, mal representadas.