El italiano Ascanio Celestini, “uno que cuenta historias”

Artículo publicado el 26 de Octubre de 2011
Artículo publicado el 26 de Octubre de 2011
Es el abanderado del teatro italiano del momento, el sátiro vigilado por el poder, el antropólogo que escenifica los males de la época mejor que nadie. Ascanio Celestini, que ahora está de gira por Italia con Pro Patria, un espectáculo dedicado a los 150 años de unidad nacional, es célebre también más allá de los Alpes.
Hemos quedado con él en París, en un largo brunch que tuvo lugar el pasado mes de junio. El recuerdo no se ha desvanecido.

Ascanio Celestini te mira y te habla como si fuese un primo mayor. Uno de aquellos primos nacidos en los años 70, que han vivido los mismos cambios que tú, pero de manera menos repentina, y que han logrado conservar aquella sabiduría y lentitud necesarias para entender el mundo. Un libro abierto, lleno de operaciones matemáticas mezcladas con palabras, en el teatro o en la butaca del hotel desde dónde me habla en Montmartre: Celestini usa imágenes sencillas para desvelar un mecanismo, multiplica y divide para llegar a un resultado, por otra parte, simple. “Porque la realidad se comprende más fácilmente a través de tus propios vecinos que gracias a Proust o Dostoievski”. Vive en Morena, un pequeño pueblo en los alrededores de Roma, en una casa que está enfrente de aquella en la que nació hace 39 años. Se ha casado con la nieta de un amigo de su abuelo, en el teatro mismo, en Emilia Romagna, durante un laboratorio con personas ancianas: “Debíamos ensayar una escena en la que se casaban dos personas, y entonces yo he decidido hacerlo de verdad”. En su biografía no detalla los estudios universitarios o su formación teatral, sino el trabajo de sus padres, de sus abuelos y tíos abuelos, “intentando dar sentido a las piezas que constituyen su formación humana”.

Revolución lingüística

Viste siempre de negro y desde hace años luce una larga perilla que aún lo hace parecer más oscuro, más misterioso. Es cínico. En escena habla de personas que no llegan a comunicar, de gente que camina en fila india, de discriminaciones, de políticos corruptos e intrépidos, de locos felices que se desesperan cuando caen en la cuenta que viven en un manicomio.

“Yo denuncio la violencia verbal porque, históricamente, siempre ha precedido a la violencia física”

En el Thèatre des Abesses de Paris, el pasado mes de Junio, ha colgado dos noches el cartel de completo. Entre sus espectáculos, La fila india es posiblemente el más violento, en el que el cuentacuentos usa la misma violencia verbal que caracteriza nuestra época: en la política, en el trabajo, en la escuela, en la calle. “Se está produciendo una autorización de lo indecible –explica Celestini- una revolución lingüística interesante para el teatro pero que no debería llegar a la política”. A las declaraciones absurdas de Silvio Berlusconi, demasiado obvias para citarlas, se le une la violencia de los medios de comunicación: “Como cuando dijeron que el jefe de los obispos italianos había llamado pedófilos a los homosexuales. Lo que hizo fue acercar en su discurso las dos palabras de forma muy peligrosa, afirmando que si aceptamos plenamente la homosexualidad, acabaremos por consentir la pedofilia”. Yo denuncio la violencia verbal por un motivo muy simple, porque, históricamente, ha precedido siempre a la violencia física. Cómo cuándo en Ruanda los Hutus llamaban a los Tutsis cucarachas y luego los exterminaron”.

Una historia dentro de otra: el teatro es matemáticas.

Con un estilo de cuentacuentos, un uso rico de la anáfora y una poesía concéntrica (una historia siempre dentro de otra), acompañado de una guitarra insistente, Celestini habla de chavales que se odian en la escuela y se marginalizan, ayudados por la maestra; de un hombre sólo y vacío que tiene un doble, un álter ego con el cuál no logra formar una persona completa; de un presidente corrupto que se ríe de su pueblo sin esconderse; de un empresario de mierda que hace negocios con la mierda. En su gira por países francófonos lo acompaña un actor rubio y mofletudo que se ha dejado la perilla igual de larga que Celestini, el belga Patrick Bebi. Su traducción en escena es realmente espectacular: “Ascanio ofrece mucho sobre el escenario, transmite una energía fuertísima que yo, que estoy muy cerca de él, intento transmitir al público”. ¿Por qué los franceses adoran a Celestini? “Fácil, en su obra hay una palabra política clara y precisa, que no existe en el teatro del Norte de Europa”.

Más que un “cuentacuentos”, Celestini prefiere autodefinirse como “uno que cuenta historias”. Hace investigación antropológica en las cárceles, en las escuelas, en los hospitales y los manicomios. Una obra maestra es la película La Pecora Nera (La Oveja Negra), positivamente valorada en el Festival de Venecia de 2010, en el que interpreta el personaje de Nicola, donde el límite entre la normalidad y la locura es prácticamente inexistente pero la crítica a la “sociedad del supermercado” es despiadada. En la última escena, en los pasillos de un supermercado, Nicola ingiere y vomita todo lo que se va encontrando en su camino.

“Ya no tenemos necesidad de relacionarnos”

“Antes el pueblo donde vivo era considerado eso, un pueblo cerca de Roma, ahora se le considera “periferia”. Las periferias se han convertido en las sedes de los centros comerciales, antes eran en cambio pequeños pueblos en sí mismos, no había ninguna necesidad de ir a Roma a buscar trabajo. La mutación antropológica los ha transformado en dormitorios. Así, la clase obrera ha sido absorbida por la cultura burguesa y la ciudad se ha “periferizado”. ¿Resultado? “Se vive en la ciudad como un cliente, donde ya no se va para encontrarse con la gente sino para comprar. Ya no se va al bar a hablar con el “barista”, no hay ya lugares dónde encontrarse y charlar, ya no tenemos necesidad de relacionarnos”.

En el pesimismo oscuro de Celestini brillan sin embargo dos ojos claros y cómicos, que traicionan una felicidad interior, el privilegio de encontrarse e intercambiar palabras con un montón de personas, de un modo apasionado y generoso, con muchas bromas y con muchas risas. Por eso vive aún en Morena e intenta no separar el trabajo de su vida, quizás por un miedo a perder las relaciones más solidas, las más raras. Es la lección más importante que nos da Celestini. Por esto mismo, intentad encontraros con él a escondidas.

Todas las fotos: cortesía de Ascanio Celestini