El legado medioambiental de China

Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2005
Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2005

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Mientras la Unión Europea intenta lidiar con la influencia económica de China sobre los mercados europeos, en China la cuestión más importante que resolver es el medio ambiente.

El cambio hacia una economía de mercado a menudo trae consigo un sistema político más transparente y accesible. El ascenso de China a la gloria económica no parece haber traído la transparencia completa, pero gracias a su rápido crecimiento económico ha habido, en cierta medida, una Glasnost asiática; un gobierno más accesible, un aflojamiento del control del Estado sobre los medios de comunicación y una sociedad más cosmopolita. Sin embargo, mientras el velo de secretismo cae lentamente, las consecuencias medioambientales del crecimiento de China se están haciendo alarmantemente evidentes.

Una preocupación global

Los últimos 25 anos de crecimiento económico han devastado el medio ambiente de China; otros 25 años podrían tener los mismos efectos a nivel mundial. El irrefrenable consumo de recursos naturales no causa sorpresa teniendo en cuenta el increíble crecimiento de China. Según el Banco Asiático de Desarrollo, las importaciones de materias primas se incrementaron un 40% el año pasado, lo que supone un consumo de la tercera parte de la producción mundial de cobre, acero y carbón. Todavía hay poca legislación para vigilar las obvias consecuencias económicas de tan desmesurado consumo. La contaminación derivada de la combustión del carbón, que representa un 70% del uso total energético de China, está dañando la salud humana así como la calidad del aire y del agua.

Además, el hecho de que el crecimiento económico veloz no haya cambiado una infraestructura anticuada e ineficaz, no hace sino exacerbar el problema. Por ejemplo, la enorme producción industrial ha puesto en evidencia la arcaica red fluvial de China. Desde Pekín se admite que el 70% de los lagos y ríos de China están contaminados. Una gran parte de la población todavía depende de las fuentes naturales de agua, no sólo para el agua potable, sino también para otras muchas actividades cotidianas, lo que supone una amenaza muy alta en algunas áreas en cuanto a enfermedades e infecciones, como se demostró durante la explosión tóxica que contaminó el río Songhua a principios de noviembre.

China no es el único culpable

Durante años, se ha considerado el asunto como un "problema nacional", sin que la comunidad internacional hiciera muchas preguntas sobre la situación ambiental en China. Pero como China está participando cada vez más en la economía global, la falta de protección medioambiental se ha convertido en un problema global, ya que las naciones desarrolladas se están aprovechando de la falta de exigencia de las leyes nacionales chinas sobre medioambiente para usarla como basurero, lo que les ofrece una alternativa muy barata.

En concreto, Gran Bretaña es culpable por exportar sus desechos. Según los últimos datos del gobierno británico, más de un tercio de los residuos de papel y plástico de este país se envían a China sin mucha preocupación sobre sus posibles consecuencias. La galopante demanda de estos productos en China se debe al rápido aumento de la capacidad de producción y a la carencia de materias primas como los plásticos. Así, las empresas británicas cuentan con un panorama muy atractivo debido a la constante demanda china sumada a la legislación de la Unión Europea que prohíbe los vertidos dentro del territorio comunitario. Pero poco se sabe sobre lo que ocurre una vez que estos materiales llegan a China. Martin Baker de Greenpeace-China afirma que "hay algunas fábricas buenas, pero el reciclaje es aún a pequeña escala, y se lleva a cabo por la puerta de atrás con las mínimas normas ambientales. La gente quema el plástico, después de clasificarlo a mano, el agua se contamina y se devuelve a los ríos".

Aunque China sea en parte culpable, la verdadera responsabilidad recae sobre los países que hacen dumping y que deben encontrar alternativas más viables dentro de sus propios países. Por ejemplo, el Reino Unido debería desarrollar su propia industria del reciclaje, que está muy por detrás de los sistemas implantados en Alemania y Dinamarca.

Algunos pasos prometedores

Ha habido algunas mejoras recientes por parte de las autoridades chinas para atajar los problemas de contaminación. Por ejemplo, la contaminación atmosférica ha sido el telón de fondo de las grandes metrópolis de China. En 1998, la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó siete ciudades chinas entre las diez más contaminadas del mundo. Para combatir esto, el gobierno aprobó una Ley para la promoción de productos limpiadores en 2002 y ha introducido un impuesto sobre los carbones con alto contenido en azufre. En Pekín, los autobuses se están adaptando al uso de gas. Proyectos de este tipo están siendo auspiciados por el reciente anuncio de que China tiene como objetivo doblar el uso y dependencia en energías renovables hasta 2020. Este anuncio es de especial relevancia, ya que China es el segundo mayor productor de gases de efecto invernadero del mundo.

Sin embargo, China continuará creciendo durante el siglo XXI. Y con una población cuatro veces superior a la de la UE, su consumo global excederá tarde o temprano al de otras superpotencias. Los Estados Unidos, sobre todo, pero también los países miembros de la UE, tienen que dar ejemplo y poner en práctica proyectos cada vez más rigurosos para abordar las emisiones de gas invernadero. Quizás entonces países como China e India se sientan más obligados a seguir dicho ejemplo mientras sus economías continúan desarrollándose.