El mal estado del Estado del bienestar británico

Artículo publicado el 27 de Junio de 2005
Artículo publicado el 27 de Junio de 2005

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El nuevo laborismo británico ha logrado preservar al país del desempleo y de las crisis que afectan al Estado del bienestar y que actualmente están causando estragos en determinados países de la UE. Pero detrás de las estadísticas subyace otra realidad, quizás no tan idílica.

¡Cuánta diferencia puede llegar a marcar una década! En este sentido, durante los últimos diez años el Reino Unido ha sido testigo de una reducción en su tasa de desempleo así como de un aumento de su Producto Interior Bruto (PIB), y ahora posee una renta per capita mayor que Francia o Alemania, cuyas economías se han quedado estancadas y luchan por mantener sus gravosos sistemas de bienestar. Los motivos que han generado estos cambios son: los impuestos de menor cuantía del Reino Unido, un mercado laboral más flexible y un enfoque que fomenta la creación de negocios y empresas (“business friendly” approach). Su Estado del bienestar ha reducido su ámbito operativo, se centra en principio en los mas desfavorecidos haciendo menor hincapié en la solidaridad nacional “national solidarity” a diferencia del sistema francés y alemán. Por otro lado, el sistema británico promueve la creación por parte de los individuos de seguros de enfermedad y de vejez.

¿Sigue Gran Bretaña marcando la pauta?

A pesar de los impresionantes datos que proyectan las estadísticas de índole económica, la realidad actual del Reino Unido es muy diferente a la oficial. El hecho de que su Estado del bienestar sea casi un 30% menor (en relación con su PIB) que el de Francia y Alemania, explica por qué el Índice de Pobreza Humana (IPH) 2004 de la ONU (índice que mide la privación en cuanto al desarrollo humano, y que trabaja con variables como la salud, la educación, nivel de bienestar y la exclusión social) sitúa al Reino Unido en pésimas posiciones. Atendiendo a este índice y en términos de pobreza infantil, el Reino Unido cuenta con un 51% más que Alemania y el doble respecto a Francia. Desde que los laboristas asumieron el poder en 1997, la desigualdad social se ha disparado, mientras en Francia, Alemania e Italia éstas se han reducido.

Los inadecuados niveles de financiación pública, harían que el fundador del sistema sanitario británico, Clement Attlee, se revolviera en su tumba. A pesar de esta situación, el gobierno de Tony Blair no se encuentra preparado para incrementar los impuestos que requieren las necesarias inversiones. La Seguridad Social no cuenta con los fondos adecuados, es un sistema sanitario que carece no sólo de suficientes camas para albergar el interminable número de pacientes que se hallan en lista de espera, sino que además tiene un escaso número de médicos para cubrir las necesidades existentes. Es por ello por lo que la tasa de mortalidad infantil del Reino Unido es de las más altas de Europa occidental, del mismo modo que la tasa de esperanza de vida es inferior a la registrada en países como Francia, Alemania e Italia. El sistema educativo británico se encuentra polarizado entre colegios públicos de secundaria, cuyos centros han visto cómo su número se ha ido reduciendo en aquellos centros urbanos donde son más necesarios, y al otro lado del espectro se hallan los exclusivos colegios privados. Del mismo modo, en el Reino Unido la movilidad social (capacidad que tiene la población en una sociedad para moverse en la escala social) se muestra más rígida en comparación con otros países desarrollados. Por si esto fuera poco, Gran Bretaña cuenta con los peores datos medioambientales, sin mencionar los datos referentes al sistema de transporte público. En Francia y Alemania, los trabajadores gozan de una media anual de 235 horas más de ocio que sus homólogos británicos, siendo sus niveles de productividad significativamente más altos. La guinda del pastel la ponen los datos arrojados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Datos que confirman que, entre 1990 y 2000, los niveles de satisfacción de vida -“life satisfaction”- crecieron un 7% en Francia y Alemania, cayendo éstos mismos un 2,6% en el Reino Unido.

Un Estado del bienestar diferente

No seguir el ejemplo de un Estado del bienestar como el ofrecido por Gran Bretaña es, de momento, la mejor alternativa para la solución de los problemas económicos que existen en Francia y Alemania (y en diferentes grados también en Italia, España y los Países Bajos). Multinacionales y grandes corporaciones están trasladando aquellas operaciones que no requieren trabajadores altamente cualificados ni especializados a otros países (típicamente subdesarrollados, con escasa regularización medioambiental y laboral así como una mínima participación sindical). Este hecho está minando los niveles de bienestar en favor de la competitividad. Ante tal escenario, la respuesta no es la reducción del gasto social ni permitir que estas multinacionales hipotequen aquellos países en los que, paulatinamente, están instalando las bases para algunas de sus operaciones.

Adoptar un sistema de Estado del bienestar parecido al que ofrece el modelo escandinavo sería una alternativa para paliar las dificultades económicas de los citados países. El modelo escandinavo ejerce una protección sobre sus trabajadores debido al importante papel que juega sobre la economía su extenso sector público a nivel industrial, así como a través de un respaldado servicio público. Es importante tener en cuenta que los países escandinavos, a pesar de sus problemas económicos, siguen generando riqueza. Es por esto por lo que una mejor redistribución de la riqueza gracias a un Estado del bienestar que proteja a sus ciudadanos a lo largo de sus vidas, podría garantizar en otros países la existencia de unos niveles de vida dignos y confortables, aminorando del mismo modo, los devastadores efectos que parece estar teniendo la globalización sobre los trabajadores de los países más desfavorecidos. A través de un aumento de los impuestos, en especial sobre aquellos individuos más ricos, el Estado sería capaz de recaudar el dinero necesario para aumentar el gasto social del gobierno, hecho éste necesario en particular con el claro y creciente problema del envejecimiento poblacional.

¡La bolsa o la (calidad de) vida!

Un Estado del bienestar bien diseñado también requiere fondos para el desempleo. En este sentido, los neoliberales critican los generosos subsidios de desempleo. En Alemania, se culpa en particular a los altos subsidios del desempleo. El Reino Unido con su jibarizado Estado del bienestar obliga a lo desempleados a volver a trabajar tan pronto como se les ofrezca empleo, con independencia de la índole que sea. Como resultado de esta medida, se puede observar una gran bolsa de trabajadores pobres -“Working Poor”- cuyos sueldos no sobrepasan el salario mínimo (1.4 millones de trabajadores están percibiendo este salario mínimo que hoy se sitúa en 4,85 libras por hora; alrededor de 6,5 euros). Sin embargo, gracias a la existencia de unos derechos laborales dignos, se podría garantizar la reducción en las horas semanales trabajadas, así como una mejora en las condiciones de trabajo. Como las economías escandinavas lo demuestran, altas provisiones para el desempleo no están asociadas con una disminución en la motivación que los parados puedan tener a la hora de regresar al trabajo.

Un Estado del bienestar capaz de sostener el nivel de demanda que se da en sus servicios públicos así como la presencia de buenas infraestructuras y una sólida cohesión social, genera un tipo de trabajador bien preparado, sano y contento por el que cualquier compañía estaría dispuesta a desembolsar el dinero preciso. Mientras que del Estado del bienestar británico se puede decir que genera riqueza, no es de ninguna manera el modelo a seguir. Dicho esto, el sistema francés y alemán no genera hoy crecimiento ni empleo y tampoco garantizan unas condiciones de vidas ni estables ni óptimas. Ahora que Europa occidental ha conseguido alcanzar altos niveles de riqueza, parece ridículo seguir luchando desesperadamente para que éstos sigan creciendo. Es, mediante una redistribución de la riqueza ya existente, como se conseguiría que cada uno de sus habitantes pudiera disfrutar de un estilo de vida más placentero y duradero.