El microcrédito: ¿Utopía también en Europa?

Artículo publicado el 30 de Septiembre de 2008
Artículo publicado el 30 de Septiembre de 2008
Desde hace algunos años se multiplican en Europa las iniciativas que apuestan por los microproyectos como medio de reinserción de personas excluidas del sistema financiero

(IRRI Images/flickr)Quien piensa en ‘micro’, piensa en ‘pequeño’. Eso mismo pensó Muhammad Yunus, profesor de economía de Bangladesh, durante la hambruna de 1974 y 1975. Este universitario se dio cuenta enseguida de que si los campesinos hubieran dispuesto de un mísero dólar, habrían podido hacer frente a las dificultades económicas a las que estaban expuestos. Pero ningún banco estaba dispuesto a prestar esta ‘micro’ suma sin garantías financieras por parte de sus clientes. Yunus decidió entonces ser su aval. Es así como se convirtió en el ‘banquero de los pobres’.

Una oportunidad contra la miseria

Las deudas se liquidaron desde el primer año y el principio se extendió a muchas otras regiones de Bangladesh. En 1983, un banco decidió concretizar este sistema solidario, el Banco Grameen. A día de hoy, 25 años más tarde, el banco cuenta con sucursales en más de la mitad de pueblos de Bangladesh y hace posible que cada año un 5% de sus clientes salga de la pobreza. El 94% de sus 2,1 millones de prestatarios son mujeres. Mujeres que se manifiestan más luchadoras que los hombres cuando se les da, o mejor dicho se les presta, la oportunidad de salir de la miseria.

Hoy en día, 58 países proponen programas de microcréditos adaptados según las condiciones específicas del lugar. Las poblaciones de los países en vías de desarrollo son los principales objetivos de los organismos de microfinanciamiento, con lo que sus economías de mercado poseen una parte de pequeñas empresas nacidas gracias al empujón de los microcréditos.

Pocos podrían haberse imaginado en un principio que en las regiones del círculo polar, en Noruega, país de una prosperidad económica indiscutible, el microcrédito pudiera servir para detener la despoblación de las islas Lofoten. ¿Cuál es entonces la situación en el resto del viejo continente? Si en Europa sorprende Noruega como tierra de microcrédito, ¿qué lugar ocupa la microfinanciación en el seno de la UE?

Demasiadas disparidades regionales en Polonia

En los años 80, la microfinanciación se posicionó como herramienta de desarrollo económico en muchos lugares del mundo, y más recientemente en Europa. La importancia de los servicios no financieros es una de las características de la microfinanciación en Europa, así como el perfil de la población afectada (parados, personas en reinserción social, excluidos del sistema bancario tradicional, etc.). Sin embargo, existen prácticas diferentes entre el este y el oeste del continente.

El microcrédito alcanzó cierto protagonismo en Europa Central y del Este tras la caída del comunismo

El dinamismo del microcrédito alcanzó protagonismo en Europa Central y del Este tras la caída del comunismo. El deseo generalizado de transición económica supuso un auténtico trampolín para la microfinanciación. Las personas que deseaban recomenzar económicamente recibieron el apoyo necesario a pesar de un sector bancario inadaptado a las nuevas necesidades. A partir de los años 90, los establecimientos de microfinanciación (IMF) en Europa Central y del Este podían alcanzar un crecimiento anual medio del 30%. En la actualidad, la microfinanciación ha obtenido cierto éxito en esta zona ya que, además de los IMF y las oenegés, los bancos comerciales encuentran cada vez más interesante proponer microcréditos a los más desfavorecidos. Sin embargo, este movimiento generalizado no es siempre homogéneo en el interior de un mismo territorio. El caso de Polonia muestra algunos de los desafíos a los que se enfrenta la microfinanciación en el este. La ausencia a nivel nacional de una política general de servicios financieros de microfinanciación acentúa las disparidades regionales.

Tímido crecimiento en Europa Occidental

En Europa Occidental, la filosofía de la microfinanciación, con un crecimiento tímido y reciente, está sobre todo enfocada hacia la cohesión social. El funcionamiento económico de Europa Occidental reposa en un sistema de pequeñas y medianas empresas (el 99% de las PME tienen de 1 a 9 empleados), lo que explica la importancia de apoyar las iniciativas más locales.

(msdm/flickr)Muchos emprendedores no tienen acceso a los servicios financieros clásicos, incluso si las empresas resultantes del sistema del microcrédito crean un enlace social a nivel local. Razón de más para que estas microempresas se desarrollen principalmente en el sector terciario y en nichos que ya no interesan a los grandes grupos. Según Philippe Guichandut, director de la Red Europea de la Microfinanciación (REM), estos procesos de "bancarización" de los excluidos "se inscriben más dentro de lógicas sociales que no comerciales”.

Aunque los organismos de microcrédito en Europa Occidental dependen principalmente del medio asociativo, el marco jurídico es cada vez más flexible, lo que posibilita la creación de programas de cooperación con grandes grupos bancarios y de seguros. En Reino Unido, por ejemplo, algunos programas ofrecen ayuda a los intermediarios que proponen servicios a los excluidos. El Samall Firms Loan Guarantee Scheme, proyecto de garantía de préstamos a pequeñas empresas, asegura ventajas para los bancos que presten capital a un público que no sería susceptible de recibir un préstamo sin este sistema de garantía.

La Comisión Europea se implica

Más que un fenómeno de moda, el microcrédito se ha convertido con el paso de los años en una herramienta significativa para ayudar a las personas con dificultad para salir adelante. En Francia, la Asociación por el Derecho a la Iniciativa Económica (ADIE) ha contribuido desde 1989 a la creación de 50.000 empresas que generan 58.000 puestos de trabajo, y todo ello gracias a la cantidad de préstamos solidarios concedidos. En el futuro, este sistema deberá aportar su propia contribución a la construcción de servicios financieros abiertos a todo el mundo.

La Unión Europea se ha acogido a este sistema con la adopción en 2007 de la Iniciativa Europea para el desarrollo del microcrédito por la Comisión Europea, pero también para el establecimiento de una Red Europea de Microfinanciación. Para el periodo presupuestario 2007-2013, la Comisión Europea y el Fondo Europeo de Inversión han desarrollado una nueva iniciativa denominada JEREMIE. Esta iniciativa permitirá transformar una parte de los fondos regionales otorgados por las instituciones europeas en capital de préstamo. Un conjunto de herramientas que debería permitir un día cumplir el deseo emitido por Muhammad Yunus: “Eliminar la pobreza del planeta sin demora alguna, dando a los más desfavorecidos los medios para que puedan controlar ellos mismos su propio destino”.