El misterioso mundo de Anna Aaron

Artículo publicado el 6 de Julio de 2014
Artículo publicado el 6 de Julio de 2014

Anna Aaron pa­re­ce dis­cre­ta; tí­mi­da, qui­zás; mis­te­rio­sa, sin duda; pero pa­re­ce to­da­vía más re­ser­va­da en medio del aje­treo que hay en el 104, entre bai­la­ri­nes de hip-hop, per­so­nal de la em­pre­sa or­ga­ni­za­do­ra y sim­ples cu­rio­sos que ani­man el in­men­so lugar del dis­tri­to XIX de París.

Me reúno con ella en la zona de ca­me­ri­nos, por donde pasan mú­si­cos, téc­ni­cos y or­ga­ni­za­do­res del con­cier­to de esta tarde den­tro del fes­ti­val Les fem­mes s'en mêlent (Las mu­je­res se im­pli­can, en es­pa­ñol), un fes­ti­val de mú­si­ca in­de­pen­dien­te fe­me­ni­na. Re­pa­sa­mos el re­per­to­rio de can­cio­nes, to­ca­mos al­gu­nos acor­des, un ca­fe­ci­to y ¡hala!, nos es­ca­bu­lli­mos dis­cre­ta­men­te para dar una vuel­ta por París. AnnaEmi­lie-Zoé tie­nen que gra­bar una ver­sión acús­ti­ca de Ste­llar­ling, la can­ción de más éxito del se­gun­do álbum de Anna, Neuro. Gui­ta­rra, piano y voz, un cóc­tel que le va muy bien a la joven suiza. Mien­tras toca unos acor­des, en­sa­ya una ver­sión in­ti­mis­ta de la can­ción que canta a dúo con la gui­ta­rris­ta. Con­centrada, la re­pi­te va­rias veces para que todo salga per­fec­to, a pesar de una pe­que­ña (pero no menos mo­les­ta) he­ri­da en el dedo ín­di­ce.

Anna Aaron Ste­llar­ling

Al ob­ser­var con de­ta­lle a Anna, se re­co­no­ce el am­bien­te mis­te­rio­so y oní­ri­co de su álbum hasta en su piel. En su brazo se ve un ta­tua­je que -se­gún nos ex­pli­ca- es una ver­sión an­ti­gua de Ali­cia en el país de las ma­ra­vi­llas. Más que un am­bien­te es todo un uni­ver­so lo que ella ha crea­do para es­cri­bir Neuro.

Am­bien­te cy­ber­punk

Anna cuen­ta que se ins­pi­ró en la cien­cia fic­ción cy­ber­punk. ¿Pero qué es exac­ta­men­te lo cy­ber­punk? Pa­re­ce ser que el es­ti­lo fue in­ven­ta­do por Wi­lliam Gib­son en su no­ve­la Neu­ro­man­cien. ¿Qui­zás Anna toma de ahí el tí­tu­lo de su álbum Neuro? ­Desde luego no es una coin­ci­den­cia: "Tec­no­lo­gías ul­tra­mo­der­nas, ro­bots, todo en un es­pa­cio muy ur­ba­ni­za­do: eso es el uni­ver­so cy­ber­punk", ex­pli­ca Anna Aaron. Como mú­si­co ¿será tam­bién una ad­mi­ra­do­ra de la cien­cia fic­ción? "No, no -di­ce- me he su­mer­gi­do en ese mundo úni­ca­men­te para es­cri­bir el disco. Para Dogs in Spi­rit me con­cen­tré en la na­tu­ra­le­za, en la piel, en el cuer­po. En este de­ci­dí ins­pi­rar­me en un es­pa­cio más ur­bano. Ba­si­lea es mi en­torno, es mi ciu­dad. De pe­que­ña no co­no­cí el mundo de la ciu­dad y, quizá por eso, es por lo que me han en­tra­do estas ganas de es­ci­bir sobre el uni­ver­so ur­bano". De la re­fe­ren­cia que la can­tan­te hace a la pe­lí­cu­la de Gas­par Noé, Enter The Void, am­bien­ta­da en Tokio, dice ha­ber­la visto antes de es­cri­bir su tema Linda : "Es­ta­ba en la ha­bi­ta­ción de un hotel, eran las tres de la ma­ña­na y vi esa pe­lí­cu­la. ¡Fue una bo­fe­ta­da tal que me dejó to­ca­da, como a todo el mundo! En­ton­ces de­ci­cí escri­bir­ Linda­, como re­cuer­do a la her­ma­na del pro­ta­go­nis­ta de la pe­lí­cu­la".

Sen­sa­cio­nes y co­lo­res

Para com­po­ner, la chica se "su­mer­ge" en ese am­bien­te para im­preg­nar­se real­men­te de él. Se per­ci­be rá­pi­da­men­te el per­fec­cio­nis­mo de la ar­tis­ta, que in­ten­ta lle­var al lí­mi­te sus emo­cio­nes y sen­tir la mú­si­ca sobre su piel.­ "Son sen­sa­cio­nes, a veces co­lo­res, o sim­ple­men­te tonos -dice, y añade- lo vi­sual es muy im­por­tan­te para mí y pien­so en ello cuan­do es­cri­bo". Una ar­tista com­ple­ta ¿no? Mú­si­co, can­tan­te y ¿qué más? "En reali­dad, yo solo toco el piano. Tengo ideas re­la­ti­vas a los vi­deo­clips, pero dejo ese tra­ba­jo a otros. Ade­más, me gusta la idea de par­ti­ci­par en los pro­yec­tos, que eso sea una obra en la que cada uno rea­li­za su tra­ba­jo y que cada ar­tis­ta, con su con­tri­bu­ción, añada una pie­dra al edi­fi­cio. Yo com­pon­go y otros están más do­ta­dos para el uni­ver­so grá­fi­co", re­co­no­ce. Des­pués de haber es­cu­cha­do su mú­si­ca, per­do­na­re­mos a Anna Aaron por ser "so­la­man­te" can­tan­te y pia­nis­ta.

Anna Aaron - Linda 

"¿LA MÚ­SI­CA? LLEGÓ ASÍ..."

Tam­bién fue la can­tan­te del cuar­te­to de jazz Erik Truf­faz quar­tet, un gru­po que no ne­ce­si­ta pre­sen­ta­ción en el mundo del jazz. Sin em­bar­go, con­fie­sa que para ella la mú­si­ca no fue nunca algo co­ti­diano. De niña vivió en Fi­lip­inas. En su casa "nunca había mú­si­ca, radio ni nada", con­fiesa. No cre­ció em­pa­pán­do­se de me­lo­días e ins­tru­men­tos, como mu­chos ar­tis­tas. ¿Cómo se acer­có a la mú­si­ca? "Así, un día", dice de forma la­có­ni­ca, con una son­ri­sa mis­te­rio­sa. En se­creto, la can­tan­te no dirá nada más. 

Es­cu­char: "Neuro" de Anna Aaron (a la venta el 12 de marzo de 2014)