El modelo europeo será el modelo del mundo

Artículo publicado el 4 de Octubre de 2005
Artículo publicado el 4 de Octubre de 2005

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Mark Leonard, uno de los pensadores que lidera la política exterior británica, se muestra optimista respecto al futuro de Europa. En esta entrevista con café babel nos explica sus motivos.

Puede que la UE se halle en crisis pero Mark Leonard, director del Centro para la Reforma Europea con sede en Londres, ha escrito recientemente un libro titulado ¿Por qué Europa liderará el siglo XXI?.

¿Qué le hace pensar a este colaborador habitual de publicaciones como The Observer y Financial Times que el futuro de Europa será tan brillante?

¿Por qué cree usted que "Europa liderará el siglo XXI"?

La UE es el intento político más avanzado para unir países diferentes en el mercado único más grande del mundo, con un marco legal común y una serie de políticas para hacer frente a los problemas transfronterizos. Al unirse de este modo, los países pequeños y medianos pasan a tener voz en la escena internacional lo que les permite relacionarse con los EE UU y con otras potencias mundiales de tú a tú. La UE también ha conducido a la transformación de Europa en un continente completamente democrático a medida que los países han ido ingresando. Los países Europeos se han situado a la vanguardia en el intento de construir un nuevo orden mundial a través de la creación de la Organización Mundial del Comercio, El Tribunal Penal Internacional y el Protocolo de Kioto.

Además, el éxito de la UE está forzando a otras partes del mundo a fijare en el modelo europeo y a desarrollar sus propias instituciones aplicando muchos de sus principios. En Latinoamérica existe el Mercosur, en África la Unión Africana, y en el sudeste asiático están barajando la creación de su propia comunidad, incluyendo una moneda única y mercado común como en la UE. Eso es lo que quiero decir con lo de que Europa liderará el siglo XXI, no que Europa vaya a dirigir el mundo como si fuese un imperio, sino que su modo de hacer las cosas se convertirá en el modelo del resto del mundo.

¿Cree usted que una verdadera identidad Europea es posible si la Unión continúa extendiéndose y abarcando nuevos países?

Tenemos que aclarar qué tipo de identidad estamos formando. No se trata de un identidad étnica o religiosa, sino una que representa la manera europea de hacer las cosas. En otras palabras, respeto del Estado de Derecho, tanto dentro de la Unión como fuera de ella; creencia en las soluciones multilaterales y en la necesidad compaginar el dinamismo económico con la cohesión social, todo lo cual queda reflejado en las 80.000 páginas de la legislación europea. Está claro que existen grandes diferencias entre los Estados miembro, pero tienen más en común entre ellos que con el resto del mundo. Gran Bretaña y Francia tiene sistemas electorales, monedas e idiomas diferentes, pero si comparas ambos países, tienen más en común entre ellos que por ejemplo con China o los Estados Unidos, por ejemplo, en el papel del Estado. Esto es válido para todos los países de la UE.

La UE jamás ha consistido en la creación de un único modelo que todo el mundo ha de seguir, se trata más bien de saber administrar la diversidad. No obstante, existen valores y normas comunes que unen a los países europeos, así como también, el simple hecho geográfico, que obliga a que problemas como la contaminación medioambiental se tengan que afrontar de forma conjunta.

¿Si la UE es tan especial por qué hay tantos euroescépticos?

Todos los ciudadanos europeos se están volviendo cada vez más escépticos, incluso cínicos, respecto a sus gobiernos y sus clases políticas, es natural que esto sea valido también para el nivel europeo además de para el nacional. Yo diría más, hay un abismo entre el sentido generalizado de la gente de necesitar a la UE para afrontar el terrorismo y el crimen, por ejemplo, y su escepticismo hacia las instituciones europeas. La mayoría de la gente en todos los países europeos prefiere permanecer en la Unión a salir de ella, y eso es algo que a veces se pasa por alto. La UE tiene que zanjar ese abismo centrándose menos en las reformas institucionales y prestándole más atención a los ciudadanos sobre cómo solucionar los problemas que les preocupan (como el de Irán o el de encontrarle un sucesor al protocolo de Kioto). Pero incluso si hacemos eso, es importante que tengamos en cuenta que la UE no es un Estado nación. Son los Estados nacionales los que fijan los impuestos, los que fijan las políticas educativas, las pensiones y el sistema sanitario. La UE regula todos estos aspectos, pero no impone su desarrollo. No sorprende que la gente no se sienta demasiado cercana a las instituciones porque a pesar de ser vitales, trabajan de una manera indirecta a través de los gobiernos nacionales.

Ante la presente crisis que afecta a la Unión y la falta de fe en los lideres nacionales ¿Quién puede encargarse de llevar a la UE un paso más adelante?

La UE es un proyecto de los gobiernos nacionales, por lo que van a tener que ser los gobiernos nacionales los que la lleven un paso más adelante. Lo que la Comisión Europea puede hacer es conseguir un amplio consenso entre los gobernantes sobre un tema específico y actuar como catalizador, convirtiendo su retórica en hechos como ya hizo con el Mercado Común.

Lo que falta ahora en la UE es el sentido colectivo sobre cuál será el próximo proyecto europeo porque todos han estado tan preocupados por los desacuerdos, que no ha habido un verdadero debate sobre qué tipo de Europa queremos. Yo tengo muy claro lo que Europa tiene que hacer ahora: centrarse menos en sus instituciones internas y más en intentar esbozar el mundo del siglo XXI. Esto implica que nos fijemos en cómo podemos generar el mismo impacto transformador en nuestros nuevos vecinos del antiguo bloque soviético y en el Mediterráneo que ya generamos en Europa del Este en los noventa. Implica que hagamos una Europa más competitiva modernizando nuestro modelo económico y social sin sacrificar nuestra exclusiva economía social de mercado. Y por último, también implica que nos fijemos en qué tipo de instrumentos de política exterior necesitamos para afrontar los nuevos retos de este siglo administrando coordinadamente nuestro comercio, nuestras ayudas y nuestra política exterior de manera que podamos intentar reconfigurar el mundo.