El multiculturalismo como fundamento de la identidad europea

Artículo publicado el 27 de Febrero de 2003
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 27 de Febrero de 2003

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La señora Kastoryano, responsable de investigación en el Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS), dirigió un trabajo titulado “¿Qué identidad para Europa? El multiculturalismo puesto a prueba”. El texto siguiente es un resumen del informe titulado “Identidad cultural en la Europa ampliada. El multiculturalismo puede ser el fundamento de la identidad europea?
”, expuesto dentro del marco del grupo de trabajo animado por los Jóvenes europeos de la Escuela Normale Supérieure (París), el 25 de enero del 2003. Resumen que ella aceptó leer de nuevo.

El debate sobre la identidad europea comenzò muy recientemente en la esfera europea, y ello a partir de la pregunta sobre la adhesión de Turquía a la UE: ¿Europa es sólo una máquina económica o es, en cambio, un proyecto político? ¿Es una realidad histórica o geográfica, un pensamiento filosófico..? Europa debe pues, de aquí en adelante, definirse y así definir sus fronteras. Incluso presentando su historia como unificada, un problema central persiste: en lo que se refiere a la comunidad nacional, ¿cómo escoger entre el poder soberano de los Estados y él de la comunidad? ¿Cómo construir una identidad europea sobre la base de las diferencias culturales nacionales? ¿Cómo manejar este desdoblamiento entre la identidad nacional y la identidad europea, procurando que los individuos se sientan europeos?

El multiculturalismo podría dar respuesta a estas preguntas y dar pie a una construcción política, en la que cada uno de los estados se encontraría en igualdad de condiciones.

El multiculturalismo en el Estado Naciòn

¿Qué es el multiculturalismo? Esta noción echa a andar en los años 60 en Canadá, y luego en los Estados Unidos, donde encuentra su traducciòn política en el principio de la “affirmative action”, de la discriminación positiva. Es entonces, sobre todo, un hecho social, antes de ser reconocido como una teoría para una posible identidad europea.

El multiculturalismo es la expresión política de las minorías dentro del marco del Estado Nación. Pero, por definición, este último apunta hacia la unidad cultural, territorial, lingüística y hasta religiosa. Por consiguiente, aparecen rápidamente ciertos miedos: ¿es esto el final de la unidad nacional? ¿El principio de la confrontaciòn de identidades? ¿El fin de la búsqueda del interés general?

En Europa, el multiculturalismo se experimenta de manera diversa según los países. En España, en Bélgica y en Suiza, está territorialmente definido, como en Canadá (Quebec), y reconocido por las instituciones. En Francia, sin embargo, cuando se desarrollan políticas diferenciales (ZEP, ZUP (1)) del tipo de la “affirmative action” (aunque bajo una máscara social), existe siempre un cierto rechazo hacia el reconocimiento de las diferencias y lo que prima es el interés general, la unidad republicana. Hay por lo tanto distintos modelos regionales de ciudadanía en el ámbito europeo, de lo cual se deduce la necesidad de redefinirlos, para unirlos.

Proyecto político europeo e identidad

La unidad política de Europa requiere la construcción de un modelo de sociedad que reconcilie la pluralidad de las culturas nacionales. Es pues necesario buscar una cultura europea política común a todas las naciones, compatibles con sus historias, tradiciones y valores. La tarea principal de Europa es por lo tanto la gestión de estas culturas políticas dentro del marco de una democracia universal. En este marco, ¿puede el modelo de construcción del Estado Nación aplicarse a la construcción europea?

Notemos, en efecto, que las instituciones europeas, de esencia supranacional, existen y han desarrollado un sistema político-burocrático. Ya han introducido un espacio supranacional normativo, independiente de la ley internacional, y que se impone a los estados; también asistimos a numerosas tentativas de puesta en práctica de una agenda política que reùna a los estados en varios campos (cultura, educación…), con el fin de llegar a una cierta armonización del espacio europeo, asì como iniciativas para crear un espíritu europeo. Este espacio político europeo se hace realidad a través de su construcción legal (libre circulación, codecisión, cooperación entre estados), pero también a través de los acuerdos comunes de los Estados miembros sobre temas como la inmigración, el espacio político, el reconocimiento cultural…

¿Pero es Europa por lo tanto una nación? No, y no se reclama como tal. No hay ningún anclaje emocional, ni tradición histórica que la une a sus poblaciones, aunque el debate progresa con la redacción de la Carta de los derechos fundamentales y el debate alrededor de la Convención y los esfuerzos de elaboración de una Constitución europea.

Una cultura cívica europea para un «nosotros» europeo

A pesar de las políticas puestas en práctica, el supranacionalismo no es suficiente para crear un espacio europeo público. Falta todavía la idea de pueblo, la consciencia colectiva que asegura la lealtad. Falta sobre todo cruelmente una ciudadanía europea que podría ser el verdadero motor de este espacio público. Si el espacio público existe simbólicamente a través de las instituciones, es esencialmente la obra de una élite. Le falta un componente popular que haría de este espacio un verdadero lugar de participación y de representación política.

Sin embargo, existe un embrión de cooperación entre sociedades en el ámbito transnacional. Es una proto-sociedad europea civil, que usa el espacio europeo como espacio de comunicación: los grupos de presión, los Estados, las poblaciones inmigrantes … Estos grupos se integran en una identidad floja. Incluso en ausencia de acción voluntaria, este principio de compromiso en el ámbito europeo puede conducir al desarrollo de una ciudadanía europea.

Legalmente, ésta existe desde Maastricht. Sin embargo, el compromiso en un proyecto político exige que el individuo se transforme en un ciudadano que actúa y que se sitúa más allá de la ciudadanía legal …

¿Se puede hablar de un multiculturalismo europeo ubicándose fuera de los Estados Nación? Por ahora, los estados siguen siendo la fuerza estructurante de Europa y constituyen todavía sus límites fundamentales. Es posible ir mas allá de estos modelos estatales adoptando un modelo pluralista basado en una constitución (lo que Habermars llama "el patriotismo constitucional") y basado en el reconocimiento de diferentes culturas. ¡Es necesario definir una cultura cívica europea en el respeto de las diferentes identidades llegando a un “nosotros” europeo!

A falta de estar basada en una cultura cívica común, la construcción europea corre el riesgo de basarse en consideraciones étnico-religiosas o históricas, o peor todavía, sobre una cultura de la exclusión.

El multiculturalismo podría permitir ir más allá de las diferencias nacionales, en el ámbito de Bruselas, como lo sugieren las ideas federales o confederales. Pero contrariamente a la tesis federal, que se basa en la existencia de un pueblo, el multiculturalismo va en la dirección opuesta: parte del múltiple para ir hacia la identificación de una nueva entidad, basada en el reconocimiento de sus diversidades.

Queda un riesgo: ¿no peca el multiculturalismo de particularizar aún más las identidades nacionales en detrimento del interés público? ¿No estaría también acá la paradoja de la democracia?

(1) Las ZEP y las ZUP son zonas especiales de enseñanza y de urbanizaciòn creadas en Francia, como espacios que se deben privilegiar, en vista de los handicaps que acumulan