"El mundo nos ha abandonado", palabras textuales de un joven kurdo

Artículo publicado el 14 de Noviembre de 2014
Artículo publicado el 14 de Noviembre de 2014

[Opinión] Hemdad, un joven kurdo estudiante de filosofía está moralmente herido por los acontecimientos que sacuden el Kurdistán. En esta tribuna plasma sus impresiones sobre un conflicto que no acaba y critica a un Occidente adormecido.

Como ser humano y como joven ciudadano kurdo crecí con miedo, miedo a ser demolido y exterminado.

Como muestra la historia, somos un pueblo que ha sido maltratado, traicionado y amenazado. Hemos sufrido genocidios. Lo que es inverosímil es que la mayor parte de los genocidios dirigidos contra mi pueblo han ocurrido recientemente, sobre todo a finales de la segunda mitad del siglo XX. Me refiero al genocidio de Anfal, llevado a cabo en ocho etapas (1983-1988) por el régimen de Saddam Hussein y que causó más de 182.000 muertos y destruyó más de 4.000 pueblos. En 1988, la ciudad de Halabja fue bombardeada con armas químicas, dejando más de 5.000 muertos y numerosos heridos. ¿Quién se ha preocupado por esto? Nadie.

Durante esos dolorosos años tanto para miles de kurdos como para mi familia, el mundo nos ha abandonado y no ha dado ninguna muestra de nada con relación a esos brutales acontecimientos que han sufrido los kurdos. Este comportamiento me hace pensar que los occidentales no han sentido nunca verdadera simpatía por los kurdos. A causa de su "dejar hacer", de su actitud de no intervenir, los kurdos han vivido diversas pesadillas, una a continuación de otra. Y en este sentido, Occidente tiene su parte de responsabilidad. De hecho, cuando en 1916 Gran Bretaña (con el respaldo de rusos e italianos) firmó con Francia los Acuerdos de Sykes-Picot, estos países contribuyeron a la división del Kurdistán en cuatro partes, repartidas entre IránTurquía, Siria e Irak. No se trata de una simple división territorial: Occidente separó también la tradición y la cultura de los kurdos.

Esta división tenía como objetivo resquebrajar la unidad del pueblo kurdo en beneficio de esos países que querían, en el mejor de los casos, su anexión y, en el peor, su desaparición. Otros como Estados Unidos no dudaron en "dejar hacer" a estos países, apoyándolos por interés propio. Y así es como en 1974 -con la ayuda de los gobiernos iraquí e iraní- Estados Unidos, que anunció un programa de desarrollo hipócrita, desempeñó en realidad un rol primordial en la represión de la revuelta kurda al sur del Kurdistán iraquí. Defendió también la inscripción del PKK (Partido de los Trabajadores Kurdos) en la lista de organizaciones terroristas antes que en la lista de las que defienden los derechos de los kurdos.

Los ataques contra los kurdos no son nuevos y no tienen visos de acabar ya que, en estos momentos, los estamos sufriendo de nuevo. Censuramos a los gobiernos turco, iraní e iraquí por haber permitido que el Da’esh, conocido también como Estado Islámico (EIIL), se utilice de nuevo como un arma para atacar a los kurdos. Una vez más, miles de kurdos tienen que hacer frente a una nueva forma de barbarie: el genocidio que comete el Estado Islámico. En agosto, mataron a 20.000 personas en las montañas de Shengal y más de 2.000 mujeres y niñas yazidíes fueron raptadas por estos terroristas. Kobane se enfrentó a la misma situación.

A pesar de la resistencia de Kobane al asalto del Da’esh, no es más que una cuestión de tiempo que estos bárbaros se apoderen de la ciudad. Me duele creer que no hay ningún poder en el mundo capaz de enviar ayuda militar y humanitaria a las poblaciones que están atrapadas entre los turcos por un lado y el Da’esh por otro.

El gobierno turco está muy ocupado en enviar ayuda médica y logística a los terroristas abriéndoles sus puertas para permitirles reunirse en Siria y atacar a las minorías.

Al mismo tiempo, detiene a los jóvenes kurdos que desean entrar en Siria para echar una mano a los kurdos de Kobane. En cuanto a los medios de comunicación, solo difunden esporádica y superficialmente los verdaderos objetivos de cada uno de los países implicados en este conflicto, objetivos que permitirían al mundo comprender mejor las verdaderas razones de estos horrores.

Los kurdos necesitamos ayuda internacional más que nunca, sobre todo para salvar y liberar Kobane, que está cayendo en manos del EIIL. Con la excepción de algunas escasas intervenciones dirigidas por Estados Unidos para alejar a los terroristas de la ciudad de Kobane, ¿por qué el mundo no responde a las llamadas de civiles y combatientes kurdos que, desde hace varios días, están inmersos en  combates terribles contra el Da’esh? Si Estados Unidos quisiera realmente, sería posible destruir al Estado Islámico. Efectivamente, el EIIL está en cualquier parte alrededor de Kobane, pero sorprende ver que Estados Unidos no mueve ni un pelo.

Como joven kurdo, me gustaría preguntar a los Estados Unidos y al mundo entero dónde está la parte de democracia, de derechos humanos y de igualdades en este genocidio perpetrado contra los kurdos. Les haría otra pregunta: ¿son los combatientes kurdos los que deberían estar en la lista de las organizaciones terroristas o debería estar más bien  Turquía, que ayuda al EIIL?

Como joven kurdo empantanado en un genocidio que todo el mundo silencia, me siento solo y nadie viene a ayudarnos. El mundo nos ha abandonado a la ira de turcos, iraníes y árabes. Mido cualquier indiferencia ante el sufrimiento de los kurdos que en cualquier circunstancia cumple los principios de laicidad, democracia y libertad e intento ayudar lo mejor que puedo a las demás minorías que también son víctimas de esos bárbaros. Nos han considerado como una nación sin importancia y, de ahora en adelante, tenemos que pagar el precio de nuestra identidad: ser kurdo no es suficientemente importante. Si creemos en la comunidad internacional, no debemos esperar nada; solo observar el genocidio que tiene lugar a la vista del mundo entero, ese mundo que apenas lucha por la libertad.

Artículo publicado en Le Monde.fr el 22.10.2014 a las 15:18h