El nuevo feminismo huele a viejo

Artículo publicado el 1 de Julio de 2008
Artículo publicado el 1 de Julio de 2008

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El trigésimo primer festival de teatro ‘Perspectivas’ ofrece diversas visiones sobre las mujeres. Una pretendida reivindicación feminista donde los viejos estereotipos perduran.

‘Perspectivas’ es el nombre del único festival franco-alemán de teatro contemporáneo , celebrado en Saarbrücken, capital del Estado fronterizo alemán de Sarre. Una buena oportunidad para terminar con roles, estereotipos negativos e imágenes fijas. El programa prometía plantear el problema de la identidad femenina mediante la danza, representaciones, teatro y circo. Tras un análisis más detallado, se percibe que el arte contemporáneo europeo hace ya que carece de ideas innovadoras. Si bien es cierto que las figuras femeninas jugaron tradicionalmente un importante papel en el arte, asistimos sin embargo a un regreso a los viejos estereotipos.

Una oda al vello

©Marie Frécon/elogedupoil.comLa realizadora de espectáculos francesa Jeanne Mordoj lleva barba, situándose con su apariencia externa fuera de los atributos ligados al género femenino. Los absurdamente gigantescos pantalones, las velludas axilas y los chorros de sudor bajo su disfraz de abuela contradicen la imagen pública de la apariencia que debe tener una mujer. En su número Eloge du poil (Oda al vello), Mordoj es una ventrílocua, malabarista, acróbata, bailarina y faquir. Pasa de un papel a otro, pero ninguno de ellos corresponde a un comportamiento femenino socialmente aceptado.

Desde el principio, se esfuerza en crear una atmósfera que resulta al mismo tiempo arriesgada y fascinante. Lanza cuchillos, devuelve la vida a cráneos de animales haciendo de ventrílocua, balancea con habilidad yemas de huevo en su cuerpo, y después se traga una de ellas, para finalizar enterrándose a sí misma con tierra escondida debajo del escenario. Aunque ninguno de los números es en realidad escandaloso, en todo momento el tono es humorístico, queda claro que esta mujer no tiene ningún miedo a la muerte, es una trotamundos y hace todo lo que le viene en gana. La actuación termina con una pregunta al público: “¿Os doy miedo?”

En una conversación posterior entra la artista y su público (entre el que solo hay un hombre), subraya Jeanne Mordoj que en cada pieza trata el tema de la feminidad de un modo no convencional. A pesar de la barba quisiera ser “bella y misteriosa“, lo que sin embargo demuestra que no ha superado todavía los estereotipos, puesto que la feminidad es al mismo tiempo misteriosa y atractiva, tal y como ya reconocieron Aristóteles y Sigmund Freud.

Madre y puta

©Eric Boudet

El coreógrafo egipcio-argelino Abou Lagraa no se dedica al convulso mundo de la identidad femenina, sino que utiliza los tópicos habituales como inspiración para su coreografía Matri(k)is. Ocho bailarinas, con un idéntico cuerpo perfecto, largos cabellos y ondulantes vestidos, que se agitan de forma sincronizada, “con los colores de un ramo de flores“, tal y como precisa el coreógrafo, producen una imagen de la feminidad ciertamente atractiva visualmente, pero recargada de estereotipos.

En las nanas norteafricanas, que según comenta Abou Lagraa escuchó cantar a su madre, las bailarinas se mueven siempre en relación al grupo, se retuercen de dolor por contracciones (de parto) y se tocan su pecho, un movimiento que simboliza el descubrimiento del propio deseo. Sobre las bailarinas domina un pañuelo triangular fijo, que simboliza una vagina. Con esa generalización sobre la identidad femenina, tranquiliza saber que Abou Lagraa aspira a atribuir a cada una de las seis mujeres un carácter individualizado, que cada una expresa en un solo. De hecho, corresponde únicamente a las bailarinas la elección representar a una “madre“ o a una “puta”, viejos estereotipos que aprisionan a las mujeres en sus comportamientos y modelos.

Humanidad en lugar de género

Para la sueco-alemana Eva Meyer-Keller, algunas de estas reflexiones conectan con comportamientos de género propios de la Edad de Piedra. En su actuación Death is certain (La muerte es segura), indaga de forma radical en nuestra percepción de la violencia, que ella exagera sin piedad. La actriz Müller, fina y discreta, decapita, ahoga y envenena cerezas. Las armas del crimen no son espectaculares, y pueden encontrarse en una cocina de una casa unifamiliar. Con cascanueces, rallador de queso, secador de pelo y coches de juguete se practican métodos de asesinato, que recuerdan a los métodos de muerte y tortura en sistemas de dominación masculina como la Inquisición y el Tercer Reich.

©Annika Weber

Las pequeñas y frágiles cerezas serán quemadas de forma artesanal, experta y precisa, en una hoguera de cerillas, trituradas con una virgen de hierro realizada a mano o asfixiadas con el humo de cigarrillos en una tarrina de plástico. Irina Müller adopta en esta performance el papel de una verdugo y asesina sin escrúpulos jugando con las esperanzas y la tolerancia del público. Se establecerán asociaciones con la tortura, pena de muerte y crímenes de guerra, si bien las ‘víctimas’ no son más que cerezas. Death is certain se pregunta sobre la humanidad, no sobre el género. El teatro franco-alemán y las representaciones necesitan más Meyer-Kellers.