El nuevo triunvirato europeo

Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2005

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Ángela Merkel, la potencial nueva canciller de Alemania, y el presumible sucesor de Chirac, Nicolás Sarkozy, están ganándose al británico Tony Blair. ¿Asistimos a un reequilibrio de poderes en Europa?

A veces, los pequeños detalles revelan la gran historia. Cuando Ángela Merkel, líder de la oposición alemana y previsible ganadora de las elecciones generales de la semana que viene, visitó Francia a principios de año, fueron programados tres encuentros oficiales. Obviamente, las visitas al Presidente Jacques Chirac y al Primer Ministro fueron dos de ellos. Pero también estaba en la lista Nicolás Sarkozy, entonces ministro del Interior francés y cabeza del ala derecha de la amalgama conservadora UMP; un hombre predestinado a ser quien arrebate la presidencia a Chirac en 2007.

Sentados uno frente al otro, colmando las lagunas lingüísticas mediante traductores, los gestos y los saludos de conformidad de los dos políticos dejaban adivinar a los asistentes que ahí se econtraban dos líderes en potencia que se entendían el uno al otro a la perfección. Así que, mientras Chirac rechazó educadamente una fotografía oportunista con la potencial primera canciller alemana, Merkel y Sarkozy sacaron el máximo provecho de sí mismos.

Una amistad especial

Detrás de la fachada amistosa, Merkel, de 51 años, y Sarkozy, de 50, tienen mucho en común. Ambos son lo que podemos llamar conservadores modernos, cuyas creencias compartidas en políticas comerciales y en la necesidad de reformas en sus propios países (en cierta medida, también en la UE) son muy conocidas. Otra característica común, y la que más los distingue de sus predecesores, Schröder y Chirac, es su pro-atlantismo. Ambos -Merkel y Sarkozy, a menudo parodiado como "Sarkozy el Americano" por la prensa francesa- creen con firmeza que el puente entre Europa y los Estados Unidos y, más directamente, entre Alemania, Francia y los Estados Unidos, necesita ser reconstruido.

Lo que no sorprende a nadie es ver el sutil interés del primer ministro británico Tony Blair, que a menudo ha chocado con Schröder y Chirac en muchos ámbitos, en dar la bienvenida a un cambio en la elite política de los países europeos más poderosos. No es difícil ver por qué Blair daría la bienvenida al dúo Merkel-Sarkozy. Su deseo de una reforma económica de mercado, su cuestionamiento de los generosos modelos sociales de sus países y, además, su apertura hacia los Estados Unidos, son música celestial para los oídos de Blair.

¿Pasos hacia una unidad de configuración de políticas?

Blair no teme expresar su aprobación. Cuando visitó Alemania en junio, no fue la oficina del canciller Schröder el primer destino de su lista. Su primera parada fue la embajada británica, donde una sonriente Merkel le esperaba.

Merkel, presentada por algunos como la "Dama de Hierro de Alemania", en referencia a la británica Thatcher, no tardó en devolverle el favor. En la reciente discusión acerca del controvertido cheque británico -un legado Thatcheriano que le asegura al Reino Unido recuperar parte del dinero que aporta al presupuesto de la UE-, Merkel expresó simpatía por la sólida postura de negociación de Blair, sosteniendo que el Reino Unido, como contribuyente neto de la UE, recupera significativamente menos que otros países en forma de subsidios agrícolas.

Sarkozy tampoco mantiene en secreto su admiración por el premier británico. The Times recogió en julio unas declaraciones suyas según las cuales Francia necesitaba "una Thatcher y un Blair para dar vida a su economía y descartar las políticas de hace 50 años". Juzgándose por su admiración mutua, parece que el triunvirato Merkel-Sarkozy-Blair puede llegar a convertirse en una relación de trabajo preparada para dar aliento a la necesidad de aire fresco que sufren los pasillos de la UE.

No todo va viento en popa

Pero los asuntos controvertidos abonan el terreno, uno de los más significativos es que Turquía forme parte de la UE. Mientras Blair quiere que el país predominantemente musulmán sea parte de la Unión más pronto que tarde, tanto Merkel como Sarkozy se oponen de plano, favoreciendo lo que ellos llaman una "asociación privilegiada" en su lugar. Además, no es probable que Blair renuncie a la rebaja británica, mientras Alemania y Francia no están dispuestas a ceder mucho terreno cuando se vaya a reformar la Política de Agricultura Común (PAC), un subsidio de beneficios enormes para los agricultores alemanes y franceses y todavía una espina para Blair.

Queda por ver cuánto son tan sólo palmaditas en la espalda entre los tres políticos, y cuánto de ello se traducirá en una unión de políticas. Incluso más significativa, de cualquier forma, podría ser otra cuestión: en una Unión Europea de 25 Estados miembro, ¿puede un eje-constructor de cualquier clase ser la solución para devolver el proyecto al buen camino? Hay una pequeña duda sobre si un nuevo eje Berlín-París, Berlín-Londres o uno a tres bandas, correría el riesgo de ofender a otros grandes Estados miembro, como España o Italia, como también a nuevos miembros influyentes, como Polonia.