El número de inmigrantes en Holanda se triplica en 20 años

Artículo publicado el 22 de Diciembre de 2009
Artículo publicado el 22 de Diciembre de 2009
Cinco años después del asesinato del cineasta Theo van Gogh en un ataque fanático por parte de un holandés de origen marroquí, la palabra ‘inmigración’ sigue protagonizando una gran polémica en este país, desde el barrio inmigrante de Zuidoost al centro de detenciones del aeropuerto de Schiphol

En Zuidoost, un barrio del sureste de Ámsterdam, la población es principalmente ‘allochtoon’, una expresión holandesa que designa a las personas con al menos un padre nacido en el extranjero. En una lluviosa tarde de domingo sus calles están casi vacías. No hay cafeterías, tiendas de ropa cara, ni turistas, como en el moderno centro de la ciudad, a tan solo veinte minutos en metro. Aquí es más probable encontrarse con peluquerías africanas, comida caribeña y locales hindúes. Según el Ministerio de Inmigración de Holanda, viven en el país unos 75.000 inmigrantes ilegales. Pero según sus estadísticas del año 2007, Amnistía Internacional asciende esa cifra a 150.000, que representaría aproximadamente el 10% del total de la población inmigrante. “Seguro de que hay algunos ilegales por aquí, pero personalmente no conozco a ninguno,” añade Pavel, un estudiante ruso de 20 años que a los cinco se mudó aquí. “Los inmigrantes que viven aquí son muy discretos y nunca dicen qué hacen ni adónde van,” comenta Humphrey, un pensionista del ejército de 55 años que nació en la isla holandesa de Curaçao, en el Caribe. Unos 70.000 inmigrantes viven en alguna de las cinco islas holandesas del Caribe, donde el 5 de noviembre se anunció un programa de amnistía.

Legalización general: permisos de residencia para 26.000

Tras décadas de políticas liberales, en los 90 Holanda empezó a optar por una política más severa en lo que a la inmigración se refiere. La Ley de Extranjería (Aliens Act 2000), que entró en vigor en el año 2001, otorgó varias disposiciones a los servicios de inmigración, como la potestad para realizar búsquedas en viviendas y ampliar la libertad de acción para poder pedirles los documentos a las personas en la calle. En diciembre de 2006, el nuevo gobierno centrista de Holanda acordó una amnistía para los refugiados que buscaban asilo y que se negaban a marcharse del país tras haber sido rechazados: a 26.000 se les concedió un permiso de residencia. Desafortunadamente, miles de inmigrantes irregulares fueron dejados de lado en este proceso.

Frank de Nederlander, un columnista del Het Parool (un tabloide y antiguo diario de la resistencia holandesa en la Segunda Guerra Mundial), fue uno de los participantes en la ‘nacht van de vervanging’. Esta ‘noche del reemplazo’ que se celebró en septiembre de 2009 fue una protesta en la que holandeses famosos alojaron a inmigrantes en sus casas durante una noche para denunciar el cierre de albergues en los que viven muchos en situación irregular. De Nederlander recibió a Mohamed, del Chad. “Quiere volver. Pero su padre es un enemigo del régimen. El gobierno no le permite regresar. Ahora tiene que irse de Holanda pero no puede”. Según de Nederlander, “cada vez hay más sectores de la población holandesa que desconfían de los inmigrantes irregulares, basándose en el supuesto de que este asunto se resolvió en la legalización general. Como en el resto de Europa, crece la tendencia a ver a los inmigrantes como a alborotadores”.

Última parada: aeropuerto de Schiphol

Las horas de visita del centro de detención de Schiphol van desde las diez de la mañana hasta la una de la tarde. Ya se ha pasado la hora, pero un joven con un maletín todavía espera delante de la recepción. “Es por mi hermano, necesita ropa,” dice Luis, un visitante dominicano de 21 años que vino con su familia a Holanda. Al día siguiente deportarán a su hermano mayor, pero como Luis llegó demasiado tarde, no podrá verlo ni despedirse. Para evitar nuevas regularizaciones masivas, el gobierno ha hecho un esfuerzo mayor por animar a los refugiados a que se vuelvan a su país voluntariamente a cambio de un billete de avión y una pequeña cantidad de dinero. “Pero las personas que se van de sus hogares harán lo posible por quedarse,” explica Moriska Cheret, oficial de prensa del Consejo Holandés para los Refugiados.

Unos 20.000 emigrantes pasan por los centros de detención cada año

Para la mayoría, la experiencia normalmente acaba en un centro de detención. Unos 20.000 inmigrantes pasan por los cinco centros de detención de Holanda cada año. La ley holandesa dicta que estos inmigrantes han cometido una ‘ofensa administrativa’, cuya pena es la deportación. “Un inmigrante sólo se puede considerar como sospechoso criminal si entra en el país con documentos falsos,” explica Gerald Roethof, un abogado que trabaja en la corte con sede en el centro de detención de Schipol. Aun así, cientos de contrabandistas de cocaína son detenidos cada año junto a los inmigrantes. Mientras tanto, el centro del aeropuerto de Schiphol se convirtió en el más infame después de que en octubre de 2005 un incendio, que duró tres horas, matase a once detenidos. Los supervivientes afirmaban que los guardias tardaron mucho en reaccionar. En agosto de 2009, un hombre libanés de 27 años fue a juicio por provocar el fuego con un cigarrillo. “Holanda lleva a cabo una política de inmigración estricta pero justa”, cita el sitio web del Servicio de Repatriaciones y Partidas, organizado por el Ministerio de Justicia. Pero para Moriska Cheret, del Consejo Holandés para los Refugiados, “el gobierno busca una política disuasoria que presione a los inmigrantes y haga que se vuelvan atrás”. Pese a todo, en menos de veinte años se ha triplicado el número de inmigrantes en Holanda.