El objetivo subjetivo

Artículo publicado el 17 de Julio de 2006
Artículo publicado el 17 de Julio de 2006

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Las imágenes de las torturas de Abu-Ghraib conmovieron al mundo: cuerpos desnudos de hombres atados con correas, un hombre fijado con alambre debajo de una tela negra. ¿Deben enseñarse tales imágenes?

De pie, como si fuera Jesús sin la cruz, las manos extendidas y las piernas cruzadas, con la mirada al cielo. Su cuerpo está impregnado de sangre y suciedad. Detrás de él, se pueden ver las puertas de las distintas celdas de la prisión. Sobre su entrepierna puede leerse en letras grandes: “La vergüenza norteamericana – Tortura en nombre de la Libertad”.

La portada de la edición del semanario Der Spiegel de fecha 20 de febrero de 2006 fue, de seguro, la más provocante de los últimos 10 años, sostiene Stefan Kiefer, miembro de la redacción encargada de la portada de la revista en Hamburgo. El simple hecho de sacar el tema de Abu-Ghraib en portada fue muy discutido dentro de la redacción. ¡Y encima una foto que muestra la tortura! “La portada es provocativa y muestra la humillación que sufre este hombre”, señala Kiefer. “No es, sin embargo, desconsiderada con el mismo”.

Para el público, la portada fue demasiado violenta: varios suscriptores solicitaron la rescisión de su suscripción; otros muchos lectores escribieron cartas al semanario donde expresaban su disgusto; varios lectores expresaron su cabreo por el hecho de que sus hijos se habían visto negativamente afectados por la imagen. “La verdad es que ese número no obtuvo las mejores ventas del año, pero al fin y al cabo somos una revista que trata temas de actualidad internacional”, apunta Kiefer. En ese sentido, la obligación como periodista de informar obliga a mostrar cosas “que son tan inhumanas que no deberían ocurrir”. A día de hoy, Kiefer no hubiese tomado una decisión distinta sobre la publicación de la foto de la portada.

El proceso de producción de una foto

Hay fotos que no sólo afectan un poco, sino que conmueven. Imágenes como aquella de la mujer india con los brazos casi torcidos que está echada sobre la arena y llora. En la foto se puede ver el brazo de un familiar que ha muerto ha causa del tsunami. La foto fue premiada con el World Press Photo 2004.

“Como fotógrafo, uno tiene la responsabilidad de representar acontecimientos importantes”, dice Bastian Ehl. “Dentro de esta categoría, se incluyen también documentos incómodos, como imágenes de zonas en estado de guerra o de crisis”. Desde hace seis años, Bastian, de 28 años de edad, trabaja como fotógrafo de prensa al mismo tiempo que completa su carrera de periodismo. Cuando acabe la carrera, este reservista quiere ir a Afganistán como fotógrafo de guerra.

Tras el Abitar (selectividad alemana), Bastian Ehl fue uno de los 3.000 soldados del ejército alemán enviados a Bosnia-Herzegovina en misión de paz. “Allí pude ver mucho de lo que los medios de información en Alemania no cubren”, dice Ehl. Hoy en día, se sigue distinguiendo entre realidad e información: fotógrafos y redacciones periodísticas se quedan con una parte de la verdad al seleccionar aquellas imágenes que no se van a mostrar al público, debido a criterios éticos y de exigibilidad.

A esto hay que añadirle que el mercado cada vez está más concentrado en unas pocas grandes empresas de la información. La variedad publicitaria, por ejemplo, ha sufrido mucho con la compra de la cadena de noticias NTV por parte del Grupo RTL. “El grupo manda sólo a un equipo a los distintos acontecimientos”, dice Ehl. “De esta manera, hay un redactor menos que puede tener preguntas críticas”.

Los fotógrafos podrían trabajar con mayor libertad. “El sector se divide en nichos de mercado, de manera que existen agencias especializadas en reportajes de guerra”, comenta Ehl. Los que trabajan en alguna agencia de este tipo son normalmente fotógrafos y conocen bien el trabajo de campo. “Si es una agencia de estas la que hace la selección de las imágenes, a mi no me parece del todo mal”.

Entre la obligación de informar y la dignidad humana

Antes de que una foto llegue al público, debe pasar por tres filtros, cada uno con distintas percepciones éticas: el fotógrafo, su agencia y, por último, la redacción que publica la imagen. “Las imágenes más polémicas sí se toman, pero a menudo no aparecen en los medios de comunicación habituales, sino más bien en series fotográficas especializadas”, dice Ehl. Al fin y al cabo, los diarios también suelen ser leídos por niños.

¿Cómo decide un fotógrafo aquello que debe fotografiar y aquello que no? “La decisión se toma incluso antes de sacar la cámara”, comenta Ehl. Se toman en cuenta consideraciones éticas, pero también se calcula si la imagen podrá ser vendida con facilidad. A partir de entonces, el fotógrafo se centra sobre el objeto. Las preguntas de conciencia se hacen cuando la foto está ya en la pantalla del ordenador: ¿Estoy infringiendo los derechos personales de alguna persona? “Tengo que respetar el honor de la persona retratada y respetar la frontera del dolor del público”. En conclusión: no hay que buscar imponer a los receptores todo lo que se pueda.

Al contrario que lo que se hizo con las fotos de Abu-Ghraib. Una de las primeras fotos en salir del lugar de retención utilizado por EE UU fue la imagen del prisionero encapuchado. En casi todos los noticiarios y periódicos, desde los más conservadores hasta la prensa sensacionalista, se publicó la imagen de un hombre rígido y de pie encima de un bidón de plástico. Sus manos están atadas a cables eléctricos que salen de la imagen, otro cable se pierde debajo de su ropaje en la zona genital. Los derechos personales del retratado quedaron relegados por la actualidad de la foto. “Es importante que dichas imágenes se publiquen”, dice Bastian Ehl. “En el caso de Abu-Ghraib, la noticia es más importante que el individuo”.