El oro negro del Caspio rediseña la geopolítica

Artículo publicado el 17 de Noviembre de 2005
Artículo publicado el 17 de Noviembre de 2005

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Nuevos métodos de extracción del crudo podrían dominar en menos de cinco años la región caucásica del mar Caspio y el mar Negro. Su subsuelo contiene un enorme embalse de petróleo y gas, lo que le sitúa como principal actor geopolítico.

El tótem de la religión del petróleo podría erigirse en la región del mar Caspio, para después ramificar sus largos tentáculos tubulares hasta el mar Mediterráneo. Sólo en el subsuelo de Uzbekistán, Turkmenistán, Kazajstán, Kirguizistán y Tayikistán recorre el 30% de las reservas petrolíferas y gasísticas mundiales. Un inmenso tesoro cuyo único defecto radica en su lejanía respecto a los mercados. A las puertas de una nueva crisis petrolífera en curso, el tesoro del Caspio pesa ahora con más fuerza en las estrategias mundiales, tambaleando el mapa geopolítico de los últimos treinta años.

De lo que se está seguro es que quien gestione la extracción y transporte de los hidrocarburos del Asia post-soviética dispondrá de un poder enorme a menos que cualquier sabio y avispado emperador moderno decida emprender el camino hacia la energía alternativa.

¿Quien se hace con los nuevos caminos?

La batalla iniciada tras el 11 de septiembre arroja hoy en día una amplia ventaja de los Estados Unidos; ventaja que ha alcanzado su cima tras el huracán Katrina al originar una rápida y sólida relación entre los Estados Unidos y Oriente Medio. En el tablero mundial que muestra las jugadas que realizar ante la apropiación del crudo, los Estados Unidos han entrado de pleno derecho en la ruta del oro negro del Caspio a través de un proyecto más entre tantos, pero muy significativo y delicado para Europa, sobretodo a nivel estratégico.

Se llama Ambo, acrónimo de Albanian, Macedonian and Bulgarian Oil y se trata de un oleoducto de 890 kilómetros. Partiendo de Bourgas, atravesaría Bulgaria, Macedonia -región en la que la OTAN está presente con cerca de 450 unidades- hasta llegar a Vlore en Albania, para posteriormente embarcarse en buques petrolíferos made in USA que desde Rótterdam lo transportarán hasta el puerto de Nueva York y Nueva Jersey. Se trata por tanto de un proyecto ambicioso cuya única dificultad estriba hasta la fecha hace referencia a la delicada situación que viven las regiones balcánicas y caucásicas. No obstante, tras las últimas catástrofes naturales y la caída del precio del dólar, se han puesto todos a apretar fuerte el acelerador.

Ambo es un consorcio con sede social en los Estados Unidos y está indirectamente asociado al poder político militar estadounidense a través de la compañía Halliburton, cuyo principal directivo fue durante varios años el actual vicepresidente estadounidense Dick Cheney. Es contratista junto con Brown & Root del aprovisionamiento y construcción de la base de Camp Bondsteel y se ha convertido hoy en día en contratista de todo el tinglado iraquí. Los intereses que giran en torno al mega-oleoducto han llamado a las puertas de los principales gigantes del petróleo: BP-Amoco-Arco, Chevron y Texaco. Ambo, entretanto, ha recibido ya 900 millones de dólares para inversiones por parte de una agencia de desarrollo americana, Overseas Private Investment Corporation (Opic) y de Eximbank and Credit Suisse First Boston. Cuando la tubería esté terminada, se prevé que transporte 750.000 barriles de crudo al día.

Desafío 2005: de los carromatos a los petroleros

Con este nuevo desafío mundial, la importancia geoestratégica de Bulgaria y Rumania -invitados a formar parte de la Unión Europea a partir de 2007-, así como de Albania y Macedonia es muy significativa. Rumania y Bulgaria ocupan un puesto estratégico en el mar Negro y representan una potencia significativa en el tránsito de las exportaciones de petróleo del Caspio hacia Europa, ahora más que nunca. Es el momento en el que la administración Bush ha sabido reducir la dependencia hacia los países que forman parte de la Opep y aspirar, aparte de al petróleo de Rusia, sobre todo a los recursos del mar Caspio y el mar Negro. Es por tanto en este subsuelo en el que yace el próximo futuro energético de los Estados Unidos.

El dique del Caspio representa así una de las mayores fuentes de crudo del mundo, tras Arabia Saudí, Siberia o Irán. En segundo lugar, según Unocal Corporation, una de las principales compañías del mundo dedicadas a los recursos energéticos y al desarrollo de proyectos de este tipo, “las reservas petrolíferas de la región del Caspio podrían sumar otros sesenta billones de barriles de crudo. Algunas estimaciones alcanzan los doscientos billones de barriles. En 1995, la región producía 870.000 barriles al día, para 2010 las compañías occidentales podrían aumentar su producción hasta cerca de 4, 5 millones de barriles al día: un incremento de casi el 500% en solo quince años”.

Una cantidad quizás aún poco significativa si la comparamos con la producción alcanzada por la superpotencia Saudí, que posee reservas próximas a doscientos sesenta billones de barriles: el doble de su principal competidor Irán que sólo posee 133 billones (Peter Maas, “The Beginning of the End of Oil”, New York Times Sunday Magazine, agosto 2005).

Por último, si por un lado Chevron -segunda compañía petrolífera americana- advierte que “la era del petróleo fácil se ha acabado”, las compañías petrolíferas americanas juegan en secreto a firmar acuerdos informales con universidades balcánicas para la investigación y desarrollo de nuevas técnicas de extracción y transporte del crudo en estos territorios.