El pacto de los tortellini de los "cinco encamisados del socialismo europeo"

Artículo publicado el 6 de Octubre de 2014
Artículo publicado el 6 de Octubre de 2014

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¿Queda todavía espacio para el socialismo y las políticas de izquierda en la Europa de la austeridad y de los recortes? En Bolonia, cinco líderes en camisa blanca firmaron el pasado 7 de septiembre el "pacto de los tortellini", acto que constituyó el nuevo marketing del centro izquierda europeo.

"Internacional en camisa blanca", "Eurorenzismo", pacto "Eu-Dem". Son muchos los nombres que ha recibido, pero el encuentro en Bolonia de los "encamisados del nuevo socialismo europeo" ha marcado un nuevo e inédito paso de la izquierda del Viejo Continente, muchos años después del eurocomunismo de Berlinguer, Carrillo y Marchais o del acuerdo González-Craxi-Mitterrand.

En la Europa de las políticas de austeridad y de las maniobras de "lágrimas y sangre", o de las famosas reformas estructurales de flexibilidad del mercado del trabajo, ¿cómo es posible llevar a cabo políticas socialistas o seguir aún siendo de izquierdas? Más que una pregunta es una obsesión para un socialismo europeo en búsqueda de identidad y de respuestas.

Pero este interrogante parece no tener todavía soluciones concretas, o citando a Manuel Valls en el debate con su colega Martine Aubry sobre las políticas de austeridad: "¿Cuál es la alternativa?". Ante la duda, la respuesta del socialismo europeo ‒cada vez más lejos de sus bases, de su tradición popular y de su pasado‒ parece ser un nuevo marketing de la izquierda europea. Y la kermés de Bolonia no fue otra cosa sino su acto constitutivo.

Una foto de familia destinada a entrar en los anales o a caer en el olvido, con el italiano "Matteo", el francés "Manuel", el español "Pedro", el holandés "Diederik" y el alemán "Achim". Todos juntos en una tarima llamándose por el nombre de pila, todos unidos en la convicción de que hay que invertir la rueda y unir fuerzas para seguir un recorrido común. Todos contentos de formar parte de una nueva izquierda caracterizada por su "europtimismo".

"Federica", la nueva Lady PESC (ministra europea de Política Exterior y de Seguridad Común) en versión presentadora de televisión, anunció a los invitados y dejó escapar una broma: "Estoy aquí para hacer de azafata…". Los apuestos cuarentones en camisa blanca (alguno, como Sánchez, realmente muy apuesto) se aventuraron con frases hechas, ocurrencias ingeniosas e incluso eslóganes inesperados, como el "venceremos" del alemán Post, que trae a la memoria a Guevara, o el "compañeros y compañeras" de Sánchez. Dos líderes (Valls y Sánchez) hablaban en italiano y uno (Samson) reclamaba su vieja Europa. Todos miraban a Matteo con admiración. El anfitrión ha indicado el camino, es el maestro que ha llevado a su partido al 40%, un porcentaje al que no había llegado nunca. "Qué suerte tenéis aquí en Italia de tener un primer ministro como Matteo", concluyó el líder del PSOE, dirigiéndose a la platea.

"El futuro es un lugar precioso, vayamos juntos hacia él"

Y los líderes socialistas firmaron un pacto, bautizado "de los tortellini" (a la boloñesa), en el restaurante Bertoldo. Como queriendo ratificar que hay que ser serio, pero no demasiado, para no correr el riesgo de parecerse a otros, aquellos viejos que no saben comunicarse y pierden las elecciones o que se van a pique como Hollande en Francia, Zapatero en España y la vieja guardia de la izquierda en Italia. Y parece que este es el secreto ‒antes incluso que las famosas alternativas y las soluciones‒ para cambiar el destino del centro izquierda europeo y de todo el Continente: el nuevo marketing de la izquierda. La lección de Renzi, a su vez aprendida de Blair, es una vez más el poder de la palabra, el conocimiento profundo de la comunicación, la eficacia de la construcción de una imagen vencedora, de una marca, utilizando una palabra prestada del marketing político y electoral.

Así, el primer ministro italiano representó los papeles de anfitrión, maestro y presentador, en una Festa dell'Unità que durante una hora se convirtió en una especie de "Leopolda internacional", como si se tratara de uno de los encuentros-debate de Renzi en la antigua estación de Florencia. Después, en los agradecimientos finales, pronunció una de sus frases, a medio camino entre la poesía y la esperanza: "El futuro es un lugar precioso, vayamos juntos hacia él". Sí, aunque todavía falta saber cómo.